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El rol de los abogados: La única justicia en el estallido social

Imagen de El Diario 24
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Múltiples denuncias de violencia desmedida, acoso sexual e incluso torturas por parte de la policía chilena han hecho que el trabajo de los abogados sea fundamental en el actual contexto de manifestaciones sociales que vive Chile. Es por esto que se han unido en organizaciones como Abofem, la Defensoría Jurídica, entre otros para abogar por los derechos de los denunciantes. 

Por Paula Cisternas, Josefina Ramírez y Josefina Zegers

Más de 2 meses han transcurrido ya desde que comenzó el denominado ‘estallido social’. La violencia que ha surgido por parte de las instituciones del Estado han prendido alarma en diversos organismos tanto internacionales como nacionales. Más de 350 casos de víctimas de lesiones oculares han perdido sus ojos. Dos casos de personas que han perdido total visión y 22 fallecidos a manos de las policías chilenas es el balance que ha alarmado a Human Rights Watch, Amnistía Internacional e incluso la ONU. 

Los abogados en Chile, al igual que en la dictadura, se han organizado para poder dar frente a los posibles incidentes que han surgido con el frenesí que se vive en el Chile actual. Las redes sociales han sido otro factor importante de denuncia, donde los mismos manifestantes han logrado masificar los casos de abuso de poder y violencia extrema, para que no queden en la impunidad. 

Ramón Corvalán con Alameda: Punto clave de las  detenciones de la Defensoría Jurídica de la UCH

El sábado 19 de octubre comenzó a existir la denominada Defensoría Jurídica de la Universidad de Chile. Un grupo de abogados, académicos y estudiantes de derecho de distintas universidades se convocaron para dar frente al escenario que comenzaba. Sebastián Infante, estudiante de cuarto año de Derecho UChile y voluntario de la Defensoría Jurídica, cuenta que cientos de las denuncias que les han llegado son de balines recibidos en esta esquina. El joven califica esta cuadra como la más peligrosa de Santiago en este contexto, que parece haber sido afectado por un terremoto. Lo que solía ser un icónico McDonalds, hoy está completamente blindado por latas. Frente a eso, la tienda de motos Yamaha fue brutalmente saqueada. Así es el escenario a una cuadra de la denominada Plaza de la Dignidad.

Existe un equipo de comisarías, donde observamos que las condiciones y el trato fueran los debidos y correspondientes. Asesoramos a los familiares de los detenidos, que están asustados y preocupados, o también gente que fue víctima de violencia desmedida y que quería denunciar”, cuenta Sebastián sobre la creación de la Defensoría. También se han encargado de llevar un catastro propio de la cantidad de detenidos en las comisarías. “Creamos un catastro de personas detenidas para tenerlo como referencia, para tener una cifra clara en un momento en que la información era muy confusa”, cuenta Sebastián, ya que la información llegaba de los voluntarios de más de 60 comisarías en Santiago. 

Desde un primer momento, han recibido apoyo de distintas organizaciones y fundaciones, como la Asociación de Abogadas Feministas (Abofem), el espacio Londres 38, la Fundación La Casa Común, entre otras. 

Rayen Rodríguez: Abogada de la periferia

Eran las 18:49 del 21 de octubre del 2019, Matias Saldivia se encontraba en la plaza de Buin protestando junto a su familia y amigos cuando se dio cuenta que un carro policial se acercaba al lugar. Entre euforia y rabia, su impulso lo motivó a él y a mucha de la gente que estaba en el lugar a increpar a los efectivos policiales para que se alejaran del lugar. Luego de los alegatos retrocedieron, pero bastó un par de minutos para que Saldivia se diera cuenta de lo que estaba por pasar. Carabineros y sus armas volvían a estar cerca del lugar, repartidos en tres puntos claves una bomba lacrimógena dio la partida para un inesperado escenario lleno de miedo y sangre. A quemarropa fueron lanzados los primeros perdigones, Saldivia vio como lo apuntaban a la cabeza y en cosa de segundos sintió un disparo en el entrecejo. 

“El impacto se sintió como un fierro caliente, sentí mucho miedo por que no conocía el arma con la cual me dispararon, y pensé que mi vida corría peligro, tengo una hija pequeña, y sentí pánico de que quedara sola. Abrí los ojos y sentí la frente muy caliente e hinchada, uno de los manifestantes, al ver mi estado me ayuda a llegar hasta el escenario, en ese lugar me siento en el suelo, acto seguido la frente se me revienta, cae un gran chorro de sangre, ejercí presión en el área, producto de lo cual el perdigón sale desde mi frente. Dos personas que ahí se encontraban me ayudan a llegar caminando hacia el Hospital San Luis de Buin”.

Luego de recibir curaciones menores, se dirigió a la 15° Comisaría de Buin para hacer la denuncia correspondiente. Recibió burlas, humillaciones e incluso amenazas de parte de carabineros por haber ido en horario de toque de queda a exigir que se escucharan sus declaraciones. Saldivia asegura que igualmente realizó los trámites en el INDH y declara que cree poder reconocer al carabinero que le disparó si lo volviera a ver. Carabineros prohibió el acceso a la lista de detenidos del lugar y les recomendaron buscar a través de Transparencia Activa. 

Este fue uno de los casos que llevó Rayen Rodriguez y el Piquete Jurídico de Buin a los tribunales para realizar una querella criminal contra la institución. “Hay muchas historias que nos han dejado tristes, ver la violencia sistemática en la comuna ha sido chocante, perturbador. Escuchar de los relatos de varias de las personas que habían sido detenidas, te cuentan que los amenazaron con matarlos y tirarlos al río” cuenta la joven abogada. Asegura que los desnudamientos irregulares son una práctica general. Recibieron heridos por disparos de perdigones a quemarropa “por el gusto de ejercer poder y violencia, que quiero creer que la gente que los realiza está bajo el efecto de alguna droga, porque creo que nadie en sus cinco sentidos haría algo así” señala Rayen.

La egresada de Derecho de la Universidad Católica gestó esta organización con el fin de ayudar a sus vecinos y combatir la impunidad que se normaliza en comunas periféricas, sobre todo a raíz de la violencia ejercida durante el estallido social. El Piquete Jurídico de Buin está conformado por estudiantes de derecho, egresados y abogados con años de experiencia, unidos en la misión de que dejen de atropellar los derechos humanos de sus amigos, conocidos y vecinos de la comuna. 

El modus operandi comenzó yendo a comisarías a buscar personas detenidas y así poder orientarlas legalmente, pero esta acción se hizo cada vez más difícil en la comuna ya que carabineros obstaculizó el acceso a la información pública, menos que se aclarara para que cliente particular iban al recinto policial. Es por eso que decidieron comenzar a hacer encuestas para saber quienes habían sido afectados por la represión policial y así ayudarlos con las querellas respectivas, además dejaron sus contactos de forma pública en las manifestaciones de la comuna para que de esta forma la gente se comunicara con ellos si veía una detención irregular o ilegal.

Joaquín Olivos: la defensa y primeros auxilios en las manifestaciones

El día 21 de octubre Joaquín Olivos, estudiante de Derecho en la Universidad de Chile, salió a la calle directamente a la Plaza de la Dignidad. Su intención era la misma que hace un año: asistir a heridos por parte de la represión policial. Sin embargo, ocurrió algo que jamás pensó, en la intersección de las calles Av. Providencia con Av. Salvador, aproximadamente a las 16:15 horas, un impacto de perdigón llegó a su pierna izquierda disparado por un militar del Ejército de Chile. Ahí fue asistido por un grupo diverso de jóvenes que hacían lo mismo que él. “Ellos me llevaron a la FECh, donde estaba instalada la Brigada de Salud FECh, y así comenzamos a salir todos los días juntos. Posteriormente, esto se transformó en Movimiento Salud en Resistencia (MSR)”.

Joaquín, también es parte de la Defensoría Jurídica de su casa de estudios. Desde los comienzos del estallido social salió a las comisarías, específicamente a la 3ª Comisaría ubicada en Santiago Centro, junto a sus compañeros para asistir a los detenidos en las manifestaciones. “Se formó una comisión comisarías para darle una estructura más sólida al trabajo, además de poder coordinar de forma más adecuada”, cuenta el estudiante.“Mi propósito es ser útil en la lucha por la dignidad. Mientras haya injusticia, habrá rebelión. Mientras exista una lucha por la dignidad, serán necesarios los defensores de DDHH y equipos de respuesta sanitaria”, asegura Joaquín. Actualmente, Joaquín además de formar parte de MSR, se encarga de observar todas las detenciones que puede en las cercanías de la Zona Cero, de esta forma actúa como testigo de cada una de ellas para posteriormente ayudar a las personas que son detenidas con exceso de fuerza o injustamente.

“Sin primera línea, estaríamos todos sin ojos”

Desde el viernes 18 de octubre han estado en la “zona cero” todos los días. Nicolás, Carlos, Jason, Francisco, Alexis y Joaquín se conocen desde chicos y son los integrantes de un grupo de amigos de Puente Alto, donde pese a que solo uno alcanza la mayoría de edad, se enfrentan a la fuerza policial, que no duda en atacarlos.

Por Tamara Kohler y Josué Laval

Son las cinco de la tarde y empieza a llegar gente a la renombrada Plaza Italia, ahora Plaza de la Dignidad. Como todos los días, Nicolás, Carlos, Jason, Francisco, Alexis y Joaquín se trasladan desde el sector suroriente de la capital a la denominada “zona cero” de Santiago, para conformar la primera línea, junto a cientos de otros manifestantes, en el punto más intenso de los enfrentamientos entre carabineros y encapuchados, que por diferentes razones han decidido organizarse y conformar la vanguardia del movimiento social que vive Chile actualmente.

Todos los días llegan a la misma hora. Desde las cuatro de la tarde dan vueltas por el sector de Baquedano, esperando que comience la acción. Los días de la semana vuelven a las nueve de la noche a sus hogares, mientras que los viernes y sábados se quedan hasta después de las diez. Al regreso, buscan micro hacia Puente Alto, pero si no pasa, caminan hasta La Florida. “Siempre nos ganamos en Vicuña Mackenna, pero también depende de los pacos, porque ellos nos van moviendo para donde quieren, pero damos la pelea igual”, explican.

Los oriundos de Puente Alto se conocen desde chicos, cuando vivían en la Villa O’Higgins de esa comuna. Están luchando con las cosas muy claras, y plantean sus acciones como algo que no les pertenece, sino que será para todos los chilenos, pero en mucho tiempo más. Tienen rencor por la falta de agradecimiento de quienes han tenido todo en la vida y eso también es parte de sus batallas. “De esas hueás no se dan cuenta los hueones que tienen plata. Ahora mismo deben estar pensando pa’ onde’ irse de vacaciones. Yo en cambio estoy pensando si es que voy a tener algo pa’ comer. ¿Qué vamos a comer pa’ navidad? Esos son nuestros problemas”, dice uno de ellos, mientras empieza a correr del incesante ataque de Carabineros con bombas lacrimógenas. 

Una muestra de cómo en plena entrevista en el Parque Forestal, Carabineros comenzó a dispersar a la gente:

 

“¿De qué sirve estudiar si no va a alcanzar?”

Nicolás tiene 16 años y estuvo en un colegio 2×1 este 2019. Dice que le gustaría estudiar en la universidad y que si pudiese elegir, se inclinaría por la carrera de Astronomía. Pese a eso, es el que más bloquea esa posibilidad, pues sabe que no cuenta ni contará con los recursos suficientes para hacerlo. Su familia es de La Legua y durante la dictadura hacían lo mismo que él: luchar contra los carabineros, pero durante 17 años. “Mi mamá está terrible loca. Cuando era chica andaba haciendo lo mismo que yo ahora”, cuenta el joven.

La casa donde vivía su familia era una “junta”, donde se reunían secretamente y se organizaban para ir a enfrentar a la fuerza policial. Esa situación no ha cambiado mucho en esa población y desde el 18 de octubre que no puede ir a verlos, pues se ha vuelto imposible entrar. Su tía le ha recomendado que no vaya hasta que todo se calme. Por ahora, él sigue su propia pelea.

Mientras conversa y rompe el pasto del Parque Forestal, Nicolás interrumpe a Carlos (17), quien dice que se tomará un año sabático para juntar plata, y que luego estudiará. 

– ¿De qué te sirve hacer eso si no te va a alcanzar? Uno cuando es de población a los veinte ya tiene un hijo. Se puede evitar, pero uno tiene otra mentalidad que la gente de plata. Donde yo vivo los locos de mi edad prefieren andar robando que andar estudiando. Para qué voy a estudiar tanto tiempo si despues voy a ganar nada en comparación a lo que gano robando. No conviene. En mi población los cabros chicos a los once años ya andan robando. Si no tenís plata no llegái a ningún lado. Yo prefiero trabajar antes que andar estudiando como los hueones.

Si le pegan a uno, nos pegan a todos”

Desde el inicio del estallido social, la gente les ha regalado de todo. Lo más importante son las antiparras que se las entregan en un lugar que tiene un cartel que dice “primera línea”. Agua, bicarbonato, leche de magnesio, mascarillas y también comida, para recuperar energías. En la primera línea el nivel de organización es lo más importante y cada día se ha vuelto más efectivo, tanto para los que van a luchar como para quienes van a entregar apoyo, materiales y soporte. “Eso es lo que más nos motiva porque la misma gente del pueblo ayuda a los capucha, que son tratados como delincuentes y no es así. Nos organizamos para que las personas que vienen, puedan protestar tranquilas”, cuenta Nicolás. “Si le pegan a uno, nos pegan a todos”, confirman sus amigos.

Francisco (13) y Joaquín (14) son primos, y son los más chicos del inseparable grupo de “capuchas”. Sus papás también marchan con ellos, pero a veces prefieren andar solos, pese a que les gusta tener la aprobación de sus familias. El mayor explica una de sus estrategias: “La mano es tirarles camotes a los pacos pa’ que queden hueones, sino es puro perder el tiempo. Los de la moto no andan con nada, solo con la luma y nosotros sabemos eso. A esos les damos con todo”. 

Jason tiene 18 años y se matriculó para estudiar Técnico en Mecánica Automotriz y Autotrónica en el Duoc. Explica que la situación país le da rabia, pero a la vez energía y ganas de luchar. “El bastardo culiao de Piñera no tiene idea de cómo es la realidad. Viene a tratarnos a todos de ladrones y traficantes. Yo prefiero ser ladrón, antes que ser como ese hueón, dice.

El joven se detiene un momento para hablar de los saqueos que han ocurrido a lo largo del país. “Hemos saqueado harto, pero alimentos, para la gente y nuestras casas. Hay locos que andan saqueando puras hueás. ¿De qué te sirve un teléfono?”, se cuestiona. “En Puente Alto nos dejaron saquear los mismos milicos. Pero tenía que ser pura comida, nos revisaban a la salida”, agrega Nicolás.

Estas situaciones, que indignan al grupo de amigos, son las que los fortalecen para permanecer en su lucha. “Uno no se puede dar el gusto de ir al mall como la gente que tiene plata. Ellos no ven la realidad de uno, los que somos de abajo. El otro día salió una señora que quería electrocutarnos a todos con una maquinita porque estábamos protestando”, cuenta Jason.

“Si los cuicos se pusieran un rato en nuestros zapatos, entenderán que tienen que ser agradecidos de todo lo que tienen. Más encima se las dan de choros, que les gusta andar robando y traficando, pero no saben nada. Yo daría todo lo que tengo para ser ellos: acostarse en la cama y dormir tranquilo, despertar y saber que voy a tener comida”, reflexiona Nicolás.

“Torrantes, váyanse pa’ la casa”

Una tarde, los seis amigos caminaban por el sector de los enfrentamientos. Había personas bien vestidas y “cuicas”, como ellos les dicen. Una de las señoras que esperaba un colectivo en el lugar les gritó: “Torrantes, váyanse pa’ la casa”. De forma constante, los jóvenes tienen que escuchar ese tipo de cosas en la calle, pero eso no les quita las ganas de seguir participando del movimiento. “Nosotros nos levantamos y lo primero que pensamos es en venir a Plaza Italia. Hay veces que nadie anda motivado, pero nosotros venimos igual, sobretodo los fines de semana. Cuando viene poca gente dan más ganas de luchar y cuando viene mucha gente uno se siente más seguro”, explican.

Encapuchados en el Parque Forestal.
Encapuchados en el Parque Forestal

Las jornadas de manifestaciones y enfrentamientos son desgastantes. “A veces nos tomamos un descanso porque con las lacrimógenas se nos irrita la piel. También nos duelen muchos los pies, se rompen las plantas de tanto correr”, aseguran. Pero ellos tienen un motivo principal: defender los derechos humanos. “Ellos no los respetan y nosotros estamos aburridos de eso. Estamos luchando por todos. Por esos cambios necesarios de todo lo que está mal. Eso sí, nosotros sabemos que no vamos a vivir los cambios por los que estamos luchando”, dice Nicolás.

“Ser primera línea es ganarse el respeto de los que luchan. Si no hay primera línea, no hay movimiento. Sin primera línea, estaríamos todos sin ojos”, reflexiona Jason, haciendo alusión también a las 359 víctimas de lesiones oculares por parte de agentes del Estado, según el último reporte del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), desde el inicio del estallido social.

Este último fin de semana de 2019, cinco de los seis jóvenes entrevistados viajarán a Valparaíso, a dejar comida que estuvieron recolectando para los damnificados por los recientes incendios forestales, y a colaborar con sacar los escombros de los diferentes cerros afectados. 

Diversas organizaciones dan cuenta que muchos de los jóvenes que participan activamente de la “primera línea” provienen o han tenido pasos por el Servicio Nacional de Menores (Sename). Los entrevistados de este reportaje niegan haber sido parte del sistema de protección, sin embargo, muchos no lo han reconocido abiertamente, por resguardo a su privacidad, y por temor a que pueda haber consecuencias.

LRAD: La nueva arma no letal que Carabineros podría usar en las manifestaciones

Desde el Ministerio del Interior buscan reforzar la acción de efectivos policiales para el próximo año, esto sería a través de un artefacto acústico que emite sonidos insoportables para el oído humano. Por otra parte, el Colegio de Fonoaudiología de Chile rechazó el proyecto, dado que generaría daños irreparables en el sistema auditivo.

Por Pedro Thies Paredes

Nuevas medidas antidisturbios anunciaron en La Moneda. Luego de que este lunes 9 de diciembre se cumplieran 52 días de intensas manifestaciones tras el estallido social, el subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla, ya había anunciado en una entrevista con El Mercurio que se está evaluando la incorporación de nuevas armas no letales para fortalecer la acción de Carabineros en las marchas.

La medida llegaría como respuesta a la controversia que ha generado el armamento actual de Carabineros, dado que este ha provocado pérdidas irreparables en algunas personas. El uso de escopetas antidisturbios es el caso más mediático, ya que se estima que ha sido el causante de más de 350 daños oculares según las últimas cifras del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH). A su vez, desde la institución uniformada también confirmaron la disminución del uso de bombas lacrimógenas por temas de presupuesto y stock.

Es por esto que para el próximo año se estudian nuevas alternativas, una de ellas es la incorporación del Dispositivo Acústico de Largo Alcance (LRAD por su sigla en inglés). La arma sonora desarrollada por la empresa estadounidense, Genasys, consiste en un altavoz circular que comúnmente tiene un diámetro de 83 centímetros y un peso de 29 kilos. Este tiene dos funciones: la emisión de mensajes hasta un radio de 5500 metros y la emisión de sonidos dolorosos para dispersar multitudes ubicadas hasta los 20 metros.

Tras ser consultados por este medio desde Carabineros dijeron no saber más detalles más allá de las declaraciones del subsecretario Ubilla, dejando en claro de que se trataría de un proyecto y no de algo que se haya confirmado que va a ocurrir. Sin embargo, el fabricante norteamericano confirmó al medio Fastcheckcl, que durante noviembre se habían hecho demostraciones a varias instituciones entre ellas Carabineros.

Por otra parte, el Colegio de Fonoaudiólogos de Chile (Colfono) rechazó la implementación de este artefacto. “El dispositivo acústico de largo alcance es peligroso para las personas ya que genera un daño irreversible en la audición. Las peores repercusiones serían en edades escolares por temas de desarrollo cerebral. Si existe una constante exposición al sonido del LRAD podrían aparecer episodios de vértigo en los afectados”, explica Javier Galaz, fonoaudiólogo de Colfono.

“El dispositivo acústico de largo alcance es peligroso para las personas ya que genera un daño irreversible en la audición. Las peores repercusiones serían en edades escolares por temas de desarrollo cerebral”

Por otra parte, el daño también podría repercutir en otras áreas dado que “hay estudios que dicen que la gente que va perdiendo la audición tiene probabilidades exponenciales de desarrollar depresión”, agregó Galaz.

Cabe destacar que el LRAD puede emitir sonidos de hasta los 160 decibeles a una distancia de un metro, cifra alarmante, puesto que el oído humano está capacitado para aguantar sonidos de hasta 90 db sin que sea perjudicial.

Cabe destacar que el artefacto ya fue utilizado por Carabineros en nuestro país bajo el contexto de disturbios del 11 de septiembre de 2008. Finalmente, desde el Ministerio del Interior también manifestaron interés en sumar otros elemento disuasivos como tintes para el carro lanzagua y gas pimienta.

EXPERIENCIA EN OTROS PAÍSES

El LRAD ha sido ocupado por varias policías y Fuerzas Armadas del mundo, aunque la mayoría de los registros se han producido en Estados Unidos. El primer uso público para disuadir manifestantes data del 2009, en esa oportunidad el ejército del país norteamericano lo empleó en una manifestación en contra del G20 al oeste de Pensilvania.

Disuasión manifestantes G20 en Estados Unidos, 2009

No obstante, el arma ya había sido ejecutada por los militares estadounidense en la Guerra de Irak y por la marina del mismo país a partir de 2003, para proteger sus barcos de cualquier agente extraño. El dispositivo también fue utilizado a inicios de década para combatir a barcos de piratas somalíes que aterraban a otras embarcaciones en el océano Índico y el Mar Rojo.

Entre sus últimos usos públicos se encuentran las manifestaciones de los indignados de Nueva York en 2011 y las protestas contra la violencia racial en Ferguson, Missouri en 2014.


Los fotógrafos heridos en la primera línea

Durante el estallido social van más de 2000 personas heridas, ya sea por armas de fuego, o por efecto de los gases y golpes propinados por carabineros y militares. Muchos de ellos son reporteros gráficos independientes. Aquí su relato.

Por Javiera Candia y Leonardo Romero

El 8 de noviembre Gustavo Gatíca, estudiante de psicología, se encontraba fotografiando las manifestaciones en Plaza Baquedano cuando recibió impactos de perdigones, situación que le cambió la vida. Al igual que Gatíca, son decenas quienes han salido a las calles a documentar el estallido social y han resultado heridos. 

Parecida a esta es la situación que le tocó vivir a Francisco Vicencio en la manifestación del domingo 20 de octubre, en Valparaíso. En ese entonces era el segundo día que se había declarado Estado de Emergencia en esa región y, por tanto, se encontraban los militares en la calle. “Estaba tomando fotografías en una esquina, y de tres metros de distancia, un carabinero de FF.AA. me disparó con su escopeta antidisturbios. Resultado de eso, terminé con una lesión en el cuello por el rebote de un balín y otro incrustado en el pecho”, señaló.

Fotografía de las heridas de Francisco Vicencio

Arriesgarse por una foto

Este jóven de 25 años es uno de los tantos fotógrafos que ha salido de forma independiente a lo largo de Chile a obtener registros del estallido social. En el caso de Vicencio, lleva siete años fotografiando manifestaciones, pero esta vez siente el deber de salir porque “la represión ya se ha vuelto costumbre desde el 18 de octubre”. Agrega sobre su motivación para salir a trabajar que su fin es “muy parecido al de todos los fotógrafos que están en la calle. Es registrar de forma tácita y cruda lo que está sucediendo en el país. Finalmente las imágenes que están dando vuelta al mundo son de fotógrafos independientes”.  

Tweet del guitarrista de Rage Against de Machine en el que comparte fotografía de Javier Vergara, fotógrafo independiente chileno.

Respecto del rol que han jugado los medios independientes señaló que “hay medios que están cubriendo de forma mucho más real de lo que está sucediendo en la calle”, más aún cuando “la credibilidad de los medios de comunicación ha disminuido, la gente siente que la tele miente”. 

Aunque la realidad que viven los fotógrafos, o reporteros gráficos independientes es precaria, ya que “la protección es muy nula, pero ahora es como kit tradicional. Máscara de gas y casco”, comenta Vicencio, a lo que agrega que “una vez vi un fotógrafo con chaleco antibala, pero eso es por recursos de agencias internacionales”

Luego de haber recibido perdigones por primera vez, volvió a cubrir una manifestación en el centro de Viña del Mar, el 22 de octubre, y cuenta que en esa oportunidad un carabinero utilizó su arma de servicio y que hirió, al menos, a un hombre en la pierna. Cuenta que esto está fuera de todo conducto regular, y que incluso se había hecho una pequeña investigación al respecto, pero que el jefe de zona no había dicho que estaba fuera del protocolo. Además agrega que “a mi me consta que ese carabinero sigue en servicio, sigue disparando en las calles”.

Carabinero disparando con su arma de servicio a manifestantes en Viña del Mar.

Por último, Vicencio cuenta que “a un fotógrafo colega le dispararon junto a cuatro personas que iban caminando a su casa diez minutos después del toque de queda”. Los carabineros habrían pasado al lado de ellos en un auto y les dispararon sin ninguna provocación. De este suceso hay dos heridos.

Heridos luego de que Fuerzas Especiales disparara a peatones

La importancia de los voluntarios

Vicencio explica que cuando él fue herido, recibe inmediatamente ayuda de una estudiante de enfermería y luego de estudiantes de la Universidad Católica de Valparaíso, que se encontraban en labores de primeros auxilios. Como ellos, Paulo Núñez es uno de esos que sale a socorrer a los manifestantes, es bombero y cumple funciones de rescate.

Núñez es bombero y experto en rescates, pero asegura que durante estas movilizaciones ha tenido miedo, por que “uno cuando es rescatista, uno va a una situación específica con ambiente controlado, pero aquí hay una variable externa, que no está en nuestro control, que es la represión de carabineros”. 

“Desde que fue la primera protesta, el 18 de octubre, y vi que la respuesta a la protesta era con una fuerte represión, voy cada viernes”, declara el bombero que ha salido a socorrer a la gente por las últimas cuatro semanas. Comenta que él fue solo a la primera manifestación y que partió con lo más básico “apoyando a la gente que sufría por los efectos de los gases lacrimógenos y ahí me di cuenta que mientras más se intensificaba la asistencia a las protestas, mayor era la respuesta de las fuerzas de orden”. Luego reflexiona que “se requería un equipo preparado y empecé a reunir a mis compañeros”.

Núñez agrega que le “llama mucho la atención cómo utilizan las armas no letales, yo he visto en terreno cómo se concentran del tórax hacia arriba”, a lo que agrega que ”no me parece coincidencia que hayan tantas lección en esa zona hacia arriba”, refiriéndose a la gran cantidad de traumas oculares y lesiones en la cabeza que han tenido los manifestantes.

Sobre el actuar de carabineros el cuenta que ha “visto un escalamiento continuo de la violencia”, sin embargo asegura que las personas lesionadas saben que ellos, y el resto de las organizaciones que han prestado primeros auxilios, están ahí y esperan a que los ayuden. Dentro de las lesiones que ha visto están “las lesiones que provoca la misma concentración, encuentras atrapamiento, aplastamiento. Porque, para poder disuadir a la protestas, carabineros los encierra”, y finaliza diciendo que “el último viernes, era tanta la masa de gente que encontramos algunas fracturas, algunas expuestas, algunos dislocamientos por caídas también.

Sobre lo legal

La abogada especializada en Derechos Humanos Judith Schönsteiner ha entregado señales de qué hacer en estos casos y qué resultados se pueden obtener denunciando estas conductas de carabineros. 

La abogada señala que “hay patrones de violaciones a los derechos humanos” en algunas comisarías y agregó que “El INDH encontró que hay comisarías que son más violentas que otras” y advirtió de cómo puede efectuarse un crimen de lesa humanidad. “Tu puedes tener un crimen aislado y puedes tener patrones de crímenes y después, según gravedad y como estaba organizado el aparato del Estado, crímenes de lesa humanidad”.

Revisa los heridos hasta la fecha acá

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Diez segundos para correr

Disparos, golpizas, miedo y represión. Con esas palabras se puede describir lo que ha ocurrido durante estos días en la ciudad de Los Andes, la que ha sido testigo de la brutalidad del actuar de las diferentes fuerzas policiales, y que representa lo que ocurre fuera de Santiago.

Por Christian Castro y Bastián Fernández

21 octubre. Santa Rosa, Los Andes. 28°C. 15:00 horas. 

Restos de barricadas, una pantalla de celular rota, y sangre en el piso, eso era lo único que quedaba de lo ocurrido la noche anterior. Sin mirar lo que había a su alrededor, una de las residentes del lugar se dirigía hacer sus compras. En la esquina con la calle Perú, se escuchaba a un hombre hablando por celular, “hay que comprar harto pan ahora, que después no va a haber nada”, fueron las palabras que dijo antes de entrar a un almacén.   

Una cuadra más abajo se veía a tres vecinas conversar bajo la sombra de un árbol. Hablaban en voz baja, a pesar de que no había nadie más alrededor. “¿Qué quieren ustedes?” “¿Qué están haciendo por acá?” Fueron las preguntas de una de las residentes del lugar, que identificaron de inmediato que las observaciones que estábamos haciendo no eran bienvenidas “¿Cómo sabemos nosotras que ustedes no son de la Policía de Investigaciones (PDI)?”, fue la última pregunta que nos hizo antes de que pudiésemos explicar las razones de nuestra presencia en el lugar.    

Los residentes estaban alterados, porque la noche anterior fueron testigos de la brutalidad de los agentes del estado. Tras iniciarse el toque de queda, funcionarios de la PDI, les dieron diez segundos a los jóvenes para escapar, pero antes que la cuenta terminara ya estaban disparando a quema ropa balines de goma. Testigos de los sucesos, que por seguridad quisieron ocultar sus nombres verdaderos, señalaron que nunca hubo provocación a los miembros de la PDI, que su reacción fue absolutamente injustificada.

Víctor Tapia, recuerda todo el hecho perfectamente, ya que lo vio desde su habitación. “Los cabros no estaban haciendo nada y los trataron como perros”, sentenció el joven que facilitó la foto de los cartuchos de los balines de goma.

Como se aprecia en el video, dos de los involucrados no pudieron escapar, y terminaron siendo golpeados en el piso por miembros de la PDI. De no ser por este registro audiovisual, que se viralizó por internet, probablemente nunca se pudo haber sabido del actuar de estos funcionarios, los que según el abogado Fabián Parraguez están fuera de la ley. “Se puede ver claramente que el artículo 19 fue vulnerado, el que consiste en que todos los miembros de la sociedad deben ser tratados siempre en función del respeto a su integridad física y psicológica, además que el maltrato realizador es ilegítimo”.  

Ema Salinas directora del Centro de Estudios de la Justicia de la Universidad de Chile, y abogada de la Defensoría Jurídica del mismo centro de estudios, comenta que, si bien todo ocurrió dentro del estado de excepción, y dentro de estas condiciones los jóvenes estaban infringiendo la ley al manifestarse en la vía pública, y al no respetar el toque de queda, por lo que debían ser detenidos. Sin embargo, esto no es justificación para el actuar de los miembros de la PDI, quienes no tenían que disparar.  

Rosa González, una vecina del sector comenta que solo espera que todo esto termine luego, porque ya no aguanta más la angustia y la violencia.

Infierno en la celda

Lunes 4 de noviembre, 18:00 hrs. Los Andes.

– ¡Vienen los pacos!

Esa frase fue la que escuchó Rodrigo Fuentes (22), cuando vio cómo 20 carabineros en motocicleta cerraron la intersección de Rancagua con Manuel Rodríguez. Quedó paralizado unos segundos, y luego corrió lo más rápido que pudo para salir por la calle Independencia, pero antes que pudiera escapar, fue atropellado por un policía en moto. El impacto fue directo a su rodilla derecha, se paró para intentar huir, pero fue detenido al poco andar. “A penas me agarraron, tres carabineros me golpearon. Me pegaron patadas y combos. Luego, cuando me redujeron tomaron mi pierna izquierda y doblaron mi pie”, comenta Fuentes.  

Una vez en la 3° Comisaría de Los Andes, lo tomaron del polerón, y le pegaron un rodillazo en la espalda, perdió el equilibrio, y chocó con otra persona que estaba detenida. “Eso fue a pito de nada. Al ver lo que pasaba los Carabineros que estaban ahí, se rieron y decían ‘ahora no dices nada conchadetumadre’. Después cuando me pidieron el carnet, me insultaron, y nuevamente fui agredido. Todo eso ocurrió mientras aún estaba esposado. Hasta ese momento no me habían dicho el motivo de mi detención, y menos comentado cuáles eran mis derechos, a pesar de que más de 20 veces pedí llamar a mi familia”.

Una hora después de su detención llegó un abogado de derechos humanos, el que tomó su causa. Fue en ese momento cuando se enteró que se le acusó de haber formado una barricada en la calle Alameda, hecho que desmiente rotundamente. “Solamente le saqué fotografías, para compartirla en mis redes sociales, pero no participé en su creación”, señala el joven. Además, agregó que no era la única persona en esta situación, “había alguien de casi mí misma edad, al que también lo golpearon los carabineros, y a él igual le hicieron una acusación falsa, decían que andaba tirando bombas molotov”.     

A las 21:31 pm, fue trasladado al Hospital San Juan de Dios de Los Andes, para constatar lesiones. “Cuando llegué al hospital me dolía todo. Mi pie izquierdo estaba inflamado, al igual que toda mi pierna derecha, la que estaba llena de heridas. Me sentía mareado, aturdido. Recuerdo que mientras me hacían radiografías, le pedí a la persona que me atendió si me prestaba su celular para llamar a mi familia, ahí recién pude contactarlos”.

Cabe recalcar que lo llevaron a constatar lesiones solamente porque su compañero de calabozo, Sebastián Rozas (27), quien es diabético, se descompensó, tras no ser escuchado por Carabineros, cuando decía que debía tomar su insulina. Esta situación se refleja en un diálogo, que aún escucha Fuentes en su cabeza: 

-” Pásenme mis cosas, por favor, soy diabético y ahí tengo mi insulina.” Fue la petición de Rozas

-” Ahora eris’ diabético po’ conchadetumadre”, le contestó uno de los carabineros encargados del calabozo.

Pasada media hora de este acontecimiento, Rozas se sintió cada vez más mal. Su rostro se tornó pálido y señaló que le costaba respirar. Tras verlo en esas circunstancias, miembros de carabineros decidieron llevarlo al hospital, junto con Fuentes, para que constataran lesiones.

El informe médico indicó que Fuentes resultó con contusiones en sus piernas, cráneo y rostro, también de que estas se produjeron en una riña callejera y por el atropello de una moto, de cual no se especificó en ningún momento que fue una de carabineros.

Primera constatación de lesiones

Una vez terminado el procedimiento, se mantuvo en el hospital debido a que, Rozas aún no había sido estabilizado. Horas más tardes, retornó a la comisaría, en el lugar se encontró con su papá, quien le entregó un pan con queso, jamón, y tomate, además de un jugo, los que consumió en el calabozo.

“Cuando vi a mi hijo, pensé en decirle al carabinero que me dejara verlo. Pero, preferí no hacerlo para no perjudicarlo. Tenía miedo de que le pasara algo. Sentía rabia y me culpaba por no haber estado antes con él para poder protegerlo”, señala César Fuentes (60)

“Recuerdo que durante la madrugada les repartieron frazadas a todos, a todos menos a mí. Después de insistir por mucho rato me entregaron una. Luego de eso estuvo todo tranquilo, hasta que nos obligaron a firmar un papel en el que se señalaba que mis derechos fueron respetados”, asegura Rodrigo Fuentes.

A las 10:00 am, personal de carabineros llamó uno a uno a los detenidos, para pedirles la huella. Más tarde les tomaron una fotografía para terminar el registro de todos los que esa noche durmieron en la comisaría.

Pudo salir recién del calabozo cerca de las 11:00 am, cuando fue trasladado a la fiscalía de Los Andes, en la que al medio día enfrentó una audiencia por desórdenes públicos. Durante ese procedimiento, le explicó a la defensora que él realmente no había hecho nada, pero sus palabras no fueron tomadas en cuenta.

Tras pasar por el estrado quedó en libertad, ahí fue cuando decidió ir nuevamente al Hospital San Juan de Dios para realizarse otra constatación de lesiones, y para también solicitar la que se le realizó el día anterior. En un principio le comentaron que el archivo estaba bloqueado, por lo que no podían entregarle una copia, tras insistir por un par de horas liberaron el documento y pudo llevarse el informe. “Cuando la leí me enteré de que la causa de mis lesiones era una riña. Me dio mucha rabia y frustración toda la situación”, comentó con Fuentes.

Una vez con las constataciones de lesiones en su poder, se dirigió por fin a su casa, casi 24 horas después de ser detenido por Carabineros. “Mi familia me estaba esperando para contenerme. Ellos saben que ya no estaba haciendo nada, solamente andaba protestando. Ahora, que han pasado unos días me siento mejor físicamente, pero psicológicamente estoy mal, tengo angustia y miedo de salir a marchar”.

Resistencia en Lo Hermida: “Lamentablemente, esto no es Vitacura”

Durante la madrugada del lunes 11 de noviembre, los vecinos de la población de Peñalolén se juntaron a protestar por el incumplimiento de una promesa realizada por el Minvu y la Municipalidad. A las seis y media de la mañana, la represión policial ya había comenzado. Todo lo que ocurrió después no tiene precedentes.

Por Tamara Kohler y Josué Laval

En junio de este año, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) se comprometió con las 1.500 familias pertenecientes a los comités de vivienda de Lo Hermida a adquirir un terreno para construir sus nuevos hogares y terminar con la situación que viven hace años: ser allegados y vivir en condiciones de hacinamiento. El 5 de septiembre les comunicaron que eso no iba a ocurrir por falta de presupuesto y porque la empresa Cousiño Macul dijo que no pondría en venta el terreno. El pasado lunes, los vecinos de ese sector decidieron tomarse el terreno de la viña para ejercer presión. Desde entonces, la violencia policial que se ha vivido no ha tenido límites.

Romina (21) es una vecina del sector y es parte del comité “Abriendo caminos”, compuesto por un total de 80 familias. Esta es una de las 16 agrupaciones que está esperando tener acceso a vivienda propia.Esa mañana nos encontrábamos protestando pacificamente, yo fui y hablé con Carabineros cuando llegaron, les dije que se fueran, que estábamos tranquilos. Ellos no hicieron caso a nuestras palabras y cada vez se pusieron más violentos”, explica.

Romina y otros vecinos presentes en el lugar dicen estar decepcionados por la ausencia total de la Municipalidad de Peñalolén. “La alcaldesa anda en todos los canales hablando, pero acá no ha venido ni una sola persona a preguntar cómo estamos. Eso demuestra que no hay interés ni en nosotros, ni en nuestra situación”.

Protección a la infancia inexistente

A las 22:14 horas del miércoles 23 de octubre, y en pleno toque de queda, nació Lilith Rodriguez. Veinte días después, Carabineros entró de forma violenta y sin motivos al block donde ella vive con sus padres y sus dos hermanos mayores. Para protegerla de los gases lacrimógenos, su madre utilizó los insumos que le dieron en el hospital, como las leches y mantas de algodón para sellar y poner presión a la puerta donde protegerían a la recién nacida. Además, prendieron dos ventiladores que tenían en la casa y los pusieron en ambos lados de la cuna para generar mayor movimiento de aire alrededor de Lilith.

Lilith, de 20 meses, en los brazos de su madre.
Lilith, de 20 días, en los brazos de su madre.

“Lo que vivimos fue una batalla. Nosotros no estábamos haciendo nada y ellos entraron en nuestro block sin motivo. Mi hija, además, es prematura. Cuando vimos que los pacos venían entrando, mandamos a José a decirles que por favor no subieran”, expresa Luis Rodríguez, padre de Lilith.

José Campos (25) es hermano de Lilith. Durante la noche del lunes 11 de noviembre estuvo a punto de perder su ojo derecho. “A las cinco de la tarde yo le decía a los Carabineros que tuvieran criterio porque había menores de edad y recién nacidos. Me ignoraron y me apuntaron tres veces. En la noche se repitió la situación, pero me dispararon y me llegó un perdigón en el ojo. Menos mal estaba con lentes ópticos, sino estaría contando otra historia”, explica.

José Campos, 25 años.
José Campos, 25 años.

Respecto al ingreso de Carabineros al conjunto de viviendas, José manifiesta que “fue ilegal, porque no tenían orden. Eran motociclistas que se instalaron en el patio y querían tirar bombas lacrimógenas. Al encararlos, protegiendo a mis hermanas pequeñas, nos querían llevar presos”, cuenta.


El capitán Juan Pablo Palma, de la 43º subcomisaría de Peñalolén, se desliga de esos hechos: “A los mandos pertinentes les corresponde realizar una investigación administrativa para poder dilucidar cómo fue el procedimiento policial”, dice.

Violencia sin precedentes

Aylin (21) tiene dos meses de embarazo. Prefirió mantener su apellido en privado, pues no quiere que la identifiquen. A las 19:00 horas del lunes 11 de noviembre, una bomba lacrimógena ingresó por su ventana y cayó sobre su cama. Ella la agarró rápidamente y la lanzó hacia fuera. Unos minutos más tarde, Carabineros entró a su block y derribó la puerta de entrada de su casa. Ahí la agarraron y la sacaron de la casa, la golpearon en el ojo y recibió patadas en el suelo. Nadie en su hogar sabía que estaba en estado de gravidez. Ella se había enterado hace solo dos semanas. “Yo les dije, pero no les importó. Ahí mi mamá se enteró. Fue todo bien terrible, pero no quiero denunciar, no me siento protegida”, cuenta.

Aylin, 21 años.
Aylin, 21 años.

David Rosales (35) vive en la calle Santa María, que colinda con Los Presidentes. “Yo llegué a las seis de la tarde del trabajo y ya estaba todo colapsado. Carabineros estaba disparando desde Los Presidentes hacia dentro de nuestro pasaje, y con las horas se volvió peor: era realmente una lluvia de balas. Yo me acosté como a las tres de la mañana y los escopetazos seguían. Hoy (martes) decidí no ir a trabajar para quedarme con mi familia. Nos dedicamos a recoger los restos de bombas lacrimógenas, gases pimienta y cartuchos que habían en el suelo, aunque la mayoría se los llevó Carabineros para limpiar la escena. Lo más probable es que esta noche pase lo mismo pero ya estamos organizándonos mejor”.

El día martes, el enfrentamiento entre Carabineros y los pobladores que protegían los pasajes en primera línea comenzó a las seis de la tarde. Todo esto después de manifestaciones pacíficas que comenzaron a darse en el sector desde las cinco, y donde no solo habían vecinos de Peñalolén, sino que contaban con el apoyo de personas de Macul, La Reina y Ñuñoa, que caminaron desde la Rotonda Grecia para apoyar. La represión fue igual a la de la noche anterior, pero los efectivos policiales se instalaron en la calle Caracas, donde esta la subcomisaría, y se quedaron ahí hasta la madrugada, provocando y atacando a los manifestantes. “Ellos nos decían que nos acercáramos, con una actitud desafiante. Ahí son los más jóvenes los que enganchan, pero nosotros solo queríamos estar protegidos en nuestras casas”, cuenta Luis Rodríguez.

A pesar de que Lo Hermida tiene una organización social y política bastante recurrente en fechas como el 11-S y el día del joven combatiente, sus vecinos dicen que jamás habían vivido algo así. “Nunca habíamos recibido tanta violencia de parte de carabineros. Lo que vivimos esa noche no tiene precedentes”, cuenta David Rosales.

Las justificaciones de Carabineros que agravan la falta

Desde la 43º subcomisaría de Peñalolén, ubicada a un kilómetro de la intersección entre las calles Santa María y Los Presidentes, aclaran que concurrieron al lugar a las 06:30 de la mañana del lunes “porque unas 300 personas habían ingresado a la Villa Cousiño Macul por accesos no regulados, botando algunos perimetrales”.

El capitán Juan Pablo Palma defiende el actuar de Carabineros: “Nos empezaron a lanzar objetos contundentes: piedras, bombas molotov, nos dispararon. Entonces tuvimos que hacer uso de los medios logísticos necesarios para comenzar a disuadir esta manifestación que ya no era pacífica, sino que bastante agresiva contra el personal policial”.

Aunque luego se contradice: “Cuando 800 personas vienen con bombas molotov, lanzando elementos contundentes, y además con armamento, no nos queda otra que actuar de esa forma, aunque se vean perjudicadas personas que no están involucradas”, asevera.

– ¿Realmente eran 800 personas con bombas molotov?
– No todos, pero hay antisociales que nos lanzan bombas molotov y disparan. Son una minoría.

Frente a esto, José Campos expresa que la actitud de Carabineros siempre fue desafiante e incitadora con el objetivo de justificar la violencia ejercida. “Lamentablemente no somos Vitacura, lamentablemente somos la Población Lo Hermida. Ese es el problema que ocurre aquí. Nosotros no justificamos la violencia, pero ellos nos violentan a nosotros. Nos ignoran cuando les pedimos que por favor no lancen bombas lacrimógenas porque hay menores de edad. No conocen la palabra criterio, ni la humanidad”.

Actualmente, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) se encuentra en el terreno, tomando declaraciones de los vecinos y constatando lesiones de todo tipo. El informe se sumará a todas las causas denunciadas a nivel nacional existentes desde el inicio del estallido social en Chile.

Instituto Nacional de Derechos Humanos en Lo Hermida
INDH en Lo Hermida

* Cuando este reportaje terminó de ser escrito (miércoles 13 de noviembre) Carabineros seguía lanzado bombas lacrimógenas en el sector, aunque los disparos cesaron. Los vecinos decidieron poner banderas blancas en todos los blocks de Santa María con Los Presidentes para dejar en evidencia que no quieren más represión policial.

Inesperado vuelco: Carabinero que disparó a supuesto delincuente no actuó en legítima defensa

El uniformado, que por estos días se encontraba de vacaciones, disparó a la víctima que utilizaba una chaqueta del mismo color con la que se encontraba el sujeto que entró a la casa de sus padres. La legítima defensa fue totalmente descartada y el imputado deberá permanecer en prisión preventiva los 90 días que dure la investigación. 

Por Paula Cisternas y Josefina Zegers.

A las 4:30 de la madrugada del pasado jueves 26, el carabinero Cristopher Leonardo Vera Muñoz (26) disparó a un civil, tras el robo frustrado del vehículo de sus padres en el sector norponiente de Santiago, en la comuna de Cerro Navia. La defensoría legal del uniformado señaló que el homicidio se habría realizado en legítima defensa, lo que finalmente gracias al trabajo de la Fiscalía se desmintió esta mañana en el control de detención. 

Los testimonios y las imágenes captadas por una cámara del sector lograron demostrar que la versión que entregó el uniformado a la policía era incorrecta y que finalmente la  persona que había sido reconocida por el carabinero como culpable era errónea ya que no cumplía con la descripción básica entregada por los vecinos. Según los testigos, el asaltante que habría intentado robar el vehículo tenía una chaqueta roja ancha y una barba negra. Con estas indicaciones, Vera fue a buscarlo por cuenta propia. 

Según las imágenes mostradas por la defensa de la víctima, la persona que habría sido confundida por Vera, coincidía con la chaqueta roja. Sin embargo, esta tenía líneas azules y el hombre, no tenía barba. Tras la investigaciones preliminares del confuso caso, la víctima de 39 años, era un vecino del sector y en ese momento se encontraba bajo los efectos del alcohol caminando en dirección a la casa del uniformado. 

Precisamente en la calle Los Retamos ocurrió el altercado donde el carabinero se bajó de su vehículo y realizó dos disparos en el tórax del hombre, provocando su muerte en el lugar.

Formalización

Según palabras del fiscal a cargo del caso, Fernando Ruiz “no fue legítima defensa ya que no cumple con las características de ésta”. Y cómo explicó posteriormente al control de detención, esto no tenía sentido ya que Vera dio muerte al civil diez minutos después del robo. Además, el disparo se efectuó en la vía pública y finalmente, existía una clara desproporcionalidad en las armas que se utilizaron para el enfrentamiento. En este caso el carabinero portaba un arma de fuego debidamente inscrita y la víctima no tenía arma alguna.

Tras la exposición de las pruebas por parte de la Fiscalía, la defensa del imputado decidió enfocar sus alegatos a la intachable conducta de Vera como carabinero durante los dos años de servicio en la Tercera Comisaría de Antofagasta. Además, también destacaron su irreprochable conducta anterior como civil y finalmente solicitaron arresto domiciliario durante el tiempo de investigación, o bien en alguna comisaría exclusiva de Carabineros. 

Finalmente, el juez a cargo del caso dictaminó que efectivamente no existía legítima defensa en el caso de Vera y que por el contrario debía ser juzgado por el delito de homicidio simple. El carabinero deberá cumplir prisión preventiva de 90 días mientras dura la investigación y arriesga como mínimo 10 años de cárcel.

Según el abogado penalista Arturo Fuenzalida, la defensa del imputado podría utilizar como recurso principal, que la acción cometida por el funcionario de Carabineros fue realizada bajo un dolo eventual. “No fue con la intención de matar, pero él sabía el resultado que podría tener su acción, sin embargo igual la comete”, explicó el abogado.