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Efectos segregados del estallido social

 

Por Antonia Carrillo y Vicente Salas

Eran las doce de la noche aproximadamente y Roxana Arenas fue despertada por su hijo el 12 de noviembre de 2019, a casi un mes del comienzo del estallido social, que había visto en sus redes sociales que el Lider de San Pablo, supermercado al que solía ir cada 15 días aproximadamente a hacer las compras, estaba siendo saqueado por segunda vez y estaría cerrado por un tiempo indefinido.

El fin de la década está a menos de una semana de llegar y, el sentimiento que le queda a la mayoría de los chilenos, por culpa del último trimestre de este año, es una vorágine de sentimientos a flor de piel; rabia, pena, angustia, esperanza, entre otros. Lo que empezó como una evasión del Metro de Santiago secundaria no tan masiva, terminó en una manifestación de descontento social por un sin fin de temas que ningunos de los últimos gobiernos desde el retorno de la democracia arregló.

 “No fueron 30 pesos, fueron 30 años”, es la consigna que mejor resume este estallido social, que ha tenido un gran número de consecuencias para todos. Sin duda a los que golpeó más fuerte fueron los que viven en zonas urbanas de pocos recursos, como es el caso de un buen número de santiaguinos,como Roxana Arenas, que vive en la comuna de Lo Prado y los tres supermercados a los que habituaba ir fueron quemados o saqueados. Este caso será contrastado con el de María Isabel, que vive en Santa María de Manquehue, un barrio que no sufrió prácticamente ninguna consecuencia de este estallido.

Roxana tiene 48 años, un hijo de 10 y vive en la comuna de Lo Prado. Antes del 18 de octubre se levantaba todos los días a las  6 a.m. para ir a dejar a su hijo Matías a su colegio en Vitacura. Para esto, caminaba 10 minutos al metro Pudahuel y, luego de una hora y veinte minutos, llegaba a su destino. Después se dirigía a su trabajo en Las Condes en donde hace el aseo de una casa.

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Realizaba compras quincenales en locales cercanos a su casa en donde se iba caminando con un carrito para llevar lo comprado. Los supermercados eran el Lider de San Pablo, el Mayorista 10 y ,en ocasiones, iba al Líder Teniente Cruz que se había inaugurado hace pocos meses antes del estallido social.

Con el paso de los días posterior al 18 de octubre el barrio y comuna de Roxana parecía ser uno completamente distinto del que ella conocía. Grandes avenidas, como Teniente Cruz o San Pablo, se encontraban llenas de escombros y residuos de lo que había sido el enfrentamiento constante de la policía con manifestantes. Sin embargo lo que más lamenta Roxana de ese escenario es la destrucción que sufrieron sus tres principales puntos de abastecimientos antes mencionados, donde, uno fue quemado por completo (Lider de Teniente Cruz) y tanto el Mayorista 10 como el Lider de San Pablo fueron saqueados múltiples veces.

María Lourdes Uriarte, abogada encargada de subcontratación y nuevos proyectos de Walmart explica que la cadena tiene cinco formatos, Lider; Lider Express; Acuenta; Ekono, y central Mayorista. De estos cinco, los dos primeros son los más grandes; están a lo largo de todo el país. Después viene el supermercado Acuenta, que es el formato más económico que está en las zonas más periféricas y el central Mayorista, que es para hoteles, restaurantes y otras empresas.

“Lamentablemente el formato más perjudicado es el Mayorista, que de 12 quedaron uno o dos”, asevera la abogada. Sin embargo, eso no ha frenado las ventas, ya que los impulsó a cambiar su formato a uno a domicilio, ya que sus clientes son socios y tienen sus datos. 

El otro formato que fue muy perjudicado fue el supermercado Acuenta, que se ubica en las comunas de Huechuraba, Independencia, Peñalolén, Conchalí, Quinta Normal, Renca, La Florida, Cerro Navia, Lo Espejo, Maipú, La Granja, Puente Alto y San Bernardo. Debido a saqueos e incendios, muchas de estas comunas quedaron sin supermercado, “hay un problema de falta de local en ciertas poblaciones, comunas importantes quedaron sin locales, entonces es complicado”, afirma Uriarte.

“Ahora, por un tema de distancia, el lugar más cercano que tengo para ir a comprar es en la vega, pero me desvío demasiado para ir para allá, así que lo que hago es pasar a comprar a los supermercados que me quedan cerca del trabajo, como el Lider Express que queda en Manquehue”, afirma Arenas.

María Isabel Valdés (59) vive en el sector Santa María de Manquehue, en la comuna de Vitacura y tiene dos hijos, de 19 y 25 años, ella se mueve en auto todos los días hacia la Parroquia de la Santa Teresita, donde trabaja en el área administrativa. A veces hace las compras en el supermercado Unimarc que queda cerca de su casa, o en el Lider de Buenaventura, al que se demora cinco minutos aproximadamente en auto. Otras veces, no hace las compras ella, sino que las hace María, la nana, que va caminando.WhatsApp Image 2019-12-26 at 09.26.26.jpeg

Luego del estallido, el barrio de María Isabel no sufrió ni un solo daño, la única y principal consecuencia que afectó su día a día fue el leve desabastecimiento de los supermercados cercanos de su casa, ya que las calles que utilizan los camiones que proveen de alimentos estos locales si sufrieron daños, por lo que no podían cumplir con su horario normal. Esta irrupción causó una histeria colectiva, por lo que a las afueras de los supermercados se formaron grandes filas de personas que buscaban prever que sus despensas quedarán vacías. A dos meses de eso la situación se reguló y, hoy en día, los supermercados de esa zona funcionan con total normalidad. (Para ver en detalle vea el mapa)

Al otro lado de Santiago, donde vive Roxana, esta situación todavía no vuelve a la normalidad, porque, en palabras de María Lourdes Uriarte, “más de cien locales fueron afectados y el plan para reconstrucción es a largo plazo, se está evaluando todavía, ya que muchos fueron arreglados y dañados nuevamente, por lo que también se está evaluando no volver a abrirlos”, mientras el tema se soluciona, Roxana tendrá que seguir viajando una hora en micro hasta La Vega o en metro hasta el Lider de Manquehue para comprar la mercadería.

 

Una noche en el Campamento Dignidad

Durante 12 días se montó un campamento en la plaza de del Palacio de Tribunales, el llamddo Campamento Dignidad, el que lleva ese nombre porque la consigna del estallido social busca exacamente eso: la dignidad. Por el pasaron músicos, dirigentes sociales, carabineros, y más de algún infiltrado, pero ¿cómo fueron las noches ahí? ¿de qué manera se organizaban?

Por Christian Castro y Bastián Fernández

Sábado 14 de diciembre. 22:00.

En la plaza del Palacio de Tribunales no hay luz, se cortó cerca de las 21:15, por motivos desconocidos. Lo único que se escucha es a una banda de jazz que toca en el improvisado escenario que se montó en la entrada principal de los tribunales. Los campistas tienen cara de preocupación, porque en redes sociales corre el rumor que serán desalojados, y que por eso se les quitó la electricidad.

¡Atención, reunión en cinco minutos más! ¡Nos juntamos frente al foco!, gritó Manuel Vásquez – este no es su nombre real, prefirió dejarlo en secreto por seguridad- vocero y líder de Campamento Dignidad. A eso de las 23:10, la luz aún no llegaba, por lo que el primer tema que se conversó fue la estrategia en caso de desalojo. “En caso de que nos vengan a sacar hacemos peso muerto, no opongamos resistencia. Pero, si vienen los fachos a buscar pelea, con esos debemos agarrarnos, no nos pueden humillar”, comentó Vásquez.

Una vez comunicadas las instrucciones, se procedió a anunciar la distribución de turnos, los que se dividieron en cuatro tramos: 00: a 02:00, 02:00 – 04:00, 0:4:00 – 06:00 y 06:00 – 08:00. Los grupos debían ubicarse uno en cada esquina del campamento, y su arma de defensa era un palo de colihue – tipo de bambú-.  En caso de ocurrir alguna emergencia se debía hacer sonar el pito, un pitido corto significaba asalto, los entrecortados alerta de gente de ultraderecha, y uno largo que Carabineros llegó al lugar. 

Todos los campistas debían cumplir con la guardia nocturna, pero tenían la libertad para elegir en qué horario hacerlo. A eso de las 23:25 la luz volvió, y con ella la vida del campamento. Aparecieron las guitarras, y los centros de acopio se convirtieron en un espacio de conversación y debate sobre la agenda social del gobierno.

El nombre “Campamento Dignidad”, no es un cliché, ni mucho menos una casualidad. Se le denominó así ya que es la consigna tras el estallido social, porque en palabras de las personas que durmieron ahí el fin de su movilización fue conseguir dignidad.

Las personas que pasaron la noche en el lugar, en su mayoría son miembros del movimiento No + AFP, UKAMAU – significa “Así somos” en aymara- y del Colegio de Profesores, a ellos se les sumó personas en situación de calle. “Acá los hacemos sentir parte de la comunidad, les asignamos tareas, y nos colaboran. No sacamos nada con hablar de una nueva sociedad, o pacto social, si a ellos no los incluimos”, señaló Sebastián Reyes (28), miembro de UKAMAU.

Noche en la ciudad

Son las 00:00, y el primer grupo toma sus posiciones. Van con silbato en el cuello, un colihue, y mate para capear el frío. Algunos automovilistas que pasan tocan sus bocinas en señal de apoyo, y otros gritan ¡que siga la lucha! 

El ambiente es tranquilo, solamente se escucha el sonido de una guitarra, y las voces que la acompañan. Pero, de un momento a otro aparecieron carros de Carabineros, y el ruido de sus sirenas. Por unos segundos todos guardaron silencio, hasta que Lorena comentó, “dividámonos, y vayamos a ver qué está pasando por Bandera”.

A los 20 minutos regresó. El alboroto se debió a un asalto, el que no pasó a mayores por el rápido actuar de Carabineros. Luego de ese incidente, el primer turno se mantuvo en calma hasta su fin, siendo las mayores complicaciones el frío, y el cansancio que dejó a más de uno de los campistas dormitando de pie. 

El reloj marcó las 02:00, y se produjo el cambio de turno. Se entregaron los silbatos y colihues, pero también se agregó un nuevo elemento: un balón de voleibol. Con el pasaron el frío, al jugar a pasarse la pelota. La noche estaba tan relajada, que los del turno se sentaron en la calle a conversar sobre sus vidas, y así conocerse más. Sin embargo, alrededor de las 3:04 el ambiente se tornó tenso, debido a la llegada de Carabineros. 

Primero fue una patrulla la que apareció por el frontis del Palacio de Tribunales, luego se le sumaron dos carros policiales. Los campistas revisaron sus carpas, para luego cerrarlas, con el fin de asegurarse que no les hayan puesto nada ilícito en ellas. La situación se tornó más tensa con el correr de los minutos, ya que apareció una escuadra de carabineros a las afuera de la sede del Congreso. 

Las guardias se mantuvieron, y se dio la orden de mantener todo como si nada pasara, para evitar una provocación. La cara de los campistas era de nervios, y más de alguno comentó que sería el fin de la manifestación. 40 minutos más tarde, los policías se fueron. Y el susto había pasado. 

Una vez finalizado este turno, apareció la gente de los bloques 04:00 – 06:00 y 06:00 – 08:00, durante ese tiempo no ocurrió nada fuera lo común, se mantuvo un ambiente de tranquilidad. Al fin de ambas guardias se les ofreció desayuno a las personas, ya que algunas debían ir a trabajar durante la mañana. Cabe destacar que el campamento durante sus 12 días de vida contó con las condiciones sanitarias básicas.

Sin política no hay manifestación

Uno de los dirigentes que se vio constantemente rondar entre las carpas del campamento era Luis Mesina (63), vocero de la Coordinadora No+AFP. Hasta altas horas de la noche Mesina conversaba con integrantes de las distintas organizaciones presentes. Se escucharon muchas veces palabras de respeto a la hora de referirse a él por parte de los integrantes de la juventud Ukamau. “El compañero Mesina”, era la frase que se repetía constantemente cuando Luis pasaba cerca. Esto nos resultó sumamente intrigante, así que fuimos directamente a hablar con él para entender la razón del respeto que generaba entre nuestros compañeros de campamento. 

“Era momento de politizar las manifestaciones, porque las marchas ya nos estaban agotando a todos. De entre todas las ideas que se dieron dentro de la Mesa de Unidad Social, la que más nos gustó a todos fue la de acampar fuera del lugar que representa el poder legislativo y el judicial”, fue la razón que Mesina nos dio, explicando el inicio de este campamento. 

El símbolo político fue lo que representó esta manifestación y que unió a todas estas organizaciones, sin importar las diferencias que pudiesen haber tenido unas de otras. Doris González, vocera de Ukamau señaló que todo esto se gestionó lentamente. “No fue nada fácil, porque la información no la podíamos manejar por Whatsapp o telefónicamente, entonces tuvimos que reunirnos y conversar. Todo esto antecedido por la búsqueda de una nueva forma de manifestación, de visibilizar a Unidad Social y mostrar que las organizaciones no hemos dejado la calle y que nos interesa avanzar en aquello que el gobierno se ha negado, la agenda social”.

Finalmente, tras 12 días acampando, la iniciativa llegó a su fin. Oficialmente la razón es que lograron su objetivo: generar discusión en la ciudadanía, y mostrar un nuevo tipo de protesta pacífica. Sin embargo, fuentes del interior del Campamento Dignidad señalan que se debió también a diferencias entre los grupos.

“Nuestro castigo es la violencia que no ves”: ¿Cómo afecta una funa a los involucrados?

Tras la performance creada por el colectivo LasTesis, se produjo una ola masiva de funas a través de redes sociales, de mujeres que decidieron exponer sus experiencias con sus agresores. Sin embargo, el proceso de funar a alguien es un golpe no solo para el victimario, si no que también para la víctima y su entorno.

Por Nicolás Espinosa y Romina Poblete

Son las tres de la mañana. Todos en la casa duermen: su papá, su mamá y sus hermanos descansan tranquilamente. Solo Javiera está despierta frente a la pantalla de su celular intentando escribir nuevamente una de las peores experiencias que le ha tocado vivir. Hace semanas que decidió que era el momento, pero el miedo la ha detenido muchas veces. 

“La exposición, el que no te crean, mensajes de odio, todo ese tipo de cosas dan mucho miedo. El que te intenten desmentir o que incluso él pueda tomar acciones legales para desmentirte, a pesar de que sea verdad, él lo puede negar hasta el final”, cuenta Javiera Neubauer, de 21 años, estudiante de Psicología de la Universidad Santo Tomás.

El día 18 de noviembre, frente a la 2da Comisaría de Carabineros de Chile en Valparaíso, fue realizada por primera vez la perfomance de LasTesis “Un violador en tu camino”, generando un movimiento que se vería replicado el 25 de noviembre, día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, del que muchas mujeres tomarían el valor necesario para denunciar en redes sociales a sus abusadores, maltratadores, violadores, entre otros, dando paso a una ola de funas a través de las redes sociales, especialmente Instagram y Facebook. 

Felipe Díaz, abogado penalista de la Fiscalía Oriente, explica que denunciar el delito de funa como tal no existe, pero que si es posible ir y denunciar por injurias o calumnias, en el caso de que el “funado” decida tomar acciones legales en contra de la persona que realizó la publicación. Sin embargo, depende de si esta denuncia es sostenible para la fiscalía a la hora de realizar una investigación. “La prueba testimonial es muy débil”, asegura.

“Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”

Javiera se encontraba carreteando con sus amigos, vestida con su estilo de siempre, ropa oscura y ceñida. Nunca había tenido miedo de salir con sus amigos porque todos se cuidaban entre ellos, excepto ese día, que después de mucho tomar, un hombre del grupo se la llevó lejos del resto. “Nunca lo funé en un principio, más que nada por el cariño que le tuve en su momento, al ser amigo. Algo súper estúpido, porque él no pensaba en el cariño, al momento de hacer lo que hizo”, recuerda Javiera.

La psicóloga y feminista Romina Ardiles, comenta que lo que lleva a una persona a tomar la decisión de realizar una funa es mucho más profundo. “Son emociones desagradables en torno a la percepción de injusticia, frustración, rabia, tristeza, una profunda decepción del sistema jurídico, porque muchas de ellas han intentado denunciar o se han detenido antes de eso porque sienten que aquello que tienen que contar no va a ser bien recibido por el sistema jurídico. Pero también por el sistema social, un castigo social asociado a ser víctima de alguna agresión”, explica.

Como relata la psicóloga, muchas de las funas ocurren debido a la sensación de que legalmente no van a ser respaldadas. El abogado Felipe Díaz concuerda con que el sistema penal no suele resolver este tipo de casos debido a que “los conflictos son multifactoriales, la gente quiere que el sujeto se vaya preso, pero hay un problema no solo físico, sino que emocional, psicológico o hay un drama permanente mucho más profundo que el sistema penal nunca va a poder resolver”, finaliza.

“El violador eres tu”

Emilia de Gregorio tiene 18 años y su primo -que prefiere mantener su identidad reservada-, fue funado este año en redes sociales y dentro de su círculo de amigos. Dice que al defenderlo está “metiendo las manos al fuego por él”, porque le cree que no hizo o no fue consciente de sus actos, en los que su ex pareja lo acusa de haberse aprovechado sexualmente de ella.

“Antes de funarlo ella le dijo las cosas a la cara y él intentando entenderla, le dijo que no era su intención, que se sentía mal por lo que había pasado y se disculpó. Luego terminaron y de a poco ella le contó a todos sus amigos, a los que tenían en común y a los de él”, narra Emilia en nombre de su primo que en estos momentos se encuentra internado en un psiquiátrico.

El problema no fue solo el aislamiento social que recibió, ya que según cuenta Emilia, la situación ha afectado fuertemente a la familia y a los pocos amigos que le quedaron después de la funa. “A uno de los amigos lo relacionaron con él y en una marcha lo buscaron y le fueron a pegar entre cuatro sujetos. A mi primo le dijeron que le iban a hacer lo mismo”, cuenta de Gregorio. Estos hechos, sumado a la soledad en la que se vio envuelto, fueron los detonantes de una gran depresión que lo llevó a internarse en un psiquiátrico ubicado en la comuna de Ñuñoa. 

“El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer”

“La sensación de tener el apoyo femenino muchas veces impulsa a la búsqueda de esta sensación de justicia de sentir el apoyo de otras mujeres y la empatía respecto a la historia de dolor que se está contando”, explica Ardiles. La finalidad de las funas busca afectar al círculo cercano del abusador, debido a la poca probabilidad de que el caso llegue a la justicia. El movimiento feminista ha permitido que el apoyo entre mujeres se vea potenciado, lo que provocó finalmente la ola de funas vivida durante las últimas semanas. “Tiene relación con el proceso de identificación, con identificarse con otras mujeres que han vivido situaciones similares y sentir empatía por ellas”, reflexiona la psicóloga.

“Al pasar el tiempo me di cuenta que yo no era la única. Somos muchas más, quizás no en el mismo grado, pero igual de malo se podría decir. La verdad me empecé a sentir culpable por no haber hablado a tiempo con todos los que debí haber hablado, por lo que tomé la decisión de funarlo”, asegura Javiera Neubauer. “(Lo hice) más que nada por las demás, no por mi”, finaliza. 

Distintos grupos de asociaciones feministas han creado portales web para recolectar las diferentes funas que rondan por internet, con el fin de que quede un registro de agresores y las mujeres puedan tener cuidado con ellos. “Yo creo que una funa por un lado genera la oportunidad de que la persona que está indicada como agresor pueda revisar sus conductas. Hoy en día las funas no son solo por agresiones sexuales, hoy en día son por todo tipo de maltrato”, concluye Ardiles.

El derecho a respirar en paz: conviviendo con la zona cero

Después del 18 de octubre, Plaza Italia, rebautizada como Plaza de la Dignidad, y sus alrededores se han convertido en el punto emblemático de reunión de las manifestaciones. El barrio Lastarria, reconocido por ser un sector turístico, familiar y tranquilo, se ha enfrentado a un alto contingente policial que significó un excesivo uso de gases lacrimógeno. En este reportaje se entrevistó a personas que viven y trabajan en el sector. 


Por Consuelo Calderón y Alejandra Díaz. 

Gloria Thiers, de 63 años, bajó de su departamento en Estados Unidos con Namur, en el barrio Lastarria, días después del estallido social. A solo metros de Plaza Italia, el barrio se había convertido en una zona de guerra. Los encapuchados arrancaban de los gases por Namur, un pasaje con salida a la Alameda, y se escondían en Estados Unidos. Gloria fue al quiosco que está al lado de su departamento. Vió a un grupo de jóvenes corriendo, perseguidos por Carabineros. Sin pensarlo, abrió las puertas del edificio y les ordenó bajar al subterráneo. Una vez todos adentro, cerró con llave la reja de fierro. Fuerzas Especiales llegó hasta su puerta, gritando que abriera enseguida, mientras la apuntaban con sus armas antidisturbios y la insultaban. Gloria se negó rotundamente. “Vuelve con una orden judicial y te abro la puerta”, respondió, se dió media vuelta y subió a su departamento. Los uniformados patearon la reja pero no consiguieron abrirla. Gloria miraba desde su ventana. Una vez se cansaron de golpear y se fueron, Gloria bajó al subterráneo y dejó salir a los jóvenes. Desde entonces, los encapuchados la saludan afectuosamente cuando la ven. 

Según datos de La Tercera, hasta el día 24 de noviembre, Carabineros habría utilizado 98.223 lacrimógenas. También se informó que a comienzos del mes de diciembre se preparaba una nueva compra de gases. 

Desde el 18 de octubre, el barrio turístico de Lastarria ha dejado de ser un sector tranquilo, habitado mayormente por adultos de la tercera edad. Quienes trabajan y viven por la zona se han visto afectados con la gran cantidad de gases lacrimógenos y la represión a los manifestantes que se congregan en Plaza Italia. 

“Este es un barrio de gente muy mayor, tengo amigas que llevan viviendo más de 45 años aquí, son viejitas”, explica Gloria, que cojea mientras cuenta su historia. “Entonces estamos teniendo reuniones con un grupo de abogadas para demandar al Estado por la cantidad de bombas que nos tiran, llevamos más de 50 días respirandolas.” 

Cambios en la rutina

Gabriela Guiñez trabaja en la calle Lastarria, en la librería Ulises, a pasos de la Alameda. Hubo días que no pudieron abrir y otros en donde sólo tuvieron abierto por dos horas. A unas calles de su trabajo deja en la guardería a su hijo Pedro, de un año y medio. Como es de esperarse, con las lacrimógenas es imposible el funcionamiento de una guardería en esas circunstancias, por lo que algunas veces no tenía donde dejarlo. Gabriela vive por la calle Vicuña Mackenna, otro punto álgido de manifestaciones.

Ahora que han disminuido relativamente las manifestaciones en el lugar, los locatarios se permiten abrir por horarios más extendidos, pero siempre con cautela. Gabriela ha decidido para llegar a su trabajo tomar rutas alternativas. “Tenemos que hacer horarios distintos. Si antes entrábamos por Plaza Italia que está super sellada, ahora tenemos que hacer una ruta por parque San Borja y cruzar por donde pasan autos. Eso ya es como un poco jodido, sin embargo, lo hacemos igual. Nos ha tocado tener que devolvernos por Rancagua para no vernos en el fuego cruzado de manifestantes y Carabineros”, dice Gabriela.

Los caóticos primeros días

Lorena Contreras lleva más de 4 años trabajando como mesera en el Café 202, un bar que está entre Estados Unidos y Villavicencio. El local estuvo cerrado la primera semana desde el estallido, y poco a poco ha ido recobrando la normalidad. El bar de Lorena está al lado del edificio de Gloria, se saludan cuando Gloria pasa por fuera. 

Lorena recuerda los caóticos primeros días que abrieron el local. “La embarrada empezaba desde las 7 de la tarde” afirma. Todos los días eran iguales, gente corriendo, carros lanza agua, gases lacrimógenos, gente corriendo, y así. “Que entra las mesas, que saca las mesas, que vienen los pacos, que se van los pacos”, recuerda Lorena.

Sin embargo, había algo que destacaba por sobre todo. “Mucha lacrimógena, uno llegaba temprano y se sentía el gas, con el calor salía del suelo y te empezaban a picar los ojos.”

A unos pasos más allá por Estados Unidos, se encuentra Culto Bar. Su entrada está frente a Namur. Este bar, de cuatro pisos, lleva cinco años en el sector. 

Pablo Jara, su administrador y socio fundador de Culto, recuerda el desafío que significó abrir el local durante los primeros días. “Lo intentamos, pero pronto nos dabamos cuenta que era un esfuerzo que no tenía sentido, la violencia afuera del local no nos permitía abrir”. 

La incertidumbre de los efectos de gases

Lorena Contreras empezó a sentir una tos constante que no se iba y decidió ir al médico broncopulmonar. Éste la examinó y dijo que sus síntomas daban indicios que era una bronquitis por causas químicas. Probablemente por la constante inhalación de gases lacrimógenos. Según un artículo de la BBC , este gas produce una irritación instantánea de los ojos, la nariz, la boca la piel y las vías respiratorias.

El hijo de Gabriela también presentó problemas respiratorios, que si bien no tenían relación directa con los gases, las alergias no se pueden menguar en esas condiciones. “Nos tuvieron que dar antialergicos porque claramente tenía que ver, según nos dijo el médico, por estar en una zona que está constantemente bombardeada con gases”, dice Gabriela.

Gabriel León, Bioquímico de la Pontificia Universidad Católica explica en su Twitter que “como el gas lacrimógeno se trata de un polvo seco y no de un gas, se requiere algún mecanismo de dispersión. Eso quiere decir que luego de un rato, el polvo irritante decanta y queda activo por al menos 5 días. Cualquier mecanismo de dispersión (tráfico o intentar barrerlo) lo volverá a levantar”. 

En entrevista para este reportaje, el experto a su vez tiene reparos sobre el uso de continuo de armas químicas. “Sobre el gas lacrimógeno  no hay estudios de largo plazo que nos puedan guiar respecto a sus posibles efectos. Y esa es la gran dificultad con respecto a la utilización de estos dispositivos y ornamentos químicos en protestas civiles, que no hay información. Deberíamos cuestionarnos su uso continuo, llevamos demasiado tiempo expuestos”, dice el experto. 

Un apedreo y un intento de detención

“Una vez nos rompieron todos los vidrios del tercer piso”, recuerda Pablo Jara de Culto Bar. Esa vez, el único incidente de violencia física que han tenido en Culto, los manifestantes lanzaron piedras al local. “Resguardamos a los clientes y salimos hablar con los encapuchados para hacerles entender la estupidez que estaban haciendo”, explica Jara. 

Sin embargo, no es el único incidente que ha ocurrido en el sector. El administrador del Café 202, Marcelo Medina, recuerda su encuentro con Carabineros. 

Mientras se encontraban con el local abierto, un grupo de encapuchados pasaron corriendo por fuera. Fuerzas Especiales los venía persiguiendo. Según Medina, lanzaron el carro encima de los jóvenes. “Esto ocurre en un ambiente lleno de gases, cometí el error de salir a ver si habían atropellado a algún niño, porque eran niños, con mi pañoleta puesta. Cuando un paco me agarró del hombro, me percate que no me había sacado el pañuelo, entonces seguramente pensaron que era un encapuchado más”, recuerda. El uniformado lo intentó llevar preso pero los mismos clientes se involucraron verbalmente, haciéndole saber que trabaja allí. Finalmente, lo soltaron. 

Los efectos en el comercio

El impacto de las lacrimógenas y los enfrentamientos también llegó a los bolsillos de los locatarios. Según Pablo Jara sus ventas han bajado considerablemente. “No hemos podido trabajar con normalidad, en promedio las ventas han llegado entre un 5% a un 10% de lo que teníamos antes. Lo que ha incurrido en que hayamos echado a casi todo el personal para simplemente dejar el justo y poder aguantar por si esto se normaliza y poder seguir trabajando”, relata Jara. 

Después de casi dos meses desde el estallido, las calles medias rotas, las paredes ralladas y el olor a lacrimógena que brota desde el piso, Jara no ve el mejor pronóstico.  “Nosotros ahora estamos en una posición media desesperada, en donde si esto no se disgrega rápido, vamos a que morir y el proyecto va a tener que fallecer. Estamos tomando todas las medidas de ventas y marketing que estén en nuestro alcance. Pero esto es obviamente más fuerte que nosotros”.

*

Gloria, la residente del barrio, con un deje de optimismo dice que no se piensa ir jamás, que aún considera el lugar un barrio acogedor. “Es que la generación mía que para el golpe tenía 17 años, vamos a sobrevivir a todo. Tenemos la piel dura, ya no nos vota algo así. Quizás afecta a la gente muy mayor que no sabe que hacer, ya no quiere salir a la calle, que no es el caso mío, mi salud mental está bien”. 

La ANFP no respira: resolvió el “caso Wanderers”, pero debe ratificar cupos internacionales

Luego de una semana de incertidumbre respecto a los ascensos a la división de honor del fútbol chileno, y que culminó con Santiago Wanderers como campeón de la B, el máximo ente del balompié nacional tiene otro lío: resolver qué hará con la última plaza de cara a la Copa Libertadores 2020.

Por Tamara Kohler y Josué Laval

El viernes 6 de diciembre se vivió una nueva extensa jornada en la sede de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP), en Quilín. El Consejo de Presidentes que convocó el órgano superior de balompié nacional tenía un fin prioritario: ratificar a Santiago Wanderers como campeón del ascenso y confirmar que el 2020 jugará en la división de honor.

La principal traba era el reparto de los dineros del Canal del Fútbol (CDF). En un principio, se había acordado que los caturros recibirían $200 millones al mes, monto idéntico al de los otros 16 clubes de la máxima categoría. Sin embargo, con el correr de las horas esa decisión cambió. Una vez confirmado el título obtenido en la temporada 2019, se selló que Wanderers recibirá $135 millones mensuales por derechos de televisión, de los cuales $50 millones saldrán de un fondo común de los equipos, que  en definitiva se embolsarán $194 millones cada treinta días.

“Estamos contentos por nuestros jugadores, que lograron en cancha ser campeones de la Primera B. Se hizo un reconocimiento a la justicia que invocamos“, manifestó el presidente del equipo porteño, Rafael González.

Los de la quinta región disputarán amistosos como local frente a Colo Colo, Universidad de Chile y Universidad Católica, con la finalidad de recaudar dinero. Pese a que la Primera B no tendrá descenso alguno, San Marcos de Arica reemplazará a los wanderinos, tras ascender desde la segunda división profesional.

El mandamás de la ANFP, Sebastián Moreno, reconoció que “la decisión del Consejo pasado había causado dolor. Nos abocamos con todos los presidentes para corregir el daño causado. Aquí se han respetado las bases de las competiciones y se ha restituido la justicia deportiva a muchos equipos”.

El otro lío de la ANFP: definir el “Chile 4”

El cupo que debía ocupar el campeón de la Copa Chile sigue en disputa entre la Universidad de Chile, Unión Española y Unión La Calera. Mientras los cementeros reclaman su boleto, dada su posición final en el torneo local, hispanos y azules exigen recibirlo al ser semifinalistas de la competición. ¿Los otros dos? Universidad Católica y Colo Colo, que ya consiguieron clasificar gracias a su ubicación en el campeonato.

Hace una semana, los universitarios pedían que se les otorgara el “Chile 4” haciendo alusión a un mejor rendimiento que los hispanos en la copa. Los de colonia, sin embargo, lo encuentran impresentable. “Están de yapa en primera división y quieren jugar la Libertadores”, expresó el gerente general, Luis Baquedano.

Una de las soluciones que plantea la Federación de Fútbol de Chile, órgano a cargo de la Copa Chile, es disputar un partido único entre la “U” y Unión Española en enero próximo. Este martes 10 de diciembre, a las 17 horas, los directivos se reunirán para dar una respuesta final.

Los hispanos, eso sí, se niegan rotundamente a una definición: “No queremos jugar en cancha porque ya dijeron que no estaban las condiciones. Nosotros queríamos terminar el campeonato, la U no. Es impensado que juguemos”, dijo Baquedano.

Los dardos apuntan a Moreno

“Han sido 50 días dolorosos para el fútbol chileno, con circunstancias que nos superan. Nuestra misión fundamental es que se vuelva a jugar con seguridad y normalidad”, decía el pasado viernes Sebastián Moreno, quien no ha estado al margen de las críticas por su actuar como cabecilla de la ANFP en este periodo.

El presidente de Palestino, Jorge Uauy, que además fue opositor a Moreno en las últimas elecciones, lo criticó: “Primero, no paró en el momento correcto cuando los seleccionados nacionales se negaron a jugar ante Perú. Ahí su falta de liderazgo fue evidente. Y segundo, cuando empezaron a ocurrir todos estos eventos, quedó en evidencia que la ANFP está compuesta por personas que no tienen contacto real con lo que pasa en los clubes”.

“La ANFP debería haber golpeado la mesa y llamar a respetar las bases y los reglamentos, pero eso no ocurrió”, sentenció Uuay, marcando una clara diferencia con la administración actual del fútbol chileno.

Banco Central: A partir de hoy lunes y hasta el 29 de mayo de 2020 se extenderán las medidas tomadas para bajar el precio dólar

El pasado jueves la entidad emitió un comunicado donde anunciaban la inyección de US$20 mil millones al mercado, los cuales generaron consecuencias favorables inmediatas, haciendo retroceder el dólar $24, alcanzando un total de $803, cifra que se ha mantenido estable a lo largo de la semana.

Como excepcionalidad en casos calificados, esta institución tiene la posibilidad de intervenir en la bolsa  que servirá para neutralizar el elevado precio que ha alcanzado el dólar el último mes debido a la incertidumbre por la crisis social.

Por Michelle Araya y Nicolás Espinosa

La importancia del dólar 

Según Hernán Frigolett, ex Tesorero de la República, el valor del dólar en términos de peso se refleja inmediatamente en el sistema de precios, por lo que todos los productos importados se ajustan a esta variación, lo que genera inflación que más tarde es recogida por el IPC, afectando el poder adquisitivo de todas las personas.

Lo que el Banco Central busca, continúa Frigolett, es evitar que haya una presión inflacionaria a esta alza persistente que ha tenido el tipo de cambio en función de la incertidumbre reinante en el país por los movimientos sociales que están poniendo en jaque la economía, que probablemente tendrá un primer trimestre recesivo. 

Los efectos positivos de la inyección es tratar de evitar que haya un impacto fuerte en la inflación y los ajustes que tiene eso en la remuneración y en el poder adquisitivo de la gente por lo tanto lo que está haciendo el banco central está en línea con lo que es su mandato de mantener los precios internos en relativa estabilidad 

Caída del Imacec

Este lunes se registró una caída de 3,4% en el Imacec, y aunque este retroceso era esperado, los economistas habían considerado que este sería en 1 o 2 puntos máximo.   

Según Frigolett, “el Imacec se relaciona con el dólar por el mal funcionamiento que hay en los puertos, por lo tanto existe un riesgo mayor en términos de los flujos de exportación y de la oferta de divisas, o sea, la venta de productos exportables. Entonces eso podría estar incidiendo en el alza del dólar porque nuevamente habría un factor de riesgo en la oferta de dólares asociados al sector exportador”.

La caída de este índice es un efecto directo a la situación nacional actual. A medida que se regularice la contingencia, se regularizaría el funcionamiento de los trabajos portuarios, por lo tanto el flujo exportador volvería a la normalidad. Posterior a eso, la recuperación económica, en teoría, dependería solamente de los precios internacionales de los recursos que el país exporta.

Al igual que para el dólar, desde el gobierno se están pensando una serie de medidas que puedan incidir, las cuales serán anunciadas por el Ministro de Hacienda, Ignacio Briones, a lo largo del día.