Categoría: Nacional

Rescatistas en la Zona Cero

Cientos de voluntarios han decidido ayudar a los heridos durante el estallido social. Solamente en el perímetro de Universidad Católica y Salvador hay más de diez puntos de primeros auxilios.

Por Javiera Candia y Leonardo Romero

A pesar de las muchas lesiones oculares, Kika Alquinta reconoce que lo más impactante que le ha tocado ver fue cuando un hombre recibió un impacto de bomba lacrimógena en la cara. Fue frente al punto de atención y los escuderos corrieron a rescatarlo, y ella cuenta que parecía un animé con “los ojos para un lado y la boca para el otro” a lo que agrega que al momento de recibir el impacto el herido quedó inmediatamente desfigurado. Nadie tocó al herido, se llamó a una ambulancia que llegó inmediatamente y se lo llevó. 

Algo que ha marcado el estallido social es la organización ciudadana. Tanto personas a favor y en contra de las manifestaciones han sido partícipe de estas: primera línea, mujeres organizadas, abogados, psicólogos, chaquetas amarillas y también voluntarios de primeros auxilios. Estos están de punto fijo en Plaza de la Dignidad (ex Plaza Baquedano) resguardando la seguridad de, principalmente, manifestantes pero también les ha tocado atender a Carabineros.

En el perímetro de la plaza hay aproximadamente diez brigadas de voluntarios. Pero sólo dos se emplazan en la denominada Zona Cero, Diaguita ONG es una de ellas. Junto con la Brigada de Salud de la Universidad Santo Tomás se ubican a partir de las 16 horas a un costado del Teatro de la Universidad de Chile.

Diaguita ONG es una organización de rescate andino, que también se encarga de realizar investigaciones sobre el pueblo originario que los nombra, principalmente debido a que su fundadora -Kika Alquinta- es descendiente de estos. Paradójicamente, el 18 de octubre se encontraban realizando una capacitación para rescate en contexto de guerra cuando se dieron cuenta lo que estaba pasando en las calles de Santiago. 

Llegaron a la Brigada de la UST de casualidad, ellos estaban ahí desde antes a un costado del teatro, mientras que los rescatistas estaban al lado del monumento del General Baquedano con un cartel que tenía dibujada una cruz roja. Actualmente complementan sus labores, ya que por una parte la Brigada tiene conocimientos en medicina y primeros auxilios y la ONG tiene vastos conocimientos en seguridad.

Jeremías Jara, es parte de la organización y explica que existen varias funciones dentro de la brigada, dependiendo de las capacidades de cada persona.

Jeremías Jara sobre la conformación de la Brigada de Salud UST

Las primeras semanas trabajaron desde el anonimato. No hicieron referencias a su labor en redes sociales ni tampoco pidieron colaboraciones, ya que como comenta Alquinta la ONG se sustenta de donaciones de ellos mismos y con eso compraron insumos médicos, además de un “uniforme” para todos los voluntarios. Sin embargo al pasar los días, y por estar ubicados en la Zona Cero, Carabineros mojó su lugar de trabajo con el carro lanza aguas y también los implementos de salud. Grabaron el hecho y lo subieron a las redes sociales. El video se viralizó rápidamente y pronto comenzaron a recibir donaciones de insumos médicos. 

Debido a la gran cantidad de brigadas, se comenzó a coordinar entre las mismas -mediante radios- y por eso actualmente hay una “red de ayuda”. En algunos de los otros puntos de primeros auxilios cuentan con contactos de ambulancias y médicos, por lo que de ser necesario se llaman y así se puede trasladar con mayor eficiencia a los heridos

Un colaborador diferente

Día tras día son muchos los jóvenes que ofrecen ayuda a las brigadas de emergencias, algunos aportan solamente en ese momento y otros se quedan. A raíz de esta situación es que la organización decidió establecer reglas para los colaboradores, cómo mantener una posición neutra dentro de la zona de conflicto, no gritar a carabineros, no patear lacrimógenas o cualquier hecho que pueda facultar a carabineros para afectar la integridad del equipo y de los heridos.

Benjamín Valverde es uno de los que aceptó las reglas. El estudiante de Administración Pública de la USACH es escudero y cree que de esta forma puede contribuir con las manifestaciones de una forma segura. Debido a su carrera no puede tener conductas reprochables o podría ser perjudicial para su desempeño laboral futuro.

La ganas por participar en las movilizaciones las tuvo desde el primer día, pero le daba miedo salir a la calle. El viernes 8 de noviembre ocurrió una situación que lo llenó de valor para atreverse y así salió el lunes siguiente a manifestarse “de polera y short”. Un compañero de enseñanza media había sufrido un impacto de balín en ambos ojos, las redes sociales estaban estampadas de su foto, a esa altura nada se sabía de su progresión de salud, pero hoy a más de un mes y medio es claro que Gustavo Gatica perdió para siempre su visión.

Benjamin Valverde y porqué él es voluntario.

El día más algido

Según lo que cuentan los entrevistados, el viernes 20 de diciembre fue el día más violento en lo que va de las manifestaciones. Ese mismo día un carro lanza gases aplastó contra otro vehículo de carabineros a Oscar Pérez, Jara dice que a pesar de la cercanía no lograron ver el incidente, sólo vieron “una masa de gente corriendo”.

Ese día, Felipe Guevara -Intendente de la Región Metropolitana- destinó mil efectivos policiales para resguardar el orden en Plaza Dignidad, anunciando la “tolerancia cero”. Además recalcó que “no hay autorización de asambleas, reuniones, manifestaciones de ninguna naturaleza”.

Según los rescatistas, la gran presencia policial, sumado a que el monumento a Baquedano en el centro de la plaza amaneció cercado, desató la rabia de los manifestantes. Valverde comenta que “por Bustamante, corretearon a carabineros para allá y luego de cinco minutos empezaron a tirar balines. Nosotros armamos el perímetro para cuidar el punto. Pasaron 30 segundos y llegó el primer herido. Tenía un balin arriba de la oreja y luego llegaban uno tras otro.” Además él relata que ese día atendieron a por lo menos una docena de heridos por balines y que “más o menos el 80% de los que llegaron por estas heridas eran en el tren superior, desde el pecho hacia la cabeza y algunos otros hacia las piernas”.

La brigada cuenta con un fotógrafo que registra lo que ocurre en el punto y fotografía a los heridos, previa autorización.
Antonino sobre herido de balín en el cuello.

Heridas de ojos, labio y cuello fueron las que debieron atender. Según Antonino Cueto, rescatista andino, el joven con el balín en la yugular fue lo más impactante que ha visto.  Él fue a buscar al herido y lo llevó al punto y comenta que le causó mucha impresión al ver sus vestimentas cubiertas en sangre, ya que en su formación como rescatista andino no está acostumbrado a esas cosas. Cueto agrega que “en los rescates estamos acostumbrados a llegar y que la sangre esté seca. Nosotros vamos a buscar perdidos o cadáveres.”

Además, los actos de violencia que principalmente se originan en el Parque Bustamante y Avenida Vicuña Mackenna, ese día se realizaron frente al Teatro de la Universidad de Chile, a pasos del punto de primeros auxilios, lo que provocó que durante una hora y media estuvieran dentro de la zona de conflicto y recibieron elementos disuasivos por parte de carabineros. 

Derechos Humanos

Quienes se agrupan en este punto señalan que la violencia por parte de ambos bandos ha aumentado, aunque para Kika esto tiene un significado político,  “El odio del pueblo se fue acrecentando donde no ve respuestas, donde lo único que ve es represión”.

Debido a esta situación es que también han aumentado las violaciones a los derechos humanos y con ellos la relativización del gobierno sobre esta materia. En la última oportunidad fue el presidente de la república, Sebastián Piñera, quien en una entrevista para CNN en Español, señaló que las imágenes y videos que dan cuenta de uso excesivo de la fuerza y donde violan los derechos humanos son montajes realizados en el extranjero.

Para Kika esta situación es lamentable, ya que en las diferentes redes sociales de la organización han publicado fotografías y videos de las violaciones a los derechos humanos efectuados por carabineros. “Más encima escuchar cuando el presidente de la república dice que las fotografías y videos son montajes y que fueron montados en el extranjero, es una cachetada que le dan a los rescatistas que nos sacamos la cresta trabajando, se trata de mentiroso a los rescaticas que publican ahora los videos de los heridos”.

Por estas mismas violaciones de derechos es que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos presentó un recurso de amparo en pos de la brigada Diaguitas ONG, luego de que en las manifestaciones de Plaza Dignidad carabineros detuvieron a Cueto mientras cumplia labores de rescates y de ayuda a personas heridas. 

Para él esta detención le pareció innecesaria, ya que sus vestimentas y equipos demostraban el motivo de su presencia en el lugar.  “El gallo (carabinero) está viendo que hay un escudo con una cruz, está viendo un uniforme que está y el gallo no va discriminar en ese momento”.

Momentos Crudos

Alquinta reconoce que para ella uno de los momentos más difíciles de digerir fue cuando carabineros dejó botada a una mujer en la mitad de la calle. Ella cruzaba desde el monumento hasta la vereda del frente cuando algunos uniformados la ayudaron a hicieron cruzar la calle y luego la dejaron botada en el piso sobre la solera. Cuando los rescatistas se acercaron a buscarla se dieron cuenta que había sufrido un infarto y carabineros no le brindó primeros auxilio. 

También han existido casos en que la turba de personas arranca del carro lanza aguas, lanza gases o de carabineros y las personas que se caen o tropiezan durante ese momento son aplastadas por la masa de gente. De hecho Jara, estudiante de kinesiología de la Universidad Santo Tomás, comenta que les tocó atender a una joven que estaba desaturando y con taquicardia luego de ser aplastada por las personas frente al punto donde se encuentra la brigada, sumado a esta situación, también han ocurrido fracturas por hechos similares.  

Kika Alquinta de ONG Diaguita.

Cuento del Héroe

A pesar del cansancio y de cada momento que les ha tocado vivir durante estos días, Cueto señala que se quedará “hasta que las fuerzas le den”.

Los heridos son principalmente pertenecientes a la primera línea, el trabajo durante más de 60 días es difícil y la presión junto al cansancio se hacen impostergables cuando se cumple una labor de rescate. Para él la motivación viene cuando el equipo de rescate vuelve al punto y se les pregunta uno a uno cómo está y se les da ánimo.

Si bien los entrevistados concuerdan en que existen civiles y carabineros que no respetan la labor de los brigadistas, ellos se contentan con un gracias, una colaboración o que simplemente los dejen hacer su trabajo.

Jara atesora un recuerdo. Una señora les donaría insumos médicos y él la acompañó a su departamento a buscarlos. Ella iba con su hija y cuando estaban dentro del ascensor le señaló a la niña: hija, él es un héroe. Como los monitos que ves en la tele. El estudiante de kinesiología cuenta que la niña se alegró mucho y lo miraba con admiración. Luego de esto él volvió a trabajar en el punto de la brigada en la Zona Cero.

Alquinta asegura que está orgullosa de los jóvenes, ya que ella tiene la seguridad de que a futuro ellos serán los profesionales de salud que trabajarán en las poblaciones, sin esperar mucho a cambio sólo por su vocación

Una noche en el Campamento Dignidad

Durante 12 días se montó un campamento en la plaza de del Palacio de Tribunales, el llamddo Campamento Dignidad, el que lleva ese nombre porque la consigna del estallido social busca exacamente eso: la dignidad. Por el pasaron músicos, dirigentes sociales, carabineros, y más de algún infiltrado, pero ¿cómo fueron las noches ahí? ¿de qué manera se organizaban?

Por Christian Castro y Bastián Fernández

Sábado 14 de diciembre. 22:00.

En la plaza del Palacio de Tribunales no hay luz, se cortó cerca de las 21:15, por motivos desconocidos. Lo único que se escucha es a una banda de jazz que toca en el improvisado escenario que se montó en la entrada principal de los tribunales. Los campistas tienen cara de preocupación, porque en redes sociales corre el rumor que serán desalojados, y que por eso se les quitó la electricidad.

¡Atención, reunión en cinco minutos más! ¡Nos juntamos frente al foco!, gritó Manuel Vásquez – este no es su nombre real, prefirió dejarlo en secreto por seguridad- vocero y líder de Campamento Dignidad. A eso de las 23:10, la luz aún no llegaba, por lo que el primer tema que se conversó fue la estrategia en caso de desalojo. “En caso de que nos vengan a sacar hacemos peso muerto, no opongamos resistencia. Pero, si vienen los fachos a buscar pelea, con esos debemos agarrarnos, no nos pueden humillar”, comentó Vásquez.

Una vez comunicadas las instrucciones, se procedió a anunciar la distribución de turnos, los que se dividieron en cuatro tramos: 00: a 02:00, 02:00 – 04:00, 0:4:00 – 06:00 y 06:00 – 08:00. Los grupos debían ubicarse uno en cada esquina del campamento, y su arma de defensa era un palo de colihue – tipo de bambú-.  En caso de ocurrir alguna emergencia se debía hacer sonar el pito, un pitido corto significaba asalto, los entrecortados alerta de gente de ultraderecha, y uno largo que Carabineros llegó al lugar. 

Todos los campistas debían cumplir con la guardia nocturna, pero tenían la libertad para elegir en qué horario hacerlo. A eso de las 23:25 la luz volvió, y con ella la vida del campamento. Aparecieron las guitarras, y los centros de acopio se convirtieron en un espacio de conversación y debate sobre la agenda social del gobierno.

El nombre “Campamento Dignidad”, no es un cliché, ni mucho menos una casualidad. Se le denominó así ya que es la consigna tras el estallido social, porque en palabras de las personas que durmieron ahí el fin de su movilización fue conseguir dignidad.

Las personas que pasaron la noche en el lugar, en su mayoría son miembros del movimiento No + AFP, UKAMAU – significa “Así somos” en aymara- y del Colegio de Profesores, a ellos se les sumó personas en situación de calle. “Acá los hacemos sentir parte de la comunidad, les asignamos tareas, y nos colaboran. No sacamos nada con hablar de una nueva sociedad, o pacto social, si a ellos no los incluimos”, señaló Sebastián Reyes (28), miembro de UKAMAU.

Noche en la ciudad

Son las 00:00, y el primer grupo toma sus posiciones. Van con silbato en el cuello, un colihue, y mate para capear el frío. Algunos automovilistas que pasan tocan sus bocinas en señal de apoyo, y otros gritan ¡que siga la lucha! 

El ambiente es tranquilo, solamente se escucha el sonido de una guitarra, y las voces que la acompañan. Pero, de un momento a otro aparecieron carros de Carabineros, y el ruido de sus sirenas. Por unos segundos todos guardaron silencio, hasta que Lorena comentó, “dividámonos, y vayamos a ver qué está pasando por Bandera”.

A los 20 minutos regresó. El alboroto se debió a un asalto, el que no pasó a mayores por el rápido actuar de Carabineros. Luego de ese incidente, el primer turno se mantuvo en calma hasta su fin, siendo las mayores complicaciones el frío, y el cansancio que dejó a más de uno de los campistas dormitando de pie. 

El reloj marcó las 02:00, y se produjo el cambio de turno. Se entregaron los silbatos y colihues, pero también se agregó un nuevo elemento: un balón de voleibol. Con el pasaron el frío, al jugar a pasarse la pelota. La noche estaba tan relajada, que los del turno se sentaron en la calle a conversar sobre sus vidas, y así conocerse más. Sin embargo, alrededor de las 3:04 el ambiente se tornó tenso, debido a la llegada de Carabineros. 

Primero fue una patrulla la que apareció por el frontis del Palacio de Tribunales, luego se le sumaron dos carros policiales. Los campistas revisaron sus carpas, para luego cerrarlas, con el fin de asegurarse que no les hayan puesto nada ilícito en ellas. La situación se tornó más tensa con el correr de los minutos, ya que apareció una escuadra de carabineros a las afuera de la sede del Congreso. 

Las guardias se mantuvieron, y se dio la orden de mantener todo como si nada pasara, para evitar una provocación. La cara de los campistas era de nervios, y más de alguno comentó que sería el fin de la manifestación. 40 minutos más tarde, los policías se fueron. Y el susto había pasado. 

Una vez finalizado este turno, apareció la gente de los bloques 04:00 – 06:00 y 06:00 – 08:00, durante ese tiempo no ocurrió nada fuera lo común, se mantuvo un ambiente de tranquilidad. Al fin de ambas guardias se les ofreció desayuno a las personas, ya que algunas debían ir a trabajar durante la mañana. Cabe destacar que el campamento durante sus 12 días de vida contó con las condiciones sanitarias básicas.

Sin política no hay manifestación

Uno de los dirigentes que se vio constantemente rondar entre las carpas del campamento era Luis Mesina (63), vocero de la Coordinadora No+AFP. Hasta altas horas de la noche Mesina conversaba con integrantes de las distintas organizaciones presentes. Se escucharon muchas veces palabras de respeto a la hora de referirse a él por parte de los integrantes de la juventud Ukamau. “El compañero Mesina”, era la frase que se repetía constantemente cuando Luis pasaba cerca. Esto nos resultó sumamente intrigante, así que fuimos directamente a hablar con él para entender la razón del respeto que generaba entre nuestros compañeros de campamento. 

“Era momento de politizar las manifestaciones, porque las marchas ya nos estaban agotando a todos. De entre todas las ideas que se dieron dentro de la Mesa de Unidad Social, la que más nos gustó a todos fue la de acampar fuera del lugar que representa el poder legislativo y el judicial”, fue la razón que Mesina nos dio, explicando el inicio de este campamento. 

El símbolo político fue lo que representó esta manifestación y que unió a todas estas organizaciones, sin importar las diferencias que pudiesen haber tenido unas de otras. Doris González, vocera de Ukamau señaló que todo esto se gestionó lentamente. “No fue nada fácil, porque la información no la podíamos manejar por Whatsapp o telefónicamente, entonces tuvimos que reunirnos y conversar. Todo esto antecedido por la búsqueda de una nueva forma de manifestación, de visibilizar a Unidad Social y mostrar que las organizaciones no hemos dejado la calle y que nos interesa avanzar en aquello que el gobierno se ha negado, la agenda social”.

Finalmente, tras 12 días acampando, la iniciativa llegó a su fin. Oficialmente la razón es que lograron su objetivo: generar discusión en la ciudadanía, y mostrar un nuevo tipo de protesta pacífica. Sin embargo, fuentes del interior del Campamento Dignidad señalan que se debió también a diferencias entre los grupos.

Francisco Fuenzalida: el alguacil frustrado que es investigado por homicidio de manifestante en Curicó

La noche del 21 de octubre quedó en los registros del estallido social luego de que José Miguel Uribe (25) recibiera un impacto de bala en su tórax, que horas más tarde le provocó la muerte. En una primera etapa, los informes de la fiscalía a cargo arrojaban que el joven había sido víctima del actuar de un personal del Ejército, sin embargo, con el avance de las investigaciones se descartó esa posibilidad. Es así como se puso la mirada en otro sospechoso, Francisco Fuenzalida Calvo (60), empresario que está lejos de ser un representante de las Fuerzas de Seguridad Nacional, pero que simpatiza con sus ideales.

Por Pedro Thies Paredes

Francisco José Fuenzalida Calvo (60) conduce por la Ruta 5 Sur su camioneta roja marca Toyota modelo Hilux. Es la noche del 21 de octubre y en pleno toque de queda las primeras manifestaciones del estallido social retumban en todo el país. A la altura del kilómetro 187, lugar donde se encuentra uno de los accesos a Curicó, Fuenzalida Calvo se encuentra con un grupo de personas que cortan el camino en señal de protesta.

Uno de ellos es José Miguel Uribe Antipani (25), trabajador de una construcción ubicada a 10 km de la ciudad. Segundos después, se escucha el sonido de varios impactos de bala- al menos tres o cuatro según relato de testigos- que posteriormente enmudecen la carretera. En un pestañeo, el puñado de personas que se encontraba movilizándose junto a Uribe, acude a socorrer al joven que yacía en el suelo sangrando con un impacto de bala de 9mm en su pecho. Las lesiones causadas fueron tan graves y mortíferas que de haber recibido una asistencia médica oportuna y eficaz, de todas formas no hubiese sobrevivido, así lo consignó el informe perito.

Minutos antes, el hombre había repetido una escena similar, luego de que también efectuara disparos en el sector de Alameda de la ciudad de Curicó. En esa instancia, hirió en su muslo izquierdo a Nicolás Francisco Espinoza (23), Ricardo Andrés Solís Opazo (26) en su brazo izquierdo y a Miguel Andrés Ayala Salinas (26), a quien le produjo un trauma torácico.

El caso rápidamente se masificó a través de redes sociales. Con el transcurso de las horas cada vez se daban a conocer más detalles de un homicidio ocurrido en Curicó, presuntamente perpetrado por un militar del Ejército. Frente a esto, la figura de José Miguel Uribe se transformó en mártir como una de las primeras víctimas del Estado luego del 18 de octubre. Uno de los principales sospechosos del asesinato fue Juan Carlos Jesús Reyes Araneda (26), cabo segundo del Ejército, quien en el lugar de los hechos descendió de un bus que transportaba contingente militar y realizó dos disparos desde un fusil, uno a fogueo y otro con munición de guerra, este último habría impactado a Uribe.

Sin embargo, el 11 de diciembre el caso dio un vuelco en el Juzgado de Garantía de Curicó, dado que Reyes quedó en libertad luego de que el Ministerio Público retirara cargos en su contra. Tras esto aparecería un civil como principal sospechoso: Francisco José Fuenzalida Calvo, a quien se le acusa de homicidio, porte ilegal de arma y daños– hacia un vehículo particular producto de los impactos de bala-.

Una vida ligada a la agricultura

Francisco José Fuenzalida Calvo es hijo de Gastón Fuenzalida Navarrete y María Cristina Calvo Navarrete, y el tercero de seis hermanos. Pese a que nació en Santiago, la mayor parte de su niñez y adolescencia la vivió en Curicó. Según cuentan cercanos, su familia es conocida en el sector ya que durante décadas se han dedicado a la industria agrícola, destacando en la producción de choclos. El empresario tiene vínculos con al menos tres sociedades: Inversiones FFC Limitada; Constructora Fuenzalida Limitada y Transportes Git Limitada. Además, es propietario de Fullmaq, compañía dedicada a la prestación de maquinaria pesada, donde Viña Concha y Toro y Viña Santa Rita se encuentran entre sus clientes destacados, según informa su sitio web.

“Pese a que Francisco proviene de una familia que siempre tuvo buena situación económica, siempre lo encontré humilde y acogedor. Aunque venía con frecuencia a Santiago, se notaba que su vida estaba en el campo. Me acuerdo que en los años 70 conducía una camioneta bien descuidada, a él no le importaba andar bien vestido y esas cosas, sino que con su campo estaba feliz”, recuerda una ex pareja del empresario en su juventud.

Cabe destacar que Óscar (59), uno de los hermanos de Fuenzalida Calvo, es dueño de las cadenas de comida rápida Doggis, Mamut y Juan Maestro, e hizo noticia porque en mayo de 2017 increpó en un avión al senador Guido Girardi a quien le dijo “eres lo más nefasto que le ha pasado a este país. Sale de la política, le vas a hacer un favor a la patria”.

Fuenzalida Calvo también es simpatizante del Círculo de Amigos de Carabineros, organización civil que tiene como objetivo colaborar con el personal uniformado. “Participó de dos reuniones y estuvo muy interesado en ser alguacil (nombre que reciben los miembros), pero no llegó a ningún término positivo porque justo ocurrió el accidente. No figura como personal activo ni siquiera como postulante”, comentó Lorena Cuadra, de la secretaría del Círculo Mayor.

Juicio hermético

Tras el vuelco, desde el Juzgado de Garantía de Curicó optaron por estudiar el caso lo más detallado y hermético posible, dado que no quieren presenciar otro giro inesperado. Es por esto que los fiscales a cargo del caso, Miguel Gajardo y Jaime Rojas, dictaminaron seis meses de prisión preventiva– periodo que durará la investigación- para Francisco Fuenzalida, quien se encuentra en el Centro de Cumplimiento Penitenciario de Parral.

Así también lo confirmó el ex fiscal Carlos Gajardo, quien ahora forma parte del bando querellante. “Evitaré referirme al litigio porque se trata de un caso penal que involucra un delito grave como lo es un homicidio, en este tipo de casos los avances de una investigación tienen que tratarse de forma más privada”, dijo el abogado.

En tanto a la sentencia que arriesga el imputado, David Vásquez, jurista penalista de Lex Juicios, adelantó que, pese a que hay una investigación en curso, “habría que distinguir si la persona actuó en dolo o malicia, pero revisando los antecedentes esto calza con un homicidio calificado que podría tener penas desde los diez años con un día- con opción libertad en la mitad del periodo- hasta cadena perpetua. En el caso del porte ilegal de armas estamos hablando de una sentencia de entre tres años y un día a diez años y un día”.

“En tanto a los daños de bala hacia el vehículo particular, si la fiscalía no encuentra otra arista en el caso, se trataría de un tema civil, y lo más probable es que se sancione con el pago de los daños provocados”, agrega.

Palabras desafortunadas

El miércoles 25 de diciembre se viralizó una entrevista del presidente Sebastián Piñera al medio CNN en español. El diálogo dejó varios tópicos como por ejemplo, los dichos del mandatario donde manifiesta que “muchos de los videos relacionados con derechos humanos, que se han difundido profusamente en los medios de comunicación chilenos y también extranjeros, no corresponden a la realidad. Varios de ellos son falsos, ya que son filmados fuera de Chile, o son tergiversados”.

A su vez, el jefe de Estado también se refirió a la muerte de José Miguel Uribe en Curicó, todo esto luego ser consultado sobre Juan Carlos Reyes, militar que en un inicio era el supuesto autor del homicidio. Sin embargo, sobre el nuevo sospechoso el mandatario entregó una versión muy distinta a la del Ministerio Público, dado que no se refirió a Francisco Fuenzalida sino que atribuyó el delito a una “banda rival”.

Cómo Proyecto A.M.A. visibiliza la demanda social a través de registros audiovisuales

El Archivo de Memoria Audiovisual (A.M.A.) es uno de los colectivos audiovisuales que han surgido a raíz del estallido social que inició el pasado octubre. “Sabíamos que había un material importante y era necesario hacer algo”, comenta su fundador Claudio Pizarro. 

Por Mariana Meza Lillo

Los videos, audios, fotografías, historias y testimonios que dejó el pasado octubre rojo fueron los elementos que le llamaron la atención al periodista Claudio Pizarro. Comenta que el ver la violencia a manos de Carabineros y militares en las calles le recordó a la dictadura de Pinochet. Fue en ese momento cuando decidió fundar el Archivo de Memoria Audiovisual (A.M.A.) -un proyecto de periodismo independiente- como una forma de “aportar en estos momentos tan complejos”, dice. 

Pero no le bastaba con solo recopilar la gran cantidad de información que circulaba por las redes sociales. Claudio quiso ir más allá y junto a otros periodistas, diseñadores y audiovisualistas le dio voz y rostro a las demandas sociales a través de distintos testimonios de víctimas y familiares que han denunciado abusos y violaciones a los derechos humanos durante la actual crisis social.

¿Cómo surge proyecto A.M.A.?

Surge por lo que empezamos a ver después del 18 de octubre. Los videos de violencia policial y militar nos trajo muchos recuerdos de la dictadura y nos dieron ganas de hacer algo. Sabíamos que había un material importante e interesante, y que era necesario hacer algo con ello. 

Primero pensamos que podía ser un repositorio, pero después consideramos que podía ser como el blog del narco… o sea, un lugar donde íbamos a mostrar violencia sin un contexto previo, entonces había que ir más allá. A partir de eso buscamos fórmulas desde el punto de vista del diseño y la implementación, para poder hacer lo que queríamos. Así llegamos a los storymaps y empezamos a trabajar en ese formato, con historias, monólogos, etc. 

¿Qué día comienzan a recopilar y a subir testimonios? 

Yo creo unos seis días después. Primero recopilamos testimonios, pero después nos tomamos un poco más de tiempo en armar la performance. Desde un principio estábamos reporteando las historias, siempre con la idea de tener un primer registro audiovisual de memoria realizado en Chile, por gente que fue testigo y víctimas de violencia policial y militar. 

Lo interesante es que te vas encontrando con historias de demandas, injusticias, inequidad… La idea de los monólogos que van al interior es precisamente dar cuenta de la realidad de cada persona. 

Y hablando de los testimonios, ¿cómo eligen las historias? 

Son distintos factores, no es que nosotros elijamos. A veces podemos llegar más fácil a algunas historias, otras son más complejas porque en el fondo es una búsqueda, una arqueología en las redes sociales. Nos vamos metiendo y buscando señales hasta que de repente nos encontramos con gente que dice ‘mira, yo estuve ahí. Vi a personas, vecinos, esto le pasó a mi hijo’. Son pistas que nos van acercando a las historias y a los casos. 

Obviamente también queremos seguir algunos casos emblemáticos, tenemos varios, pero tratamos de hacer una mezcla más o menos equilibrada, entre cosas emblemáticas y cosas más desconocidas que también son importantes. 

Y de todos esos testimonios que han recopilado, ¿cuál ha sido el más impactante?

Hay varios… el caso de Juan Coro es uno de ellos.  Él era un obrero peruano que mataron en Puente Alto. Lo confundieron con un saqueador y lo mató un comerciante con un disparo en la cabeza. Comenzamos con un audio de whatsapp en el que un familiar de Juan Coro avisa a su familia en Perú que Juan ha muerto. Es un caso muy estremecedor. 

Otro caso es el de Valeska Orellana, la primera chica baleada en Estación Central, cuando comenzó todo. El de Miriam Abello, la señora en silla de ruedas, también. 

¿Cómo se acercan a la víctimas o a familiares de ellas para entrevistarlas?, ¿cómo es el trato? 

Al ser un archivo de memoria, lo primero que hicimos fue hacer un protocolo y una ficha. En el protocolo fuimos súper claros en cómo tratar y acercarnos a las víctimas, y qué cosas traer de vuelta. Sabíamos que era necesario que esto fuera colectivo para que creciera rápidamente. 

El protocolo dice que tenemos que ir al lugar, ojalá que sea en la casa de las víctimas, para conocer su entorno. También para poder recopilar la mayor cantidad de imágenes o archivos audiovisuales de esas personas y así poder hacer el antes y el después de ellas. 

¿Cómo es la organización de proyecto A.M.A.? 

Creíamos que era necesario empezar a hacer algo de manera independiente, con un proyecto de periodismo independiente. Nosotros no tenemos financiamiento por el momento, pero tenemos hartas ganas de poder conseguir algunos fondos, además de buscar más historias, y fuera de Santiago también.

Hemos tenido la colaboración desinteresada de estudiantes universitarios, otros periodistas, gente del mundo audiovisual, diseñadores, incluso colegas extranjeros que viven en Chile y colaboran con nosotros. 

¿Cuál es el futuro para proyecto A.M.A.?

Estamos trabajando en la creación de otros tipos de cartografías y visibilizando otro tipo de situaciones que no necesariamente tienen carácter de violencia. Queremos hacer algo con mujeres y distintas temáticas. 


El derecho a respirar en paz: conviviendo con la zona cero

Después del 18 de octubre, Plaza Italia, rebautizada como Plaza de la Dignidad, y sus alrededores se han convertido en el punto emblemático de reunión de las manifestaciones. El barrio Lastarria, reconocido por ser un sector turístico, familiar y tranquilo, se ha enfrentado a un alto contingente policial que significó un excesivo uso de gases lacrimógeno. En este reportaje se entrevistó a personas que viven y trabajan en el sector. 


Por Consuelo Calderón y Alejandra Díaz. 

Gloria Thiers, de 63 años, bajó de su departamento en Estados Unidos con Namur, en el barrio Lastarria, días después del estallido social. A solo metros de Plaza Italia, el barrio se había convertido en una zona de guerra. Los encapuchados arrancaban de los gases por Namur, un pasaje con salida a la Alameda, y se escondían en Estados Unidos. Gloria fue al quiosco que está al lado de su departamento. Vió a un grupo de jóvenes corriendo, perseguidos por Carabineros. Sin pensarlo, abrió las puertas del edificio y les ordenó bajar al subterráneo. Una vez todos adentro, cerró con llave la reja de fierro. Fuerzas Especiales llegó hasta su puerta, gritando que abriera enseguida, mientras la apuntaban con sus armas antidisturbios y la insultaban. Gloria se negó rotundamente. “Vuelve con una orden judicial y te abro la puerta”, respondió, se dió media vuelta y subió a su departamento. Los uniformados patearon la reja pero no consiguieron abrirla. Gloria miraba desde su ventana. Una vez se cansaron de golpear y se fueron, Gloria bajó al subterráneo y dejó salir a los jóvenes. Desde entonces, los encapuchados la saludan afectuosamente cuando la ven. 

Según datos de La Tercera, hasta el día 24 de noviembre, Carabineros habría utilizado 98.223 lacrimógenas. También se informó que a comienzos del mes de diciembre se preparaba una nueva compra de gases. 

Desde el 18 de octubre, el barrio turístico de Lastarria ha dejado de ser un sector tranquilo, habitado mayormente por adultos de la tercera edad. Quienes trabajan y viven por la zona se han visto afectados con la gran cantidad de gases lacrimógenos y la represión a los manifestantes que se congregan en Plaza Italia. 

“Este es un barrio de gente muy mayor, tengo amigas que llevan viviendo más de 45 años aquí, son viejitas”, explica Gloria, que cojea mientras cuenta su historia. “Entonces estamos teniendo reuniones con un grupo de abogadas para demandar al Estado por la cantidad de bombas que nos tiran, llevamos más de 50 días respirandolas.” 

Cambios en la rutina

Gabriela Guiñez trabaja en la calle Lastarria, en la librería Ulises, a pasos de la Alameda. Hubo días que no pudieron abrir y otros en donde sólo tuvieron abierto por dos horas. A unas calles de su trabajo deja en la guardería a su hijo Pedro, de un año y medio. Como es de esperarse, con las lacrimógenas es imposible el funcionamiento de una guardería en esas circunstancias, por lo que algunas veces no tenía donde dejarlo. Gabriela vive por la calle Vicuña Mackenna, otro punto álgido de manifestaciones.

Ahora que han disminuido relativamente las manifestaciones en el lugar, los locatarios se permiten abrir por horarios más extendidos, pero siempre con cautela. Gabriela ha decidido para llegar a su trabajo tomar rutas alternativas. “Tenemos que hacer horarios distintos. Si antes entrábamos por Plaza Italia que está super sellada, ahora tenemos que hacer una ruta por parque San Borja y cruzar por donde pasan autos. Eso ya es como un poco jodido, sin embargo, lo hacemos igual. Nos ha tocado tener que devolvernos por Rancagua para no vernos en el fuego cruzado de manifestantes y Carabineros”, dice Gabriela.

Los caóticos primeros días

Lorena Contreras lleva más de 4 años trabajando como mesera en el Café 202, un bar que está entre Estados Unidos y Villavicencio. El local estuvo cerrado la primera semana desde el estallido, y poco a poco ha ido recobrando la normalidad. El bar de Lorena está al lado del edificio de Gloria, se saludan cuando Gloria pasa por fuera. 

Lorena recuerda los caóticos primeros días que abrieron el local. “La embarrada empezaba desde las 7 de la tarde” afirma. Todos los días eran iguales, gente corriendo, carros lanza agua, gases lacrimógenos, gente corriendo, y así. “Que entra las mesas, que saca las mesas, que vienen los pacos, que se van los pacos”, recuerda Lorena.

Sin embargo, había algo que destacaba por sobre todo. “Mucha lacrimógena, uno llegaba temprano y se sentía el gas, con el calor salía del suelo y te empezaban a picar los ojos.”

A unos pasos más allá por Estados Unidos, se encuentra Culto Bar. Su entrada está frente a Namur. Este bar, de cuatro pisos, lleva cinco años en el sector. 

Pablo Jara, su administrador y socio fundador de Culto, recuerda el desafío que significó abrir el local durante los primeros días. “Lo intentamos, pero pronto nos dabamos cuenta que era un esfuerzo que no tenía sentido, la violencia afuera del local no nos permitía abrir”. 

La incertidumbre de los efectos de gases

Lorena Contreras empezó a sentir una tos constante que no se iba y decidió ir al médico broncopulmonar. Éste la examinó y dijo que sus síntomas daban indicios que era una bronquitis por causas químicas. Probablemente por la constante inhalación de gases lacrimógenos. Según un artículo de la BBC , este gas produce una irritación instantánea de los ojos, la nariz, la boca la piel y las vías respiratorias.

El hijo de Gabriela también presentó problemas respiratorios, que si bien no tenían relación directa con los gases, las alergias no se pueden menguar en esas condiciones. “Nos tuvieron que dar antialergicos porque claramente tenía que ver, según nos dijo el médico, por estar en una zona que está constantemente bombardeada con gases”, dice Gabriela.

Gabriel León, Bioquímico de la Pontificia Universidad Católica explica en su Twitter que “como el gas lacrimógeno se trata de un polvo seco y no de un gas, se requiere algún mecanismo de dispersión. Eso quiere decir que luego de un rato, el polvo irritante decanta y queda activo por al menos 5 días. Cualquier mecanismo de dispersión (tráfico o intentar barrerlo) lo volverá a levantar”. 

En entrevista para este reportaje, el experto a su vez tiene reparos sobre el uso de continuo de armas químicas. “Sobre el gas lacrimógeno  no hay estudios de largo plazo que nos puedan guiar respecto a sus posibles efectos. Y esa es la gran dificultad con respecto a la utilización de estos dispositivos y ornamentos químicos en protestas civiles, que no hay información. Deberíamos cuestionarnos su uso continuo, llevamos demasiado tiempo expuestos”, dice el experto. 

Un apedreo y un intento de detención

“Una vez nos rompieron todos los vidrios del tercer piso”, recuerda Pablo Jara de Culto Bar. Esa vez, el único incidente de violencia física que han tenido en Culto, los manifestantes lanzaron piedras al local. “Resguardamos a los clientes y salimos hablar con los encapuchados para hacerles entender la estupidez que estaban haciendo”, explica Jara. 

Sin embargo, no es el único incidente que ha ocurrido en el sector. El administrador del Café 202, Marcelo Medina, recuerda su encuentro con Carabineros. 

Mientras se encontraban con el local abierto, un grupo de encapuchados pasaron corriendo por fuera. Fuerzas Especiales los venía persiguiendo. Según Medina, lanzaron el carro encima de los jóvenes. “Esto ocurre en un ambiente lleno de gases, cometí el error de salir a ver si habían atropellado a algún niño, porque eran niños, con mi pañoleta puesta. Cuando un paco me agarró del hombro, me percate que no me había sacado el pañuelo, entonces seguramente pensaron que era un encapuchado más”, recuerda. El uniformado lo intentó llevar preso pero los mismos clientes se involucraron verbalmente, haciéndole saber que trabaja allí. Finalmente, lo soltaron. 

Los efectos en el comercio

El impacto de las lacrimógenas y los enfrentamientos también llegó a los bolsillos de los locatarios. Según Pablo Jara sus ventas han bajado considerablemente. “No hemos podido trabajar con normalidad, en promedio las ventas han llegado entre un 5% a un 10% de lo que teníamos antes. Lo que ha incurrido en que hayamos echado a casi todo el personal para simplemente dejar el justo y poder aguantar por si esto se normaliza y poder seguir trabajando”, relata Jara. 

Después de casi dos meses desde el estallido, las calles medias rotas, las paredes ralladas y el olor a lacrimógena que brota desde el piso, Jara no ve el mejor pronóstico.  “Nosotros ahora estamos en una posición media desesperada, en donde si esto no se disgrega rápido, vamos a que morir y el proyecto va a tener que fallecer. Estamos tomando todas las medidas de ventas y marketing que estén en nuestro alcance. Pero esto es obviamente más fuerte que nosotros”.

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Gloria, la residente del barrio, con un deje de optimismo dice que no se piensa ir jamás, que aún considera el lugar un barrio acogedor. “Es que la generación mía que para el golpe tenía 17 años, vamos a sobrevivir a todo. Tenemos la piel dura, ya no nos vota algo así. Quizás afecta a la gente muy mayor que no sabe que hacer, ya no quiere salir a la calle, que no es el caso mío, mi salud mental está bien”. 

Las paredes no discriminan: El arte urbano durante el estallido social

Mensajes de protesta, personajes revolucionarios, el perro “Negro Matapacos” y hasta el jugador de la selección chilena Charles Aránguiz se han tomado las paredes de Santiago. Tras el estallido del 18 de octubre, el arte urbano se ha hecho presente día a día en las calles de la ciudad. Desde grafitis, pasando por fotos y dibujos, hasta collages, se han transformado en una forma de expresar el descontento social. El GAM, ubicado a pocas cuadras de la Plaza de la Dignidad, ha sido un punto importante donde los diversos artistas han dado vida a su arte. 

Por Felipe Valdés y Camilo Vega

Las paredes de la Alameda hablan. A medida que uno se acerca caminando hacia Plaza de la Dignidad, se va encontrando con numerosas intervenciones artísticas en las murallas. Desde mensajes de protesta hasta pinturas y murales. El arte urbano se ha hecho presente tras el estallido social y ha re-decorado los sectores cercanos al punto donde los manifestantes se reúnen para expresar su malestar. El GAM ha sido uno de los puntos donde los artistas han expresado su descontento a través de su arte. Imágenes del perro “Negro Matapacos”, Gabriela Mistral con un pañuelo feminista, Felipe Camiroaga como un santo y Charles Aránguiz pateando a un carabinero son algunas de las postales que han adornado el icónico edificio. Un espacio donde se democratiza una actividad tachada muchas veces de “elitista”.

Las calles se han transformado en un “Museo del Pueblo”, como lo catalogan algunos artistas. Una de ellas es Paloma Rodríguez, artista visual que trabaja el estilo paste up. Para ella, el arte urbano cobra relevancia durante las manifestaciones sociales. “No me extraña que el arte haya sido una de las armas más potentes para denunciar lo que está sucediendo y que las calles se hayan convertido en las nuevas vitrinas de estos mensajes, a lo largo de la historia siempre ha sido así y es la única manera de visibilizar lo que realmente está sucediendo de una manera sensible y honesta”, comenta Rodríguez. 

El sentimiento entre los artistas es transversal tras el 18: la sensación de aportar durante el movimiento. El pintor Pablo Woltron así lo explica: “Desde el día uno sentí que tenía que ponerme a dibujar, a promover, a hacer dibujos e ilustraciones. Siento que todas las personas debemos abocar nuestras habilidades y talentos a la protesta”. Además, Woltron enfatiza en la lucha de los artistas urbanos: “La única forma de cambiar nuestra realidad es abarcando toda la realidad posible como una trinchera de lucha, todos los frentes son válidos”. 

A raíz de este contexto, los colectivos han proliferado en plataformas como Instagram para difundir el arte urbano tras el 18 de octubre. Uno de estos es el Colectivo Itinerante, iniciativa empezada por los artistas cuyos seudónimos son Widoft y Dadahm. “La idea nació por un tema político, de acercar el museo y las galerías de arte a la gente”, comenta la artista Dadahm al respecto. “Nuestra idea es que se generen microespacios con las personas, comunicándonos a través de manifestaciones artísticas como pintura, fotografías e ilustraciones”, complementa. 

GALERÍA FOTOS: https://player.slices.co/stories/-Lx6XbHK5asRu7B0Udnn

De la élite a la calle

Si bien hoy las calles se han repletado de intervenciones artísticas, los mismos protagonistas aseguran que el arte no deja de ser una práctica elitista. Sin embargo, ven en este movimiento social la oportunidad de acercarse a la gente. “En un mundo cotidiano y normalizado el arte es muy elitista, y esta es la oportunidad de sacarlo a las calles y acercarlo a la gente, y me parece que lo agradecen y su respuesta ha sido muy positiva”, señala al respecto Paloma Rodríguez. 

Vía: @PalomaRodríguez.cl

“El arte de galería y de museo está obsoleto. Actualmente se está instaurando una cultura de arte urbano y de cultura de arte a través de instagram, por ejemplo. Se difundió harto las artes tras el estallido social, sobre todo lo de pegar arte. Nosotros lo propusimos pero nos dimos cuenta de que fue algo innato que hizo la gente. Los muros se transformaron en lienzos”, comenta Dadahm sobre el paso del arte de espacios cerrados hacia la calle tras el estallido social. 

Cristián Schaad es un Ingeniero Civil Mecánico de la Universidad de Chile, muy cercano al mundo de la ciencia de datos. En sus años de pregrado, participó en diversas actividades del centro de alumnos, lo que contemplaba la gestión de colectivos artísticos y otros grupos de intervención urbana. “En esos años, aprendí que el arte es algo que está en todos lados” comenta, rebatiendo la noción de que es una actividad acotada a un grupo de ciertas características y/o paladares. 

El arte puede ser una actividad refinada, donde se requiere tener un cierto nivel de instrucción, pero en otra medida es un espacio donde se catalizan las emociones más profundas de las personas, eso explica en buena parte el auge del arte como protesta en los espacios públicos. 

“La calle es el campo de batalla de esta ‘guerra social’. Ante eso, el medio de contrainformación, difusión y propaganda de las ideas del pueblo más confiable es la pared. No hay un intermediario, es sin edición”, comenta el artista Pablo Woltron sobre la importancia de las murallas como medio para manifestar el descontento social tras el 18 de octubre. “La pared aterriza a un plano material las demandas”, cierra el pintor. 

Vía: @Woltron

“En un mundo donde las jerarquías están en todos lados, en el arte callejero es donde menos se discrimina. Los modelos para describir la realidad siempre categorizan las cosas, y en ese sentido valoran algunas más que otras. En el arte callejero, lo interesante es que prácticamente cualquiera puede plasmar su obra, sin un juicio previo que determine tus resultados antes de que las cosas pasen”, estableció el ingeniero. 

Paloma Rodríguez profundiza más en esto y señala que: “hay trabajos buenísimos y muchos artistas no tan conocidos muy talentosos que la gente ha podido conocer gracias a este movimiento o al artivismo (como se ha denominado)”. “Las paredes no discriminan y es un arte totalmente transversal”, cierra su análisis la artista.

Estrés pre-PSU: Las consecuencias del aplazamiento de la prueba

A exactamente dos semanas de que se lleve a cabo la polémica PSU, los ánimos de quienes rendirán la prueba no son de los mejores. Luego de que la fecha se moviera en primera instancia a la primera semana de diciembre, para finalmente confirmarse que sería el 6 y 7 de enero, egresados como Fabiola Garuti (18) se han visto atrapados en la sensación de que cuarto medio nunca terminó. A horas de navidad, la joven relató su experiencia.

por Javier Machuca y Andre Zambra

Hacían 34° grados de calor en la capital de Santiago. Fabiola Garuti abre el portón de su casa e invita a pasar al comedor. Éste se puede dividir en dos secciones: por un lado está lleno de papel para envolver regalos y en el otro, pilas de ensayos PSU. “Los de la derecha -la torre más alta- están contestados, estos son los que me faltan”.

La joven de 18 años salió el 1 de noviembre del colegio Southern Cross de Las Condes, donde estudió desde pre-kinder. Desde marzo, la institución comenzó a evaluar los ensayos que hacían los estudiantes de cuarto medio con notas al sistema. Mecanismo que Fabiola explica, probaron en su generación. Sumado a los ensayos obligatorios del colegio, Garuti estaba en el Preuniversitario Cepech para ciencias y lenguaje, complementado con clases particulares para matemáticas. “Es la única forma de que me vaya bien”.

Su meta era obtener los puntos necesarios para entrar a Ingeniería Civil Industrial en la Universidad de Chile. Benjamín Fazio, su pololo desde 2018, afirma que el año ha sido difícil para ella: “estaba metida 100% en estudiar. A veces se pasaba el fin de semana triste porque en el ensayo no le había ido como esperaba. Incluso no disfrutó sus actividades de egreso por estar concentrada en la PSU”. La tortuosa relación entre Fabiola y la prueba se intensificó en octubre, donde empezaba la cuenta regresiva.

Sin embargo la historia se encargó de contar otra cosa. El día 14 de octubre, Chile entró en un estado de constante manifestación que terminó con estado de emergencia, toque de queda, represión, cientos de heridos y personas fallecidas. El estallido social tuvo repercusiones en todos los ámbitos del país, incluyendo el educacional. Dada la extensión de la revuelta, el DEMRE dictaminó que la PSU pasará del 18 y 19 de noviembre al 2 y 3 de diciembre.

Para Fabiola el primer cambio de fecha resultó como ayuda divina. En medio de la distracción que le generó el estallido social, el DEMRE le entregaba aproximadamente dos semanas para reforzar. Finalmente, la decisión sería revocada, cambiando la prueba una vez más, esta vez para el 6 y 7 de enero. Algo que no cayó bien a la joven y sus compañeros: “Me acuerdo que estábamos juntos el día que anunciaron que se movía de nuevo la PSU y hubo mucho silencio. Parecía chiste pero nadie se reía, estábamos devastados”.

Fabiola explica que la nueva fecha no dejó conforme a ninguno de sus amigos. “Todos pensaban en la navidad y en año nuevo. Era nuestro último fin de año como escolares y ahora en todo lo que pensamos es PSU”. En adición al fin de año más sombrío para los egresados, Fabiola se vio obligada a cancelar un viaje que tenía planeado desde enero del presente año, perdiendo pasajes y la oportunidad de conocer el sur de Chile.

Benjamín Fazio reconoce que el tema de la PSU ha tenido repercusiones negativas en su polola. “Está todo el día metida en ensayos, ni siquiera sé cómo lo hace para seguir consiguiéndolos. No sale y si llega a tener un poco de tiempo, voy a verla para contenerla. Está obsesionada, de hecho no sé cómo lo hicieron para que les diera una entrevista”. Según describe el joven, Fabiola no duerme bien y no anda de buen humor, sumado a  heridas en los dedos por morderse las uñas y perdida excesiva de pelo.

Constanza Lahsen, de la Universidad de los Andes afirmó que “la carga emocional y afectiva que puede producir este tipo de pruebas tan importantes es crucial a la hora de trabajar el estrés pre PSU. En muchos casos, las personas dejan de lado su vida solo para enfocarse en lo que es la prueba, y si ese periodo se extiende, también se extiende esta carga y puede llegar a acumularse más”.

Para Mateo de la Fuente, profesor del Preuniversitario Centro de Estudios Matemáticos, el caso de Fabiola es común. “Hay un ánimo terrible en todas las clases y conversando con las alumnas uno se da cuenta que están desgastadas”. En el lugar donde hace clases extendieron los cursos por todo diciembre con una cuota extra, en función de apoyar a los alumnos previo a la prueba que define su vida. “Creo que no es una buena decisión dejar de estudiar porque son muchos contenidos y se pierde el hilo de todo el año”.

El profesor cuenta que ha visto casos de alumnos que llegan a llorar de frustración, quienes le dicen que es imposible seguir recordando algo que aprendieron en marzo. “Parece una tortura que les extendieran tanto el periodo para estudiar, porque finalmente si se quedaban con lo aprendido hasta noviembre, dejaban un mes y medio vacío. Si les va mal se van a sentir culpables por no estudiar hasta el final”. De la Fuente sostiene que la prueba perfectamente se podría haber realizado la semana del 16 de diciembre, dándole fiestas sin estrés a los estudiantes.

Por su parte, cree que el tema se podría haber manejado de mejor manera. “No soy experto de ninguna manera, pero creo que había otras soluciones posibles”. Mateo pone sobre la mesa la posibilidad de que por caso excepcional se eliminara la PSU para el proceso de selección de 2020 y se utilizara solo NEM y ranking para ingresar el segundo semestre. También dice que la opción de realizar una PSU a mitad de año no debería ser tan descabellada, destacando siempre que esta es una oportunidad para finalizar con este sistema, creyendo fielmente que se puede mejorar: “siempre en pos de los alumnos”.

Las posibles soluciones no son un tema para Fabiola, quien empieza a mirar la pila de ensayos sin terminar. Hace alusión al caso de los psicópatas de Viña, que esperaban a ser fusilados. “Es como una sentencia de muerte, algo que uno sabe que va a pasar y llega entregado, incluso con más incertidumbre. En la guillotina uno sabe que va a terminar muerto, en la PSU, no”.

Por lo pronto lo único que la joven sabe que puede hacer es seguir matándose estudiando, y tratar de disfrutar las fiestas de fin de año, esto sin dejar un día de descanso, para que haya valido la pena todo el 2019 de estudios. Ni siquiera quiere pensar en que los resultados no sean suficientes, porque la sola idea de tener que prepararse para la PSU una vez más le provoca escalofríos.