Ciberbullying: de lo virtual a lo real

Por: Florencia Dinamarca

Bulimia, anorexia y depresión fueron solo algunas de las secuelas que sufrió Isabel Barros luego de ser víctima de ciberbullying por más de 5 años.

Desde que se cambió de colegio en el 2010, la vida de Isabel Barros (21) cambió radicalmente. En aquel año comenzaba séptimo básico y, por problemas económicos, tuvo que dejar su casa y colegio en Chicureo, para cambiarse al Colegio Inmaculada Concepción, en Vitacura. Apenas entró, sus compañeros comenzaron a burlarse constantemente de ella: “Fue de la nada, súper repentino, desde los primeros días que llegué. Poco a poco fue subiendo la intensidad”, comenta Isabel.

En un principio, el bullying era en persona, pero rápidamente se trasladó a las redes sociales, principalmente a Messenger -que todavía se usaba- y Facebook. “Me molestaban por todo, porque usaba anteojos, por mi piel, por enferma mental. Hacían revistas y las publicaban con votaciones de quién era la más fea”, cuenta la joven. Uno de los comentarios que más la hirió fue cuando le preguntaron si es que se daba besos con la almohada, porque “con lo fea que era, no tendría con quién”.

Isabel en las alianzas del colegio (es la del medio)

Los padres de Isabel fueron en reiteradas ocasiones al colegio, ubicado en El Litre 1410, pero las respuestas eran siempre similares: “Nunca tomaron medidas concretas, lo negaban y miraban en menos y decían “a la Isabel no la molestan, ella molesta”, afirma Barros.

El bullying, tanto en persona como cibernético, no disminuyó hasta el año 2014, cuando Isabel cursaba III° medio. “Ahí yo dije “esto se acabó” y empecé a investigar y caché que la Ley de Convivencia Escolar había cambiado. Entonces, denuncié al colegio y conté todo. Estuvieron dos semanas investigando, porque el proceso tiene distintas fases”, relata Isabel.

La Ley de Convivencia Escolar (ley 20.536), promulgada el año 2011, tiene como propósito promover una buena convivencia en todos los establecimientos educacionales del país, a través de estrategias de prevención y protocolos. Asimismo, estipula que todas las autoridades y personal de los establecimientos deben estar debidamente capacitados para incentivar un buen ambiente escolar. De no adoptar las medidas que su propio reglamento indica, la institución podría ser legalmente sancionada.

Sin embargo, el Ministerio de Educación determinó no sancionar al colegio, ya que, según Barros, ellos presentaron documentos que acreditaban que habían tomado medidas para frenar el acoso que sufría. En medio de todo este proceso, la rectora del colegio citó a la joven y a sus padres para increparla. “Ella no entendía por qué yo había hecho eso, que cómo se me había ocurrido denunciar. Yo le dije “lo hice únicamente porque ustedes no habían hecho nada y la situación sigue””, afirma categórica.

Sin saber exactamente por qué, Barros cuenta que, a partir de aquel entonces, nunca más fue víctima de bullying. Piensa que, como el colegio vio de lo que era capaz, se asustaron y decidieron tomar medidas concretas frente a la situación. Así, Isabel pudo terminar IV° medio y egresar del lugar que, por más de cinco años, fue su infierno.

Escucha la historia completa de Isabel Barros:

El niño detrás del matón

Las secuelas psicológicas que sufrió la joven fueron nefastas. Apenas todo comenzó, desarrolló anorexia y bulimia e intentó suicidarse más de una vez. Pensó en cambiarse de colegio, pero sabía que sus padres estaban pasando por una crisis económica aguda y el Inmaculada Concepción era una opción asequible para ellos.

Como era de esperarse, Isabel tuvo que someterse a diversos tratamientos psicológicos y nunca pudo terminar un año con normalidad, siempre presentaba un certificado médico y dejaba de ir al colegio antes que sus compañeros. Hoy, admite que las secuelas continúan: “Tengo estrés post traumático y, obviamente, me ha traído problemas sociales. Evito la relación con el otro por miedo a que me juzgue, que me critique. Mi sueño el día de mañana es poder hacer charlas para disminuir esto”, comenta la joven.

Frente a esto, Andrea Navarrete, psicológica de la Universidad de Concepción, afirma que el bullying -sea cibernético o no- es “terrorífico para la víctima”, porque como muchas veces los ataques son anónimos y emitidos a través de cuentas falsas, la persona no sabe exactamente de dónde viene la agresión. Además, indica que se genera “desvalorización de sí mismo, autoestima baja, temor a las relaciones sociales y se pierde la espontaneidad y creatividad, porque las víctimas siempre están en guardia, asustadas”.

Asimismo, Navarrete dice que, detrás del victimario, se esconde “un niño con muchas dificultades, con inseguridad, falta de confianza y que, probablemente, haya sido abusado. Él funciona disociado, es decir, le saca el afecto a lo que hace, como si no le importara. Esta disociación le permite cometer abusos y ser agresivo, sin sentirse mal”.

Según la psicóloga, es probable que el victimario viva en un ambiente donde las agresiones están naturalizadas y por ello es difícil trabajar directamente con él. Por eso, recomienda enfocarse en el público que presencia estos ataques, que generalmente son los compañeros de curso. “Muchas veces lo que le pasa a los niños que están mirando es que se sienten protegidos en el anonimato, en el sentido de que de alguna manera la agresión está dirigida a otra persona y no a ellos y eso es un alivio, una sensación de protección. Por eso es importante que los espectadores se unan con la víctima”, afirma. En el fondo, Navarrete indica que lo más fructífero en estas situaciones es conversar con todo el curso y abordar la problemática desde ahí, haciendo énfasis en lo mal que está la actitud del victimario y reforzando valores que permitan visibilizar la cobardía con la que actúa.

Una lucha persistente

Luego de la muerte de Katherine Winter -joven de 16 años del Colegio Nido de Águilas que se suicidó este año- el ciberbullying estuvo en la agenda mediática, pero solo por unos días. Sin embargo, hay diversas autoridades e instituciones, como la Fundación Liderazgo Chile y Pix Too Me, que reconocen las graves consecuencias que puede traer este acoso.

Entre los políticos que han puesto atención al tema, se destaca Sebastián Keitel y Evópoli, quienes el 27 de agosto firmaron un documento para modificar la ley 20.370 y permitir que aquellos que acosen cibernéticamente reciban una sanción penal.

Asimismo, el Ministerio de Educación creó una campaña llamada “Hay Palabras que Matan”, que cuenta con un sistema de monitoreo virtual que detecta amenazas, acosos y palabras ofensivas en tiempo real, en plataformas como Facebook, Twitter e Instagram. Una vez que el programa detecta estas palabras, envía un mensaje a la cuenta que las emitió, haciendo énfasis en las consecuencias nefastas que pueden traer estos actos.

Sin ir más lejos, el lunes 10 de diciembre, la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados invitó a Arnaldo Canales, presidente de Liderazgo Chile, junto a cuatro expertos, para conocer profundamente el proyecto que está impulsando la fundación, llamado “Ley de Educación Emocional”, que pretende crear una asignatura obligatoria para establecimientos educacionales, que desarrolle habilidades socioemocionales en los alumnos y promueva un mejor ambiente escolar.

“Todos reconocen, comprenden y saben lo importante que es educar la emocionalidad, pero no lo aplican en políticas públicas, porque si uno mueve una tecla, está modificando muchas cosas. Es una posición súper cómoda: nadie se mete en estos temas porque son complejos”, afirma Canales. Si bien descarta la opción de que el 2019 este proyecto se materialice, espera que, cuando se termine el gobierno de Sebastián Piñera, la educación emocional ya esté incorporada en la malla curricular.

Liderazgo Chile tiene su foco en la prevención de las agresiones y por eso Canales sostiene que es fundamental educar antes de castigar. “Nosotros apostamos por la prevención. Por muchos talleres que uno haga de dos horas, al niño se le olvida al rato, y así es difícil que desarrollen la empatía y no sean cómplices de violencia o acoso en el aula“, afirma el presidente de la fundación.

Canales destaca que, actualmente, el encargado de convivencia escolar es el profesor que dispone de menos horas -tan solo cuatro mensuales- y tampoco está capacitado correctamente, por tanto, no es mucho lo que puede hacer. Además, hace énfasis en que la jerarquía escolar impide que haya un trabajo en conjunto, pues muchas veces los que son conscientes de los problemas de los alumnos son los que hacen el aseo, los que trabajan en el casino, etcétera. Por esto,  indica que los colegios debiesen hacer estrategias y planes en conjunto, que involucren a todo el personal escolar, y que todos debieran estar correctamente entrenados para enfrentar situaciones agresivas.

Carmen Gloria Castro, licenciada en ciencias de la educación y creadora de la aplicación Pix Too Me –plataforma que permite una comunicación expedita entre profesores, apoderados y alumnos- reconoce que hay algunos establecimientos que han tenido más éxito que otros en cuanto a prevenir y frenar el ciberbullying y esto tiene relación con el estrato socioeconómico de ellos, ya que aquellos que tienen más poder adquisitivo han contratado expertos que analizan el entorno virtual de los alumnos y así crean estrategias que permiten saber cómo actuar.

Sin embargo, Castro afirma que el ciberbullying en sí es un fenómeno transversal que no hace distinciones. “El ciberbullying es una agresión y la agresión se da en todos los estratos”, afirma. La creadora de Pix Too Me destaca que ya hay más de 4.500 establecimientos en Sudamérica que utilizan su aplicación y al menos 10 colegios en Chile pagan por ella, ya que es “freemium”, es decir, ofrece ciertos tipos de servicios gratuitos y otros pagados, al igual que Spotify.

“Hemos logrado que se fortalezca la relación entre el profesor y el apoderado y nos hemos percatado de que hay situaciones en que los profesores les preguntan a los padres por algunos estados anímicos de los alumnos”, afirma Castro. Ella cree que esta “red de comunicación ayuda a que cualquier mala actitud esté controlada” y por eso sostiene que Pix Too Me combate el ciberbullying y permite que tanto docentes como apoderados estén alertas al respecto.

Por otra parte, Arnaldo Canales hace énfasis en lo importante que es que los padres pasen tiempo de calidad con sus hijos y que regulen el uso de los artefactos tecnológicos, que sepan cómo se desenvuelven en aquel ambiente. Además, afirma que la edad apropiada para que un niño tenga un celular es desde los 10 años, de lo contrario, no está preparado para saber las amenazas a las que se enfrenta. Por último, destaca que el ciberbullying es un fenómeno que irá en aumento y que no parará hasta que se trabaje en una prevención temprana, es decir, a partir de los 4 o 5 años de edad, pues “la tecnología en sí no es mala, el tema es cómo nos educamos para comprenderla”.

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