Casa UP de Estación Central: la fábrica que quedó atrapada entre dos edificios

Esta semana una nota de Las Últimas Noticias (LUN), dio a conocer el caso de una casa isla atrapada entre dos edificios de 19 y 36 pisos. En conversación con Página Abierta, la dueña de la propiedad, Maritza López, declara: “Viví dos años sintiéndome violentada”.

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Maritza López

-¿Me da una empanada de pino por favor?- le pregunta un jefe de obras a quien atiende el local.

-Sí enseguida. Son 1.500- le responde Maritza.

Son las 12 del día y Maritza López (55) como de costumbre se encuentra en plena jornada laboral en la Fábrica de Masas y Empanadas Los Gansos, local del cual es dueña hace 15 años. Los diálogos con los clientes al interior de la tienda se mezclan con el ruido del alto flujo de  automóviles que transitan por la calle y con el sonido de los taladros y las grúas que transportan materiales, proveniente de dos torres en construcción que rodean el local.

“La historia comenzó hace cuatro años cuando las inmobiliarias me comenzaron a preguntar si es que vendía la propiedad. Me negué ya que el dinero que me ofrecían era solamente el valor de mercado del  terreno”, cuenta Maritza mientras atiende a las personas que entran al lugar. De acuerdo a esta emprendedora, no llegó a un acuerdo con las inmobiliarias debido a que estas no consideraron el valor comercial que ha logrado generar su negocio en el sector.

Aparte de recibir ingresos por el local de empanadas, López genera ingresos por arrendarle una parte del primer piso de la casa comercial a un empresario que puso un minimarket y la segunda planta de la propiedad a dos familias que viven ahí.

A diferencia de sus vecinos, Maritza se negó a vender su propiedad ubicada en avenida Ecuador con la calle Radal. Como consecuencia, su terreno quedó cercado por dos edificios en construcción, uno de 19 pisos y otro de 36. “La gente me dejó de ver  porque quedé perdida entre las dos torres”, cuenta Maritza.

Para esta emprendedora, la peor parte del proceso de construcción fueron los daños materiales. Las paredes y el techo de su casa comercial se trizaron con las vibraciones de la obra y en marzo de este año le atravesaron una varilla de fierro a una de las paredes de su local . “Además de los molestos ruidos, tenía la tienda llena de polvo, algo que no es menor porque vendo comida. Viví dos años sintiéndome violentada”, señala López.

Sin embargo, el balance que hace Maritza de la situación no es del todo negativo. Admite que las inmobiliarias se han hecho cargo de los daños  materiales y que hasta le hicieron un letrero de grandes proporciones para que su clientela pudiera ver el local de empanadas.  Su mayor crítica es a la municipalidad de Estación Central por no haberla apoyado con anterioridad. “Recién me llamó hace dos días el alcalde para conversar. Yo le dije que llegó tarde”, cuenta López.

De acuerdo a la directora de Obras Públicas Municipales de Estación Central, María Isabel Gaete, “hubo varios intentos de hacer un plan regulador y no llegó a fin. Estas tremendas torres se pudieron erigir porque solo se rigieron por las normas generales”. Gaete asegura que en estos casos la municipalidad no puede hacer más que asesorar al contribuyente que consulta y ver qué se puede hacer.

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María Isabel Gaete

Por otro lado, la funcionaria pública de Estación Central señaló que la propiedad de Maritza López solo tiene permiso para uso comercial y no habitacional. “Ella tiene arrendada la parte de arriba de vivienda en una propiedad que no es habitacional, ahí no puede vivir nadie”, sentenció Gaete.

Desde la perspectiva del presidente de la fundación Defendamos la Ciudad, Patricio Herman, el hecho que se den fenómenos de casas islas “no pasa por un plan regulador, sino que  pasa por un déficit que tenemos como país en el ámbito de hacer ciudad. En Chile, a pesar de tener un Ministerio de Vivienda y Urbanismo, no existe el urbanismo. Y agrega que esto se explica   “porque los diferentes gobiernos han privilegiado los intereses de los actores privados que lucran con la explotación del suelo”.

Desde su fábrica de empanadas, Maritza reflexiona sobre la construcción de las torres: “Lo malo ya pasó. Ahora me voy a enfocar en captar a los nuevos futuros clientes que vivirán en las torres”, dice López me manera optimista.

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