El relato más crudo del Estadio Nacional

Los Derechos Humanos han dado qué hablar estos días. Los dichos del ex ministro Mauricio Rojas sobre el Museo de la Memoria y la manifestación cultural que hubo en la explanada del recinto de Quinta Normal que reunió a más de 13.000 personas; sumado a la decisión de la Corte Suprema de otorgar la libertad a condenados por crimines de lesa humanidad no han dejado indiferente a organizaciones y sectores políticos. El Estadio Nacional, principal coliseo deportivo del país, no se escapa de esta realidad. Dentro de sus inmediaciones, está escrito uno de los episodios más oscuros que le tocó vivir a Chile: la violación de la integridad física y moral de cientos de personas.

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Wally Kunstmann está sentada sobre una jardinera emplazada frente al camarín de varones del Estadio Nacional.

Con tranquilidad poda las flores de su lugar de descanso, el mismo que, 40 años atrás, ejerciera como uno de los centros de detención y tortura más emblemáticos de la dictadura. Wally, de hecho fue una de las personas que sobrevivió a  los vejámenes, y actualmente es presidenta de la Corporación Estadio Nacional Memoria Nacional.

En honor a la memoria, Kunstmann dice que es primordial mantenerse firme frente a los actores que niegan las consecuencias de la dictadura. “Llamo a mis compañeros y compañeras de los otros centros y a la ciudadanía a accionar  y a no permitir que nos estén pasando encima”.

Sus palabras adquieren un matiz especial luego de una semana marcada por la presencia de los derechos humanos en la agenda del país, a raíz de la salida del exministro de las Culturas, Mauricio Rojas, quien tildara como un “montaje” el Museo de la Memoria.

“El Gobierno no tiene convicción. No conocen esa palabra. Promueven la reconciliación y el derecho a la vida y, ¿nosotros con quién nos reconciliamos?”. “Cuando ellos dicen lo que dicen (en contra de los D.D.H.H.) es porque lo sienten, eso es lo grave”, sentencia Wally.

EL TOUR

Moisés Mendoza, colaborador de Extensión y Cultura de la Corporación Estadio Nacional, es el encargado de dar vida a uno de los relatos más crudos que se han narrado dentro del recinto. Y no se trata de una derrota o un impasse deportivo, sino de la lamentable situación que muchos chilenos opositores al régimen militar tuvieron que vivir.

El relato comienza dentro del recinto, entre la Avenida Grecia y la escotilla número ocho del coliseo. Ahí está el monumento que lleva el mismo nombre: Memorial Grecia. Dicho lugar está ubicado de manera estratégica ya que, cuando ocurrían detenciones, los prisioneros veían a sus familiares y amigos desde las escotillas hacia la calle, con la incertidumbre si sería la última vez que se encontrarían.

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El camino continúa por la escotilla número ocho, que hoy permanece cerrada al público porque se encuentra en labores de recuperación de los escritos que los prisioneros hacían en las paredes y que fueron tapados por pintura en remodelaciones posteriores.

Dentro de las ocho escotillas del estadio, cada una conserva el mismo aspecto: oscuras, frías y húmedas. Dentro de la número siete, es posible apreciar un grabado que data del 23 de septiembre del 1973 y que fue hecha por uno de los prisioneros. En ella, la persona marcaba los días que llevaba dentro del recinto.

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En cada uno de estos compartimientos, eran detenidas alrededor de 400 personas. Por eso se estima que 20.000 ciudadanos pasaron por el recinto, a pesar de que el informe Valech los sitúa en ocho mil.

En el recinto, mientras avanza tour guiado, se desarrolla un Campeonato Inter-escuelas de las Fuerzas Armadas. Moisés se detiene, mira a la gente con sorpresa y dice que el Estadio Nacional es diverso. Ya en la tribuna marquesina explica cómo funcionaba la tortura y la posición que se les daba a los detenidos. En alta marquesina se posicionaban a políticos, en marquesina sur a los detenidos extranjeros y bajo marquesina al campesino, obreros y a quienes venían de los cordones industriales. Más tarde, Mendoza señala que quedó impactado y perplejo, pues nunca le había tocado dar el tour con militares dentro del Estadio. “Fue raro, los mismos que estaban allá abajo hace un tiempo atrás llevaron a cabo las torturas y violaciones” afirmó.

El circuito continúa. Bajo la tribuna Andes Norte se esconde un lugar frío y húmedo. Es posible ver los hongos en el techo: comienzan los camarines del estadio. El recinto cuenta con 28 de ellos, y el número tres mantiene la misma estructura que hace 45 años atrás. Sin embargo sus paredes fueron pintadas, lo que hace difícil encontrar vestigios.

En un camarín de nueve metros por siete se aprisionaban a cien personas. Ahí debían acomodarse y turnarse para ocupar los baños y dormir. Los militares en las noches amedrentaban a los prisioneros disparando a las ventanas. Aún es posible en el vestidor número tres apreciar el paso de los proyectiles balísticos. En el pasillo, lo único nuevo es un pequeño memorial con fotografías que refleja la historia desde que el expresidente Allende fue elegido hasta la salida de prisioneros el año 1973.

En el velódromo se llevaban a cabo las torturas. Lugar donde no se puede acceder ya que está en remodelaciones. Al volver al camarín de varones, donde Wally estaba sentada, hay una estructura que lo envuelve. Las mujeres que eran detenidas ahí se las arreglaban para llevar la vida más amena. Hay una estructura que lo cubre, que tiene vidrio. El arquitecto lo hizo de esa manera para reflejar la “fragilidad de la mujer”. Mendoza afirma: “la mujer lo menos que fue ser frágil. Fue más Valiente que los hombres. Resistió más que los hombres. Si un militar quería hacer algo tenía que ser fuera del camarín. Dentro nunca hicieron nada”.

Mendoza finaliza el tour en el paredón del camarín norte. Antes de que las mujeres fueran detenidas en ese lugar, el 26 de septiembre de ese año, funcionó como paredón de fusilamiento. Cuando las mujeres llegaron, había sangre regada en el piso y, en las reconstrucciones posteriores se encontraron restos balísticos.  Ahí, el encargado de educación hace una reflexión final: resinificar la frase nunca más. “Las violaciones a los Derechos humanos siguen sucediendo. Suceden en contra de las minorías sexuales, migrantes, personas con discapacidad. No vale la pena venir a hacer este tour si no tomas conciencia realmente y seguimos repitiendo los mismos patrones de violencia”.

El Estadio Nacional tiene en sus paredes proyectiles balísticos y una historia que muy pocos conocen, sin embargo, se puede sentir lo que ahí sucedió, además de que aún mantiene de manera íntegra las estructuras que datan de esa fecha.

Además del recinto deportivo, Villa Grimaldi, la Casa de Tortura de José Domingo Cañas, Londres 38 y el Museo de la Memoria retratan una historia negra del pasado de la nación, que aún está distante de hacer justicia a los familiares y víctimas de la violación de los derechos más importantes del ser humano, el derecho a vivir.

 

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