Los débiles limites de la privacidad en la era de Whatsapp

Desde 2010, las denuncias por filtraciones de fotos íntimas sin consentimiento han ido en aumento, de 50 a más de 140 en 2015. A pesar de la problemática, Chile no cuenta con una ley específica que proteja la intimidad de los usuarios en internet.

Suena el reggaetón a todo volumen en un departamento frente al Parque Bicentenario, en Vitacura. Más de 15 jóvenes, todos estudiantes de Publicidad en la Universidad del Pacífico, celebran el fin del semestre. Daniela, de 22 años, toma un sorbo de su vaso de piscola, mientras espera que un compañero le de un poco de marihuana en una pipa. Apenas fuma, su compañero se acerca y le dice, evidentemente borracho: “Dani, tu me caís demasiado bien, ¿sabís por qué?”. Daniela se ríe, y con la cabeza hace el gesto de no saber. “Me caís bien porque erís bizarra, y me encantan las minas bizarras”, le responde a Daniela, quién cada vez entiende menos a su compañero. “¿Y te digo por qué sé que erís bizarra? Porque el año pasado tuve clases con el Gianfranco, y me mostró unos vídeos tuyos, me contó lo que hacían en la cama”.

Daniela escuchó esto y sintió que se iba a desmayar. Se dio vuelta y justo encontró a una de sus mejores amigas, la que al ver su cara le preguntó que pasaba. “El Gianfranco anda compartiendo mis fotos, las que le mandé desnuda”, y se largó a llorar desconsoladamente, mientras su amiga intentaba consolarla, sin entender mucho.

El departamento era pequeño, y otro compañero se dio cuenta de la situación. Se acercó a las chicas y sin ser parte de la conversación, se metió y dijo “¿Aprendiste tu lección?”. Daniela, con lágrimas en los ojos, lo miró y le preguntó que de qué lección estaba hablando. Él, con una confianza que no tenían ya que ni siquiera eran amigos, respondió “A no andar mandando fotos en pelota po, ¿qué esperai si haces eso? No puedes quejarte ahora”.

Daniela cursa último año de Publicidad en la Universidad del Pacífico. Fue en esta universidad que conoció en 2014 y a los 19 años a Gianfranco, un alumno de la misma carrera, pero tres años mayor. Estuvieron en una relación por un año, hasta que él terminó con ella.

Tres años después, y luego de la fiesta, Daniela no podía dejar de pensar en esas fotos que se tomó desnuda frente al espejo y que había mandado solo porque Gianfranco se las pedía. Jamás había hecho algo así, pero estaba tan enamorada que era capaz de cualquier cosa con tal de darle en el gusto. Recordó esa vez que mientras le hacía sexo oral miró a Gianfranco y él estaba con el celular en la mano, grabándola. Se culpó por no haber parado en ese momento, por no increparlo. Ahora no podía dejar de pensar en que quizás no solo habían fotos, sino que también podía haber un video. Después de todo, su compañero le dijo que había visto vídeos, pero ella no recordaba haber mandado ninguno.

Daniela es una de las cientos de jóvenes cuyas fotos íntimas son filtradas o compartidas públicamente sin su consentimiento.

Un vacío legal

El subcomisario de la brigada de Cibercrimen de la PDI, Francisco Ortíz, asegura que las denuncias al respecto de estos delitos han aumentado considerablemente desde 2010, año en que se registraron 50 denuncias, mientras que estas superaron las 140 en 2015, y las 130 en 2016.

“De seguro hay más casos de los que tenemos contabilizados, ya que muchas víctimas nunca se enteran de que sus fotos están siendo compartidas”, asegura Ortíz.

En Chile no existe ninguna ley que proteja a las víctimas en una situación así. El Código Penal chileno es obsoleto en cuanto a leyes que protejan la intimidad de las personas en internet. Según Ortiz, la única manera de denunciar legalmente es apelando al artículo 161-A del Código Penal, el que pena la captación y difusión de imágenes privadas sin la autorización del afectado.

La única ley referente a los derechos informáticos que hoy existe es la Ley 19.223 de 1993, y que solo posee cuatro puntos referidos específicamente a sabotaje y espionaje, pero nada sobre la privacidad de las personas. Desde la PDI admiten que esta ley es “totalmente escueta, y que no protege a las víctimas en casos de violación de privacidad“.

Según el analista de políticas públicas de la ONG Derechos Digitales, Pablo Viollier, es necesaria una ley que “permita instalar un marco regulatorio que proteja a las mujeres, principales afectadas por esta forma de violencia, cuyo daños, consecuencias y estigmas se extiende más allá de Internet”.

La cofradía masculina de Whatsapp

Samuel Fuentealba, periodista de 29 años, decidió a finales de 2015 salirse de los tres grupos de Whatsapp en los que estaba y donde solo habían hombres. Estaba harto del lenguaje misógino y la pornografía que se compartía en estos todo el tiempo. Estaba enojado con todos sus amigos, pero en particular ya no soportaba a Camilo, a quien había conocido en el colegio y que había sido su mejor amigo por más de 15 años.

Camilo mandaba varias veces al día fotos de mujeres desnudas a los grupos de Whatsapp que compartía con Samuel y con otros amigos del colegio. Muchas fotos eran de mujeres que nadie del grupo conocía y que circulaban en redes sociales. También compartía las fotos que mujeres con las que coqueteaba le mandaban de manera privada, pero la mayoría eran tomadas por el mismo Camilo, sin el consentimiento de las afectadas, mientras estas dormían.

Lo mismo hacía Gianfranco en los grupos de Whatsapp que tenía con otros compañeros. Andrés Tallót, amigo de Gianfranco y ex compañero de Daniela, admite que esta conducta era habitual. “Yo estaba en dos grupos de Whatsapp con él, y a veces cuando alguien le preguntaba dónde andaba, en respuesta mandaba fotos de alguna mujer durmiendo casi en pelota. Generalmente estaban de espalda y se les veía el poto. Es normal que le tomen fotos a las minas mientras duermen, para jactarse frente a los amigos“, admite.

Según Samuel Fuentealba, estas conductas persisten porque los hombres no se cuestionan si están haciendo algo malo o derechamente ilegal. “Se confunde el “apañe” con el encubrimiento de estas conductas misóginas. Ven el sexo como una forma de validación, que funciona si comparten fotos y datos de las minas con las que se acuestan”, asegura.

Daniela se enteró de que sus fotos habían circulado a través de grupos de Whatsapp gracias a Andrés, su ex compañero que se atrevió a romper el pacto de silencio implícito que existe entre los hombres en estos casos, y que le contó que Gianfranco no solo había compartido las fotos, sino que también dijo que la chica de las fotos era ella, con nombre y apellido.

Luego de contactarse con las abogadas para hacer la denuncia a fiscalía, Daniela le habló al compañero que le había contado en la fiesta que Gianfranco le había mostrado fotos de ella desnuda. Le preguntó, a través de Whatsapp, si recordaba la conversación que habían tenido esa noche, y si le podía contar cómo era que él había visto fotos de ella.

Tras tres días sin ninguna respuesta, por fin recibió un mensaje de audio, el que decía: “Buena Dani. Cacha que no me acuerdo pero debo decirte que yo con el Gianfranco nunca he hablado en mi vida. Solamente me fumé un pito hace un año con él, dos pitos quizá. No sé si te confundiste tú o yo te lo dije pero te juro por mi perro que se llama Toffee, mi beagle amado de 15 años que falleció, que yo no he visto absolutamente ninguna foto tuya ni nada. Solo sé que tú culeaste con el Gianfranco. Así que te repito y te juro por lo más amado que tengo, mi perro, que yo jamás he visto ni escuchado nada de ti”.

“Estos hombres necesitan una cofradía masculina que los proteja. Nadie puede decir nada, y si alguien cuestiona lo que los demás hacen, es acallado por los otros, y son tratados de pocos hombres y que reclaman solo porque “no pueden hacer algo así”. Sin este apañe o cofradía estos grupos no funcionarían”, asegura Samuel.

Internet es el futuro pero Chile está atrasado

En agosto de 2014, las diputadas UDI Andrea Molina y Claudia Nogueira anunciaron un proyecto de ley que pretende castigar la difusión por internet o redes sociales de fotografías, vídeos y conversaciones con contenido sexual, sin el consentimiento de alguna de las partes. Esta práctica conocida como “revenge porn”, o “porno venganza”, ya es penada en lugares como Australia y California.

Javiera Fuentes, abogada de Daniela, cree que esta ley es urgente. “Estos son delitos que sufre la gente joven, que no tiene los medios ni el conocimiento para asesorarse legalmente y la mayoría de las víctimas son mujeres que por estar insertas en una sociedad machista terminan asumiendo la culpa por ignorancia. Creen que se merecen que sus fotos sean compartidas, aún cuando ellas se las mandaron a una sola persona en el marco de una relación de confianza”, asegura.

“La privacidad es aquello que uno no quiere que sea conocido por terceros sin su consentimiento. Hoy en día la sociedad se mueve en las plataformas virtuales, no estamos hablando de hechos aislados. Pero si perdemos el sentido de la privacidad, el límite de lo privado será cada vez más difuso y si no ponemos los límites ahora al final todo va a ser transable. El límite claro es mi propia difusión: nadie tiene el derecho a difundir cosas mías si yo no quiero, por mucho que compartamos todo en internet”, asegura Fuentes.

Fuentes espera dejar una denuncia en fiscalía la próxima semana. Sin embargo, sabe que las posibilidades de que el caso sea archivado son altas.

“Este caso es una caja de Pandora. Puede que no pase nada, como puede que esto se transforme en algo más y marquemos un precedente. No queremos penas de cárcel, ni siquiera multas, sabemos que es imposible sin una ley que nos ampare. La verdad es que Daniela solo quiere que Gianfranco admita lo que hizo y pida disculpas, con eso se conforma, con eso quizás pueda estar más tranquila”, admite la abogada.

¿Qué hacer si tus fotos íntimas son compartidas en internet_.png

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