Héctor Llaitul: La travesía política de vuelta a las raíces

Creció lejos de su pueblo, vivió en carne propia el racismo, y se autoafirmó con respecto a sus orígenes. Héctor Llaitul volvió al pueblo mapuche para marcar una nueva era en la lucha de sus derechos.

Héctor Llaitul, más conocido como “El Negro”, fue liberado el día de ayer junto a su hijo y otros seis comuneros que habían sido detenidos en la “Operación Huracán” el pasado 23 de septiembre, por su presunta participación en los ataques incendiarios ocurridos en agosto de este año. Sin embargo, la Corte Suprema consideró que no habían pruebas suficientes para mantenerlos en prisión preventiva. A Llaitul lo esperaban alrededor de 20 seguidores en las afueras de la cárcel. Tras su liberación, el grupo agredió a los medios de comunicación presentes en el lugar.

Estar en esta situación no es algo nuevo para Héctor. Es el comunero mapuche que más años ha estado privado de libertad. Ha estado detenido en seis oportunidades. La última vez, estuvo preso cumpliendo una condena de 15 años por una emboscada al fiscal Mario Elgueta y la agresión a un agricultor de la zona. Su pena regía hasta mayo de 2021. Sin embargo, gracias a la Ley Corta Antidelincuencia, aprobada en 2016, su sentencia se  redujo cinco años. Desde 2015, estaba en libertad condicional.

Héctor Llaitul es el líder de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), una organización que reivindica los derechos del pueblo mapuche, cuyo principal objetivo es la recuperación de sus tierras ancestrales. Entre sus mecanismos de lucha,  han reivindicado los atentados incendiarios contra camiones y maquinarias  si es necesario.

Weychafe Llaitul: el origen

Siendo el tercero de seis hermanos, Héctor y su familia vivían en Osorno,  lejos de sus tierras natales, víctimas del llamado “desarraigo”, que afecta a generaciones de mapuche, obligadas a abandonar sus costumbres y sus orígenes.

Según el relato de Héctor a Jorge Arrate en su libro “Weichan, conversaciones con un weychafe en la prisión política”, a sus padres les fueron usurpados sus territorios y emigraron a Osorno, donde vive una élite descendiente de colonos alemanes. En esa  ciudad, Llaitul sintió el racismo, tanto en la escuela, como en la población donde vivía. Para frenar esta situación, sus padres sólo visualizaban una vida no-mapuche y de transculturización para Héctor y sus hermanos.

En su casa, sus padres eran de izquierda y le traspasaron el sentido de pertenencia a las clases populares e incluso Llaitul relata haber visto llorar a sus padres el día de la muerte de Salvador Allende. “Rememoro escuchar a mi madre referirse a Pinochet como ‘perro’ y ‘asesino”, cuenta Héctor a Arrate en una de las numerosas conversaciones que sostuvieron mientras el dirigente cumplía su condena en Angol.

A fines de los años 80, Héctor se fue a estudiar la carrera de servicio social a la Universidad Católica de Valparaíso e ingresó a la Juventud Rebelde Miguel Enríquez y se vinculó con el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR). En 1988, cuando el FPMR se fracciona,  Llaitul se queda en el sector que se desligó del Partido Comunista.

“En el ‘Frente’ nunca pasé por las milicias rodriguistas, fui directamente asignado a los grupos operativos territoriales; luego pertenecí a los grupos operativos especiales urbanos y, finalmente, me mandaron al trabajo estratégico, a las fuerzas estratégicas de las FAR (Fuerzas Armadas Rodriguistas), un grupo de élite que debía pasar, se suponía, a conformar la guerrilla en el sur”, relata Llaitul.

Después de esto, llegó a la Universidad de Concepción a finalizar sus estudios y fue ahí cuando comenzó a distanciarse del Frente, para comenzar su reintegración en el mundo mapuche.

El guerrero mapuche contemporáneo

Al ser víctima del desarraigo como otros mapuches de su generación, Llaitul comienza, como le llama él, su “mapuchización”, autoafirmándose. Algunos  criticaron su proceso, ya que, como señala el historiador Fernando Pairicán, el mundo mapuche es pequeño y muy familiar, por ello es difícil entrar y hay  miembros de las comunidades, que son muy conocidos por todos. Es complejo  afirmar la existencia de un líder, porque eso sería poco consecuente con la cultura de multi-liderazgos que ellos tienen, explica.

En 1998, se creó la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), siendo Llaitul uno de sus fundadores, con la convicción de recuperar a toda costa las tierras que habían sido arrebatadas a la comunidad. La CAM fue el pase de entrada más grande que tuvo Héctor Llaitul al mundo mapuche, y tal como asevera Pairicán, la Coordinadora marca el fin de la etapa de “Arauco tiene una pena”, para comenzar a desenterrar al referente histórico, muchas veces caricaturizado, del mapuche luchador y guerrero. La potencia de ese mensaje, posicionó a Llaitul como un weychafe, es decir, como un representante de la causa y el bienestar de su pueblo.

En el libro, Llaitul relata por qué quemaron camiones en Lumaco como la primera acción de la CAM. Y es que, dos comunidades buscaban recuperar tierras en el fundo Pidenco. 30 hombres participaron en la operación, uno de ellos ex empleado de la forestal Bosques Arauco, quien les ayudó a programar la radio en la frecuencia correcta para escuchar una conversación entre un carabinero y empleados de la forestal. En el diálogo, advertían que “si veían a algún “indio”, lo iban a atropellar”. Los comuneros, como respuesta,  decidieron quemar sus camiones.

Este fue sólo el comienzo del posicionamiento de Llaitul en la comunidad mapuche. Sus ganas de pertenecer y ser respetado por ellos, además de la necesidad de representatividad que tenía –y aún tiene- el pueblo mapuche.

Pedro Cayuqueo, periodista mapuche y ex compañero en la CAM de Héctor, asegura que un elemento muy importante utilizado por él, fue su gran convicción y carisma, cargado con este acercamiento al mapuche tradicional que lucha por el amor a su pueblo, porque a pesar de las dificultades que Héctor señaló para reintegrarse a la cultura mapuche, haber crecido alejado no fue un impedimento, sino una forma de tener una visión más amplia del problema y complementar su figura política con sus conocimientos universitarios.

A pesar de sus acciones, todos los referentes mapuches coinciden en el respeto a la figura de Héctor Llaitul.  Por ejemplo, Aucán Huilcamán, quien tiene una visión muy distinta de cómo abordar el conflicto mapuche, reconoce en la figura de Héctor,  un líder de la causa.

Pese a no haber nacido en una comunidad, Llaitul volvió a sus raíces y se convirtió en un referente de su pueblo y dio un nuevo impulso a la lucha por la recuperación de sus derechos y la dignidad de su gente.

“En cien años más se va a estudiar la figura de Héctor Llaitul, porque él es una parte fundamental para entender el proceso de la nueva era del movimiento mapuche”, concluye Fernando Pairicán.-

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