Los zapateros que quieren volver a brillar

El rubro del calzado nacional, asentado hace más de cien años en el Barrio Victoria, busca poder levantarse tras un oscuro período de malas ventas, pérdida de identidad arquitectónica y –según relatan algunos locatarios- con una competencia injusta por parte de nuevos diseñadores. La recuperación de las fachadas de los talleres, que aún conservan su diseño original, es la primera medida que busca darle una nueva cara al icónico barrio.

 -El cuero bueno se siente al tiro, mire, joven huélalo, tóquelo, ¡tóquelo! Esta es pura calidad nacional, fíjese en la costura, nada que ver con las Converse que lleva puestas ¡mírelas! Ya se les está soltando la suela.- dice Jorge Miranda, un conocido productor de calzado del Barrio Victoria,

Pese a que en su tienda no se avista ni un cliente,  Miranda no puede ocultar su orgullo al hablar del trabajo de toda su vida. Los zapatos. Él, junto a los más de cien locatarios, lucen en las vitrinas de la emblemática calle santiaguina miles de diseños que van desde zapatos de colegio a zapatillas urbanas, de chalas playeras a botas de invierno, de calzado formal a zapatos de payaso.

En Chile no vas a encontrar un zapato de mejor calidad y al costo que lo encuentras en el Barrio Victoria, este es un trabajo artesanía con muchos años de experiencia”, relata Jorge. Sin embargo, pese a la tradición zapatera centenaria del barrio y de una calidad que por décadas fue el aval de sus comerciantes, los zapateros de Victoria parecen  perder la batalla contra el retail y las importaciones chinas.

A lo anterior, según los zapateros, se suman otros factores. Uno de ellos salta a la vista de inmediato: un mega edificio que se levantó en lo que era el Teatro Imperial, y que pese a no tener la tribuna de los guetos verticales de Estación Central, si le quita mística al barrio, además de la construcción del mall Alto Victoria en medio de los talleres.

El centro comercial de 600 metros cuadrados construido por el empresario Ángel Jadue   -quien además es dueño del centro comercial Alto San Bernardo- ocupa el espacio de nueve locales zapateros y su arquitectura poco tiene que ver con los clásicos edificios de adobe que poco a poco van desapareciendo de la calle Victoria.

“El Mall no tiene ni una relevancia, todo lo contrario, esa cuestión pasa desocupada, no significó ni una contribución. Se llama Alto Victoria y lo único que tiene de Alto es el porte”, reclama Jorge.

Por otra parte, según varios locatarios, la copia de diseños de calzado y la reventa de productos por emprendedores externos al Barrio Victoria ha significado otro problema para la comercialización de sus productos.

“Vienen jóvenes que compran nuestros diseños y después los copian e incluso los revenden allá arriba. Y mucha gente va a comprar allá, pero eso es porque no saben que acá el trabajo es mucho mejor hecho y además mucho más barato, yo vendo este botín de mujer a $30 mil pesos y allá fácil le sacan cien lucas”, cuenta Silvia, una artesana de calzado con 40 años de experiencia mientras cose un trozo de cuero.

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Silvia cociendo

“Pero no todo es drama”, dice Beatriz Mella, vicepresidenta del Comité Cámara de Comercio Barrio Victoria, institución que agrupa a los artesanos  y que en conjunto con el Servicio de Cooperación Técnica (Sercotec) co-financió la remodelación de las fachadas de sus talleres históricos de Victoria desde la calle San Diego al Pasaje Juan Vicuña, un conocido punta de venta de marihuana en los años noventa.

“Pintar los locales es el primer trabajo para que el barrio renazca, luego vamos a instalar iluminarias, bicicleteros y organizaremos una Expo Victoria fuera del barrio, incluso estamos invitados a la Feria Taconeras. Estoy segura que venderemos más que los que venden nuestros zapatos más caros  allá arriba”, agrega Beatriz.

Otro histórico del barrio es Oscar Larenas, más conocido como el Fito Páez. Tiene 67 años, este hincha de Palestino asegura que hace unos 10 años era igual al cantante argentino. Su contextura y sus rulos se siguen pareciendo. Se dedica a hacer plantillas ortopédicas, en su mayoría a pacientes diabéticos con sus dedos mutilados, sin embargo cuenta que su pasión es crear zapatos de payaso y los que se usan en las fiestas de La Tirana.

Ha trabajado toda su vida en la calle Victoria, por lo mismo todos en el barrio lo ubican.  Tiene una gran cicatriz en el pulgar derecho “me la hice mientras cortaba un pedazo de cuero, sangraba mucho así que cerré la herida con Agorex, ese es secreto de zapatero”, cuenta riéndose.

Es uno de los pocos que no encuentra necesaria la remodelación del barrio, “Siempre que bajan las ventas la gente se vuelve loca, cuando llegaron las máquinas en los 60´s la gente cerró sus locales y no pasó nada, si nosotros no podemos dejar de existir”, cuenta.

-¿Por qué?

-Porque La gente siempre va a usar zapatos, a menos que nos volvamos locos y empecemos a caminar con las manos.

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Foto histórica Barrio comercial Victoria

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