PUC: Las huellas de la toma que cambió a Chile

Medio siglo ha pasado desde que un grupo de estudiantes se tomó la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Chile. A pesar a que la movilización apenas duró ocho días, el hecho significó un hito de relevancia histórica que culminó con la reestructuración, de la que es hoy, una de las mejores universidades de Latinoamérica y con el florecimiento de figuras públicas que cimentaron el escenario político nacional. Esta es su historia desde adentro.

Por Sebastián Palma

Un veinteañero Carlos Montes cerró definitivamente el candado que significó la primera toma realizada en la Universidad Católica, paralizando por ocho días a la institución que aún se mantiene en Alameda 340. La operación planificada horas antes por el en ese entonces presidente de la Federación de estudiantes de la Universidad Católica (Feuc), Miguel Ángel del Solar, había resultado exitosa.

La decisión de tomarse la universidad había sido ampliamente aprobada en un consejo previo, donde 63 alumnos se mostraron a favor de la movilización y solo nueve estuvieron en contra. La toma respondió a una seria de peticiones relacionadas a la modernización de la enseñanza, el desarrollo de la investigación, la democratización en elecciones de autoridades y apertura de la universidad a las clases bajas. Peticiones que no tenían respuesta y que finalmente gatillaron en la exigencia de la renuncia del rector Alfredo Silva Santiago por una importante parte del alumnado.

“En esos años la Católica era como un colegio religioso y jerárquico, impolítico, extremadamente conservador, todo el mundo se desenvolvía temerosamente, los profesores no mostraban pasión alguna por la juventud”, cuenta el exvocero de Eduardo Frei,  José Joaquín Brunner.

El propio Brunner impulsado por la Feuc viajó al Vaticano para presentar el petitorio de los estudiantes en la santa sede. Lo anterior  significó que el cardenal Raúl Silva Henríquez se comprometiera a nombrar a un nuevo pro-rector con condujera las reformas. Situación que no ocurrió en las fechas acordadas.

El incumplimiento del compromiso llevó a un grupo de unos 25 alumnos a conseguir cadenas, palos y alambre para tomarse el edificio. Jaime Guzmán presenció todo eso.

“Conseguimos todos los elementos para tomarnos la universidad mediante colectas y aportes voluntarios, los que tenían más plata traían comida de sus casas y al momento de partir la toma muchos nos organizamos en departamentos como: aseo, comunicaciones, cocina, defensa, incluso teníamos un grupo que se encargaba de vigilar el comportamiento de los participantes del movimiento”, recuerda Luis Norambuena, uno de los líderes de la toma.

De la pequeña movilización iniciada en la casa central, varias sedes de la universidad culminaron paralizadas, según Norambuena “fácilmente participaron 300 personas en la movilización”. Ahí la convivencia se dio entre cafés, cigarrillos Liberty y tallarines pegados. En la toma las mujeres y hombres dormían separados y según recuerdan sus participantes hubo pocos pololeos en la manifestación “Los de la Chile eran más promiscuos, nosotros éramos más cristianos”, añade Norambuena.

También hubo espacio para guitarreos, actividades deportivas, y recitales de poesía, donde Miguel Ángel del Solar era admirado por recitar versos nerudianos de memoria. Incluso Ángel Parra llego a dar un concierto para los estudiantes en huelga. “Fue el único comunista que entró a la toma aunque El Mercurio no creía eso”, ironiza Luis Norambuena.

Finalmente y tras ocho días de manifestaciones, el vaticano dejó en libertad de acción al monseñor Raúl Silva Henríquez. Ante esto, el rector Alfredo Silva Santiago, presentó su renuncia. En su reemplazo asumió en la rectoría interina al arquitecto Fernando Castillo, quien contaba con el apoyo de los estudiantes e implementó gradualmente las reformas propuestas por los estudiantes. Tras intensos ocho días de toma la movilización terminó.

El Mercurio miente

Uno de los hechos más simbólicos de la manifestación se dio cuando un grupo de estudiantes colocaron la consigna “Chileno: El Mercurio miente” en el frontis de la tomada casa central de la UC. La frase hacía alusión a una serie de noticias y columnas publicadas en El Mercurio, que señalaban que el movimiento era organizado por agrupaciones marxistas.

“El Mercurio era el diario de nuestras familias. Pese a que la mayoría de los estudiantes de la federación eran simpatizantes con la DC la mayoría de los padres eran los clásicos conservadores que leían y admiraban a El Mercurio. Por lo mismo nos violentó tanto su versión de que nosotros éramos una tropa de comunistas siendo que en ese momento no había un solo comunista en la Católica”, comenta Brunner.

La publicación golpeó en los simpatizantes a tal punto que se organizó una jornada de reflexión donde el encargado de la comisión de comunicaciones Rodrigo Egaña ideó la histórica replica.

“A Rodrigo se le ocurrió que había que hacer algo con respecto a la mentira de El Mercurio. Así que con la palabra mentira como idea principal, se llegó a la frase que todos conocen. A diferencia de lo que se piensa la frase no estaba escrita sobre un lienzo, sino sobre planchas de madera y cartones que arreglaron algunos estudiantes de construcción”, recuerda Norambuena.

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