Especial música chilena: Las tres catedrales de la música chilena

La bohemia santiaguina tiene tres casas sagradas en donde cada noche se da rienda suelta a los acordes y la melodía se apodera de los asistentes. La Batuta, el bar de René y la Fonda Permanente han servido como una especie de refugio y santuario para quienes gustan de las presentaciones en vivo y un ambiente festivo. Cada una a su manera ha marcado a fuego el camino de la música nacional. 

Tres bares emblemáticos ubicados en Santiago, separados por kilómetros de distancia pero unidos en torno a un concepto: dar espacio a la masificación de la música chilena. El primero que comenzó con esta idea fue la Batuta, que se convirtió en una bisagra para todos los músicos nacidos pos dictadura que no tenían un escenario dónde mostrarse. La posta la siguió el bar de René, que se forjó como plataforma para bandas aún más underground que el anterior, todo esto después de que el hijo se hiciera administrador del local. Ya a comienzos del siglo XXI, Eduardo Lopéz se cuestionó por qué las fondas son solo para las fiestas patrias, y fundó su propia fonda, en un comienzo itinerante, que funcionaría durante todo el año, convirtiéndose casi sin quererlo en un trampolín para el movimiento de la nueva cumbia chilena. Tres locales y tres historias que van de la mano con la evolución de la música nacional.

La Batuta: el escenario que todo músico debe pisar

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Año 2004, viernes en la noche y el reloj marca 2:30 de la madrugada. Raudamente una persona ingresa a la oficina de la administración de La Batuta. Es Kiuge Hayashida, guitarrista chileno de la banda del prócer del rock argentino Charly García. Cuenta que Charly está afuera del local con ganas de tocar algunos temas. La idea, explica el guitarrista, es ensayar algunas canciones del show que la leyenda del rock argentino presentará la noche siguiente en el Estadio Víctor Jara. En La Batuta corrieron a instalar los instrumentos y la amplificación, pues a esa hora la fiesta había comenzado y el escenario no estaba preparado para un nuevo show y menos a esa hora. Minutos después de la petición de Hayashida, Charly figuraba en el pequeño escenario del local interpretando sus clásicos frente a un público que no lo podía creer.

Historias como estas son las que retratan a este local ubicado en la Plaza Ñuñoa y que ha visto pasar a las mejores bandas del rock chileno en su escenario. Aunque su comienzo se remonta a 1985, cuando sólo era un teatro, fue en 1989 cuando el local se convirtió en lo que es ahora: un bar donde se puede escuchar música en vivo y luego bailar.

Así lo recuerda Carlos Carmona, amigo y compañero de José Manuel Recabarren en el colegio San Gabriel, quien fue administrador del local durante 10 años (1995 a 2005), pero caminando junto a su amigo desde el primer momento en que se empezó a armar el local. “Surgió como una idea loca, se estaba terminando la dictadura, entrando en el proceso de democracia y había un movimiento artístico muy fuerte. En la Batuta empezamos a abarcar todo eso, en un comienzo había teatro, exposiciones de arte, exposiciones de fotografías, en fin. Era otra la cultura que tenía el local”, cuenta Carmona desde su departamento en Providencia.

EEl cambio de switch se produjo cuando José Manuel Iribarren y su socio Galvarino Palacios le compraron el teatro a Mateo, para así poder crear un espacio en donde las bandas de aquella época pudiesen mostrar su trabajo. “Resulta que no habían lugares donde tocaran bandas, ni tampoco existía un lugar donde se abriera todos los días y se pudiera ir a escuchar música, tomarse un copete y ponerse a bailar después, como una discoteque. En ese tiempo no había mucha diversidad como la hay ahora”, señala Chucky, como le llaman sus amigos.

Es así como acomodaron este espacio pensando en el mismo recinto que podemos ver hoy: escenario para música en vivo, pista de baile y barra. Todo en uno, con capacidad para no más de 500 personas y emplazado en un lugar de fácil acceso y buena conectividad.

De a poco se fueron interesando más artistas en tocar y fue el LUGAR, con mayúscula, donde las bandas chilenas tenían que pasar para poder hacerse un nombre en los noventa. Así lo entendieron Los Tres, los Fiskales Ad-Hok, Los Peores de Chile, La Ley, Chancho en Piedra, Criminal, Lucybell, Joe Vasconcellos, Los Ex y una interminable lista de referentes de la música nacional.

Quizá fue esa misma mística y popularidad lo que hizo que el polémico músico Marilyn Manson asistiera sin previo aviso una noche de 1996, en el marco de su primera visita a nuestro país. Silencioso y más bien tímido, el artista norteamericano sorprendió a todos cuando su estrafalaria figura se posó en la entrada del local.

El ex administrador hace hincapié en que muy pocas veces han pagado por la presentación de alguno de estos músicos, pues manejan un sistema basado en la entrega de un porcentaje de las ganancias por boletería que se obtengan el día de su presentación. Cuando son artistas con un cartel de peso, por lo general se les entrega el 70%. Además explica que en sus inicios el bar era paso obligado para cualquier grupo que quisiera masificación o incluso un contrato discográfico.

Aparte de la movida de los 90, fenómenos recientes han tenido su espacio en la Batuta. Artistas como Villa Cariño y Banda Conmoción, han actuado en más de una ocasión en el local, abriendo paso a nuevos grupos dentro de lo que se conoce como la nueva cumbia chilena en el escenario de Jorge Washington 52.

Uno de estos grupos es Moral Distraída, quienes, a pesar de no contar con una difusión radial mayor, se han hecho su espacio dentro del mundo de las redes sociales, en donde cuentan con más de 38 mil seguidores. Camilo Zicavo, músico de la banda, señala que su presentación en Batuta “fue una de nuestras primeras experiencias como recital propio que tuvimos. De ahí ya hemos ido varias veces, nos gusta por como es el local y el ambiente que se genera con el público”.  

Finalmente la Batuta se ha tenido que ir adaptando a los nuevos tiempos. Ya no recibe con tanta frecuencia las visitas ilustres de antaño y ha tenido que ir abriendo espacio a un nuevo nicho: el de las bandas tributos, algo criticado por quienes aún mantienen en su memoria las míticas jornadas noventeras. Más allá de los cuestionamientos, el local ha mutado con tal de no perder su sello principal, pues mientras tenga cada noche de miércoles a domingo una banda ocupando su escenario, la Batuta seguirá siendo quién lleve la batuta de la escena musical.

La casa del rockero en Chile

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A solo unas cuadras del metro Santa Isabel, comuna de Santiago centro, se encuentra uno de los locales más emblemáticos de la escena chilena del Rock y del Metal. El bar de René es un icono dentro de la cultura rockera en nuestro país: además de ser un centro de reunión para los amantes de las guitarras pesadas y de la cerveza más barata, es también un espacio para que las bandas emergentes tengan un lugar donde ser escuchadas en vivo.

Fundado por René González en 1996, el bar fue creado luego de que el padre de González decidiera comprar este recinto para transformarlo en un restaurant. René en esos años había terminado su carrera universitaria y quería instalarse con un negocio propio. Fue en ese momento que su padre le ofreció que le ayudara en las labores de administración de la nueva picada para comer que nacía en el barrio.

Según René, nunca estuvo ligado a la música más allá de ser un fanático del metal y de vestir con chaquetas de cuero como todos los rockeros tradicionales. “Siempre he pensado que las cosas son medias accidentales. Me gustaba el rock, pero nunca estuve muy ligado a la música, pero cuando se fue abriendo el lugar empezaron a aparecer bandas con los músicos acá, generamos lazos de amistad y de barra. A mí me gustaba la música chilena entonces empezó a sonar la música de las bandas emergentes que venían a tocar para acá, que no sonaban en ninguna parte en ese momento”, recuerda René a sus 43 años.

El éxito fue casi inmediato. La gente de Santiago buscaba un lugar que brindara los espacios para el rock y el metal. Fue tal el entusiasmo de sus parroquianos, que llegó un punto que su nombre original “Bar restaurant de René” desapareció y quedó bautizado finalmente como “El bar de René”, nombre que se le atribuye históricamente.

Cuando uno camina por fuera del bar pasa desapercibido que estamos frente a un espacio único. Un gran cartel amarillo, unas mesas y un guardia en la entrada del local son lo único que hacen visible al recinto, pero al momento de entrar cambia la historia. Una barra amplia al más puro estilo de cantina clásica, con la cerveza como el trago por excelencia de los parroquianos por lo barato de sus precios y un par de mesas a los costados son las primeras cosas que se ven. La música de rock nacional e internacional adornan la escena y nos conducen por un pasillo repleto de personas, hasta llegar al corazón del bar: una amplia sala, con un poco más de quince mesas y un escenario pequeño al fondo, adornado con guitarras y una batería, crean la atmósfera de un lugar dedicado totalmente a la música.

Es en este escenario se han presentado varios grupos nacionales de renombre como “El cruce”, “Kuervos del sur”, “Hielo Negro”, “Nuclear”, “Yajaira”, “Dorso”, “Floripondio”, “los Fiskales Ad-Hoc” y muchos otros representantes de la música rock. Las tocatas varían de los tres a siete mil pesos, pero nunca más de eso, ya que según René subir los precios rompería con el espíritu del local.

Pero el Bar de René no es solo un recinto para bandas importantes, es también un espacio único para las bandas emergentes en Chile. Desde sus inicios el bar ha tenido la consigna de ser un lugar especial para recibir a aquellas bandas que están comenzando a surgir. “Una de las cosas que dijimos de un principio cuando partió esto de los conciertos, es que íbamos a hacer un formato para las bandas amigas, pero también dejamos claro que íbamos a abrir espacios para que toquen bandas nuevas. Y hasta ahora el día viernes que es el mejor día del bar, está designado para una banda nueva”, explica González.

Así también lo cree Matías Leonicio, el vocalista de “Nuclear”, una de las bandas más influyentes en el círculo del metal chileno. “Yo creo es uno de los pocos lugares donde hoy en día se respeta bastante el trabajo de las bandas y el sentir de público que va a los conciertos. Sientes que estás tocando en el living de la casa o donde un amigo. Puede ser que te digan que el escenario es chico pero realmente no importa, el ambiente que se vive ahí no la tienen otros lugares del circuito regular de tocatas.”

Fonda Permanente: una historia gestada desde el folklore chileno

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En enero del 2000 Eduardo López se encontraba en su casa con su hermano y su esposa. Tenían en mente la idea de realizar una fiesta que incluyera cumbia, cueca y ritmos latinos pero aún no sabían cómo ni dónde. Por su lado, López también soñaba con un lugar donde presentar su trabajo como comediante. Estaba cansado de las detenciones de carabineros y de andar siempre arrancando con su compañía Mendicante. 

Así, un día discutiendo las distintas alternativas con su esposa, le dijo:  “Podríamos hacer una fonda les dije. Mi esposa me miró y me dijo ‘pero si estamos en enero’… y yo le dije ‘qué importa hagámosla igual’”, relata López. Así surgió lo que hoy se conoce como la Fonda Permanente, un emblemático bar de Santiago Centro que rescata la identidad criolla de nuestro país.

Al principio nadie confiaba mucho en el proyecto puesto que la música latina no era tan masiva como hoy en día y además era mirada en menos. Buscando un lugar donde instalarse, llegaron al Sindicato de Trabajadores Alcantarilleros y de la Construcción, en calle Serrano. Era una casa pequeña que no contaba con los recursos suficientes para sostener una gran fiesta, ni mucho menos con una patente. La primera banda invitada fue Los Vinellis. “Salimos a pegar afiches a la calle y a repartir volantes, y llegaron 100 personas. Fue todo un éxito”, recuerda Eduardo.

Tras el éxito no dudaron ni un segundo y comenzaron a realizar la fiesta cada 15 días. Iban distintas bandas invitadas y cada vez llegaba más gente a los eventos. A pesar del incremento en la popularidad de esta fiesta, en 2008 tuvieron uno de los primeros problemas que se repetiría con el tiempo. Eran las 3 de la mañana de un 9 de marzo, más de cien personas se encontraban en el Sindicato, cuando llegó carabineros a cortar la luz de la calle y desalojar el lugar con metralletas en mano. Al día siguiente el local ya estaba clausurado por la municipalidad de Santiago.

Eduardo sabía que existían dos opciones, buscar otro lugar para seguir o morir en Serrano. Como la idea de la Fonda estaba siendo aceptada por el público, se fueron al Rey del Pescado Frito en calle Bandera. Por problemas con vecinos y el municipio debieron abandonar el lugar. Fueron a incursionar al bar La Cantera en Valparaíso. El proyecto se estancó de nuevo debido a que el terremoto del 27 de febrero del 2010, dejó al local en muy malas condiciones.

Los ánimos estaban cabizbajos. El movimiento de la cumbia se estaba acrecentando en el público pero aún no encontraban el lugar donde poder establecerse definitivamente. Recién cuatro años después cuando llegaron a Loreto 369, pudieron afianzarse. “Ahí la gente hacía fila hasta tarde para poder entrar”, menciona López. Pero lamentablemente fueron clausurados nuevamente por conflictos con la municipalidad de Recoleta. Tras varias incursiones posteriores, lograron establecerse en Santa Filomena 132 donde se mantienen hasta el día de hoy.

Cumbia es libertad

“Lo que yo siempre he hecho como gestor de la Fonda, es priorizar la libertad de las bandas y el público”, cuenta Eduardo. Desde el año 2000 ha habido un reencantamiento con la música latina y en especial con la cumbia. Cada día más y más personas incursionan en esta área y se entusiasman a tal punto de crear nuevas bandas. Por lo mismo, la apuesta de la Fonda Permanente, que busca rescatar la identidad criolla de la sociedad ha sido todo un éxito.

Eduardo decidió lanzarse a realizar eventos de gran envergadura. Han tenido presentaciones en Matucana 100, Chimkowe e Industria cultural donde han logrado convocar a más de 5000 personas.

Hay un sentimiento de identificación con este género. Las bandas tienen cosas que decir y no tienen miedo a demostrarlo. Además la gente quiere escucharlos. “Nosotros entendimos que no era solo ir a bailar, esto tenía un trasfondo político. Era un despertar de conciencia, un rescate cultural que tenía que ver con redescubrirnos a nosotros mismos”, menciona López.

La Fonda Permanente se encuentra ubicada en Santa Filomena 132 en la comuna de Santiago Centro. Abre de jueves a sábado de las 22 horas hasta las 5 de la madrugada.

La Batuta se encuentra ubicada en Jorge Washington 32 en la comuna de Ñuñoa. Atiende de miércoles y jueves de 22:00 a 3:45. Viernes a domingo 23:00 a 4:45. Teléfono: (02) 2274 7096

El bar de René se encuentra ubicada en la calle Santa Isabel 0369 en la comuna de Santiago Centro. Atiende de lunes a sábado de 17:00 a las 04:30 am.

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