ExpoFería: Mujeres indígenas te llevan a conectar con tus raices

Mapuches, Aymara, Diaguitas, Kahuescas y Rapa-Nui, culturas de un mismo país pero muy diferentes entre si. Hoy se reúnen mujeres que emprenden y crean productos que se vinculen a su pueblo originario en la ExpoFeria Mujeres Emprendedoras Indígenas. En ella se encuentran artesanías, ropa, comida y productos cosméticos variados, pero también un sinfín de historias que guardan las mujeres que habitan en los distintos rincones de Chile.

Viernes 2 de septiembre se inaugura la quinta versión de ExpoFeria Mujeres Emprendedoras Indígenas en el Anfiteatro del Parque Bustamante. Antes de comenzar la ceremonia de inauguración, la autoridades políticas  que conforman el SERNAM, la CONADI y la comuna de Providencia, se pasean por los estrechos pasillos visitando los puestos de las expositoras, que se encuentran ordenando y adornando el stand. Mientras, Lucía (41), de origen mapuche, teje un canasto de manila (fibra vegetal que crece en Chiloé), que lleva tejiendo dos días. Ella forma parte de las casi 100 mujeres emprendedoras indígenas seleccionadas para participar de la feria.  Saluda tímida a la alcaldesa de Providencia, Josefa Errázuriz y vuelve la mirada al canasto que sus manos con mucha destreza van construyendo. Es la primera vez que participa en la Expo y ella junto con otra compañera son las únicas seleccionadas de Chiloé, lo que la hace sentir que aprecian su trabajo y que tiene mayor oportunidad de vivir de eso, ya que reconoce que le encanta lo que hace, que no puede pasar mucho tiempo sin tejer.

A las 10 de la mañana se inició el evento, que  se crea  en conmemoración al Día Internacional de las Mujeres Indígenas, el 5 de septiembre, fecha en la que murió Bartolina Sisa en manos de los españoles por luchar para restablecer los derechos de los pueblos originarios Aymara y Quechua. Desde el escenario, con los representantes de los pueblos originarios invitados sentados en el escenario, abrió el cronograma Josefa Errázuriz con un discurso de agradecimientos a quienes componen y visitan la Expo.

Otras expositoras le llevan a Lucía canapés del cóctel que incluye el evento, ya que ella no ha abandonado su puesto mientras persevera en terminar el canasto que sale de sus manos en su totalidad. En Castro, Chiloé, donde Lucía vive, ella cosecha las fibras vegetales como el manila, boqui, ñapo, quincal y nalla, “cerca del campo, porque en la ciudad no se da” corrige. Luego las seca en un colgador que pone sobre su chimenea, “allá todos tenemos de esas chimeneas, y menos mal porque tiene que secar muy bien, sino se pudren” continúa con que “no todas se demoran lo mismo, el quincal se hierve primero y después se pone secar al calor del fuego, ese demora como 15 días” explica con un tono de obviedad, como si le hablara a un niño.

Al mismo tiempo, el Ministro de Desarrollo Social Marcos Barraza (PC) continúa la ceremonia haciendo hincapié en la importancia de estas instancias para conseguir la inclusión de los pueblos originarios y la búsqueda de la equidad de género y de esta manera romper la brecha histórica que existe en el país en cuanto a sus orígenes indígenas y a sus mujeres. Luego la Ministra del SERNAM Claudia Pascual declara que quiere renovar el compromiso de abrir más espacios para las mujeres de los pueblos originarios y mostrar su cultura a toda la comunidad.


 

Técnica que se hereda

La madre y la abuela de Lucía le enseñaron a tejer. Dice que es algo que se hereda de generación en generación, que viene de sus ancestros.  Pero con el tiempo fue innovando en nuevos productos, ya no solo tejía el chaihue, canasto que se usaba para colar el trigo, sino que inventó individuales, cestas con otros puntos y fibras vegetales mezcladas, que es lo que compone el mesón de su puesto lleno de productos de diferentes colores y tonos que adquiere el material según el secado que ella aplica.  Le aqueja que sus hijos no hayan querido continuar, de hecho, en su generación solo ella y su hermana mayor aprendieron la técnica y la perfeccionaron, sus dos hermanas menores prefirieron dedicarse a otra cosa, “yo le enseñé a mi hija de 18, pero ella teje para ayudarme no más”. La mayor nunca quiso aprender.

El cierre, a las 11:30 de la mañana, se lo lleva un grupo musical folclórico Rapa-Nui en cual es acompañado por un grupo de danza de la misma cultura. Cuatro mujeres bailan en el escenario hasta que aparece el quinto integrante masculino que enciende al público, termina el espectáculo con los bailarines sacando a bailar a la alcaldesa, ministros y mujeres expositoras que se encuentran en el escenario.

Lucía no termina el canasto y según sus cálculos puede que demore un día más. Le preocupa que se abandone la técnica que ancestralmente aprendió, ya que, como ella afirma, la mayoría de las artesanas que trabajan el tejido de cestería son mujeres mayores y que no logran traspasar a nuevas generaciones. Espera que espacios como este logren atraer a los jóvenes a aprender el arte de cosechar, hervir, secar y tejer las fibras vegetales.

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